En el marco del ciclo de cine organizado por el espacio “Cinema BOLM”, de la Sede de Madrid, coordinado por Alejandro Tolosa, miembro de la ELP y AMP, e Irina Schaller, socia de la sede de Madrid de la ELP, se llevó a cabo el primer encuentro de esta serie. Este evento tuvo lugar el viernes 6 de junio en la Sede de Madrid, brindándonos un espacio para reflexionar sobre las complejidades y tensiones inherentes a las relaciones familiares a través del arte cinematográfico. El intercambio de ideas que tuvo lugar al finalizar la película no cerró conclusiones, sino que abrió valiosos interrogantes y generó aportes significativos entre los participantes, para continuar trabajando.
Para esta primera velada, la película elegida fue Tengo sueños eléctricos, dirigida por la cineasta costarricense Valentina Maurel en 2022, una obra exquisita que adquiere un valor especial al ser analizada en el marco del tema central de PIPOL 12 «Malestar en la familia».
Texto de apertura del debate:
Para hablar de la familia, J.-A. Miller se pregunta: «¿[…] tiene su origen en el matrimonio? No, la familia tiene su origen en el malentendido, en el desencuentro, en la decepción, en el abuso sexual o en el crimen. ¿Acaso está formada por el marido, la esposa y los hijos, etcétera? No, la familia está formada por el Nombre-del-Padre, por el deseo de la madre y por los objetos a. ¿Qué están unidos por lazos legales, derechos, obligaciones, etcétera? No, la familia está esencialmente unida por un secreto, está unida por un no dicho. […] Es un deseo no dicho, es siempre un secreto sobre el goce: de qué gozan el padre y la madre”1.
Podemos decir entonces que la familia implica para un sujeto, la introducción del falo, una serie de rasgos identificatorios que asumirá en su devenir subjetivo y de condiciones de goce con las que se tendrá que ver y que determinan la elección de objeto.
La película Tengo sueños eléctricos, es un drama familiar perturbador, plagado de actos de violencia que presentifican un real sin ley, apuntando al fracaso de un referente simbólico que actúe como regulador del goce.
Siguiendo con nuestra lectura, la familia es donde se transmite la cultura, la lengua materna y el malentendido; un malentendido que es estructural y que se inscribirá de manera singular en cada sujeto implicando, siempre e inevitablemente, un desencuentro entre el hombre y la mujer, lo no dicho sobre el goce de cada uno, aquello que no se puede transmitir.
En la familia de la película en cuestión, el malentendido no está velado; está expuesto, siendo el retrato de esta familia el de un padre que goza. No es el padre muerto que distribuye el goce, como decía Freud. Es el padre vivo, violento, impulsivo, imprevisible. Por otro lado, hay una madre que calla que, frente al goce desenfrenado del padre, sube la música, sin mediar palabra alguna. También hay dos niñas; la hermana menor, que responde al horror con un síntoma de enuresis y una adolescente, Eva, que busca respuestas en un otro inconsistente.
Maurel nos ilustra muy bien a través de Eva el momento adolescente en el que el cuerpo cambia, se transforma, se vuelve inquietante. Desde el psicoanálisis podemos decir que la adolescencia es ese momento en que el sujeto da una respuesta subjetiva ante el encuentro con lo real del sexo, donde el cuerpo aparece como enigmático. A Eva, a lo largo de la película, la vemos buscar respuestas en la madre, pero cuando no hay palabras que nombren ese nuevo goce que aparece, irá haciendo arreglos para vérselas con él y al mismo tiempo, buscará el amor de un padre caído a quien intenta desesperadamente sostener.
A lo largo de la obra, el vínculo entre Eva y su padre se convierte en un tango sufrido, entre el deseo de cercanía y la dolorosa comprobación de una distancia insalvable. La ausencia de palabras que ordenen, de un relato que calme, nos sitúa ante un vacío difícil de asimilar. Es en este silencio donde se manifiesta el real más crudo, que perturba y resuena profundamente en el espectador.
Este film, que ha sido premiado en festivales como Locarno y San Sebastián, nos ofrece la posibilidad de debatir y adentrarnos en las locuras familiares propias del malestar en la familia hoy.
Es en este contexto que podemos entender la cita de Jacques-Alain Miller: “La familia está unida esencialmente por un secreto”, por un de eso no se habla, que es siempre un secreto sobre el goce. En la película de Maurel ese secreto se hace visible, doloroso, insoportable, interpelándonos de manera directa. Nos empuja a reflexionar y nos recuerda que lo que está en juego en la familia, aún hoy, es la constitución misma del sujeto.
Irina Shaller – Socia sede de Madrid de la ELP
Nota:
Miller, Jacques-Alain. “Cosas de familia en el inconsciente”, Introducción a la clínica lacaniana. ELP-RBA, Barcelona, 2006, p. 341. ↑