Salud mental e infancia. Desafíos de la época.

Por Gabriela MedinMiembro de la ELP y de la AMP

¿Cómo hablar de Salud Mental infantil desde el psicoanálisis?

Ya habéis tenido algunas clases al respecto, no me ocuparé de trabajar esta definición sino que, en tanto psicoanalista concernida por el lugar del niño en la sociedad actual, en tanto psicoanalista que trabajo con niños y con otros profesionales que se ocupan de la infancia, me centraré en  plantear algunas cuestiones que vengo pensando respecto del discurso contemporáneo y el modo en que se acoge el malestar en la infancia actualmente. En segundo lugar plantearé algunas reflexiones a partir de los datos que nos ofrecen aquellos que se ocupan de estudiar a nivel poblacional los síntomas, los trastornos en la infancia.

Palabras preliminares acerca de la infancia

Para comenzar, debemos tener en cuenta que desde una perspectiva psicoanalítica,  la infancia es desajustada. Como nos ha enseñado Lacan, nacemos del malentendido y cada uno de nosotros ha debido de encontrar la forma de hacer con ello. La prematuración propia del cachorro humano, la necesidad del sostén del Otro, y el hecho de ser seres de palabra hacen que, el desajuste, el síntoma, lo que no marcha, sea parte de la vida del ser humano.

Pero en particular, esa falta de programación biológica automática, esa parasitación de las funciones biológicas por el lenguaje, (como se ve el hospitalismo de Spitz), ese desajuste entre el cuerpo y las palabras, se manifiesta de forma particularmente clara durante el tiempo de infancia. Este tiempo de infancia es un tiempo en el que ciertos modos de funcionamiento que acompañarán al sujeto a lo largo de su vida aún no se han fijado.  Así las vivencias y los encuentros en la infancia marcan de forma particular. Las palabras, los significantes de la infancia marcan. Los niños son especialmente sensibles a los significantes del Otro.

Si entendemos entonces, que la infancia es desajustada, es normal que haya síntomas. En ese sentido, los que trabajamos con niños prestamos atención al tiempo de desarrollo de los síntomas, dado que hay síntomas que son producto de un momento determinado y ceden y se transforman en breve lapso de tiempo. Los síntomas son una respuesta del sujeto que es importante acoger y leer. Este esfuerzo de lectura que supone la interrogación acerca del síntoma que presenta el niño es relevante porque la respuesta que se de al malestar por parte de los adultos y el entorno determinará el devenir de ese sujeto.

Actualidad de los diagnósticos

Hace 30 años cuando comencé mi formación había una cierta precaución en el uso de los diagnósticos psiquiátricos. Por un lado para dar tiempo a ver la evolución del niño, por otro para no fijar en un lugar de “enfermo mental”, también para no obturar con una etiqueta y  poder trabajar con los adultos de referencia de qué se trataba el síntoma o los síntomas que presentaba el niño.

Hoy, la generalización de los diagnósticos en nuestra sociedad, la búsqueda imperiosa por parte de algunos adultos de poner un nombre al malestar, así como lo que defino como un cierto borramiento de la diferencia entre niños y adultos, plantea la necesidad de preguntarnos sobre la función del diagnóstico en la infancia y qué uso podemos hacer de él.

Es cada vez más frecuente recibir padres angustiados que buscan un diagnóstico respecto del malestar de su hijo. Este es un punto a interrogar, ¿a qué lugar viene ese diagnóstico? ¿Viene al lugar de obturar la posibilidad de preguntarse acerca de su propia implicación? ¿Viene al lugar de contar con una herramienta que los ayude a conseguir apoyos necesarios para el niño? ¿Viene al lugar de orientarlos en su función parental? Frente al debilitamiento del orden simbólico, los cambios en el funcionamiento familiar y las dificultades en la parentalidad hay padres y madres que buscan en la ciencia y en el diagnóstico una guía de actuación.

Antes de continuar con el tema de los diagnósticos en la infancia, me interesa plantearos una hipótesis que tiene que ver con el borramiento de la diferencia niño-adulto a la que me refería anteriormente. Encuentro que hay una paradoja presente en nuestra sociedad, por un lado la anulación del tiempo de infancia y por otro, la infancia generalizada.

Anulación del tiempo de infancia:

Anulación del tiempo de infancia porque se anula el tiempo de espera, el “cuando seas mayor veremos”. Los niños vienen al lugar de satisfacer con sus logros las expectativas de éxito de los padres. Se les pide resultados, hay una ansiedad muy grande respecto de los logros de los niños, los padres están muy preocupados por darles herramientas para el futuro y piensan esas herramientas como aquello que en el mundo adulto supuestamente sirve.

Otro elemento que considero un indicador de esta anulación tiene que ver con la consideración actual del discurso del niño. Es fundamental para pensar el malestar en la infancia tomar en cuenta qué lugar damos a las palabras de un niño, cómo consideramos el discurso infantil. Para avanzar en este planteo respecto del discurso del niño,  necesito hacer referencia a una conceptualización de Lacan respecto del lenguaje.

Lacan diferenció enunciado de enunciación. No es el objetivo de esta clase adentrarnos en este punto, sólo para poder avanzar en nuestro tema, haré una breve aclaración: Enunciado es lo que se dice y Enunciación alude a aquello que se localiza en lo no dicho, y constituye una dimensión completamente singular del decir, es en esta última donde se expresa el sujeto. Es el uso que hace de la lengua, su uso particular.

Lacan se diferenció claramente de las posiciones desarrollistas (del desarrollo en etapas, del desarrollo biológico, etc.), pero durante toda su enseñanza señaló las diferencias entre niño y adulto.

Ha considerado las diferencias entre un niño y un adulto en cuanto a los sueños, por ejemplo, en el Seminario VI y también lo ha hecho respecto de la enunciación. En ese Seminario localiza al niño preso entre las dos líneas del grafo del deseo, entre el nivel del enunciado y el nivel de la enunciación. Eso le conduce a decir que hay algo inacabado en el niño, que hay algo que no está precipitado en al estructura[1]. Ahora bien, Lacan no hablaba de tiempos cronológicos, a esta edad esto, a esta otra edad tal cosa, sino de tiempos lógicos en los que se producen mutaciones importantes en el sujeto y en los que se fija lo que será más adelante la estructura psíquica del adulto. Lo que quiero señalar es que hay algo inacabado en el niño. Si hay algo inacabado, hay que dar tiempo a que se constituya, no se pueden tomar de forma literal y definitiva las palabras de un niño porque no se puede esperar de él que asuma la responsabilidad respecto de sus actos y de su palabra como si fuera un adulto. Esto es particularmente importante respecto de la sexuación, pero también respecto de otros aspectos fundamentales de su vida. Hay una “inmisión del adulto en el niño”[2] necesaria para su constitución subjetiva, hay un consentir al adulto por parte del niño también. Proteger el tiempo de indefinición es la clave para defender los derechos del niño. Eso no significa que no se lo escuche, que no se tome en consideración su sufrimiento, sus deseos, etc.

Os planteaba la paradoja, anulación del tiempo de infancia pero a la vez,

Infancia generalizada.

¿A qué me refiero con esto?

No hay quien ocupe el lugar del Otro, que responda sosteniendo una autoridad auténtica, una autoridad atravesada por la ley y el deseo. Hay un debilitamiento del orden simbólico que organizaba la familia. Daniel Roy en un texto muy interesante nos dice:

“Es en esta inconsistencia de la familia postmoderna en cuanto a lo simbólico, que se abalanzan los discursos de ayuda a la parentalidad, y de refuerzo cognitivo y conductual, para rastrear ahí los disfuncionamientos. En la actualidad vienen a sostener los ideales familiares explotando la brecha inevitable entre el «niño-perfecto» y el «niño-terrible», entre el niño-falo prometido por el ideal y el niño-objeto, ser de goce. Esta división impacta en una mujer o en un hombre cuando se convierten en «padre» o «madre». Viene a «exasperar» en cada uno de ellos la tensión entre la plusvalía vislumbrada por el acceso a estos significantes amos y el efecto de castración, que se registra como pérdida, o bien como falta”[3].

Nos encontramos con padres con gran dificultad para asumir su propia implicación, su propio deseo, y sobre todo su responsabilidad subjetiva a la hora de cumplir sus funciones. Padres que temen decidir por influenciar a sus hijos, y desde el cuidado abandonan la función de orientación necesaria. Winnicott, psicoanalista inglés que trabajó mucho con niños, que antes había sido pediatra, recomendaba que “los padres no abdiquen antes de tiempo”, esto es que sostengan la autoridad frente a los embates propios de la adolescencia.

Volvamos a los diagnósticos. Cada época tiene los suyos. Hiperactividad, trastorno oposicionista, trastorno de identidad de género, altas capacidades son significantes de esta época que el niño puede tomar para nombrar su malestar, pero que tomados como única lectura del malestar, como significantes amo, y como aquello que orienta acerca de qué hacer y cómo manejarse, fijan y patologizan modos de respuesta singulares. Por ejemplo, en algunos casos el diagnóstico de altas capacidades, encubre una dificultad en el lazo social, una dificultad para consentir al Otro, en algunos casos un trastorno del espectro autista.

Entonces, frente a los síntomas de la infancia, frente a la inadecuación estructural, podemos responder promoviendo la dialéctica o fijando con certezas. Y este es otro signo de la época,  soy lo que digo[4]. Esto tiene consecuencias para los niños, como decía antes, tomar al pie de la letra, de forma literal y definitiva sus afirmaciones tiene efectos. Es el caso de los niños trans, pero también se presenta en otras manifestaciones sintomáticas de la infancia. Constato que es cada vez menos frecuente encontrar en el discurso parental la frase “Cuando seas mayor”. El valor fundamental de esta frase es el de introducir la dimensión de la espera, la dimensión de indefinición, la dimensión de un momento futuro en el que habrá que decidir. Pero mientras tanto, habrá espacio para  las ilusiones, los ideales, las identificaciones sin cortocircuitar el tiempo de comprender.

Otra frase fundamental de la infancia es “No era en serio, estaba jugando…” Ésta introduce la dimensión lúdica, la posibilidad del ensayo, de representación que conlleva el juego y que permite el despliegue significante así como el de las identificaciones. El juego introduce el marco de la escena de la infancia, el juego es serio pero no es en serio.

Hace poco llegó a mis manos un libro digital Coral, entrenadora emocional. 2021. Fundación ONCE. Estoy segura que ha sido elaborado con las mejores intenciones. Se ofrece como un recurso para ayudar a los niños a entender y gestionar las emociones. Gestionar es otro significante de la época, de manera que no es eso lo que me ha dejado impactada con el libro, sino el tratamiento que hace de los diagnósticos y la forma en que llega a que el personaje de la niña diga Soy bipolar. Esa niña, Coral, también tiene un amigo que “estaba enganchado a los dispositivos y se puso muy malito”.

Por hacer un contrapunto hay otro libro, muy bonito que uso en mi consulta y que se llama Emocionario, ahí hay una descripción de emociones con una ilustración que acompaña y puede ser una herramienta útil para poner palabras. Porque poner en palabras, poder decir algo de lo que se siente, encontrar la forma de decirlo,  hacer “retoquecitos” en la lengua, es un trabajo de la infancia. El niño necesita descifrar el lugar que ocupa para sus padres tanto como objeto de deseo y como desecho de sus goces, para esto se vale de los significantes que extrae de la lengua del Otro y que adquieren valor singular.

De todas formas, no se trata de demonizar los diagnósticos, sino de leer cuál es su valor y su función en cada caso. Es cierto que a veces un diagnóstico puede servir para encontrar los apoyos o las ayudas necesarias. Por ejemplo en educación hay determinados programas que dan acceso a ayudas en el centro y ciertos diagnósticos pueden ser una puerta de acceso a esas ayudas.

Pero una cosa es servirse de los diagnósticos para obtener recursos importantes para el niño, sin fijarlo en esa etiqueta, sin promover que esa etiqueta se convierta en un destino y acompañándolo en su crecimiento manteniendo la hiancia necesaria para el advenimiento del sujeto, manteniendo el espacio para que pueda desplegar sus preguntas y encontrar sus respuestas al enigma de la sexualidad y de la vida. En esta época, tal vez más que antes,  resulta difícil esperar, resulta difícil tolerar la incertidumbre. Esa es otra paradoja, dado que se trata de una época muy incierta, se buscan certezas. Certezas del lado de la ciencia, o certezas del lado religioso.

Informes actuales de Salud Mental infantil

Como decía al principio, me parece importante leer, estar al tanto y reflexionar sobre los estudios poblacionales que tienen como objetivo conocer la situación de la población infantil en la actualidad. La pandemia ha tenido efectos, ha tenido consecuencias a nivel de la salud mental. He tomado dos informes que me parecen relevantes. Uno fue realizado por UNICEF y se titula: Salud mental e infancia en el escenario de la COVID-19 y el otro fue realizado por Save the children y se titula: Crecer saludable(mente).

El de UNICEF plantea:

Entre el 10 y el 20% de todos los niños del mundo experimenta algún problema relacionado con la salud mental. Un estudio global de UNICEF sobre contenidos en internet e interacciones en redes sociales sobre salud mental adolescente muestra un incremento de un 11% a un 31% de las conversaciones relacionadas con la ansiedad durante la pandemia. Según expertos en Psiquiatría y Psicología Clínica de la Infancia y de la Adolescencia, 1 de cada 4 niños que han sufrido aislamiento por COVID-19 presenta síntomas depresivos y/o de ansiedad.

En España, los niños de entornos sociales más desfavorecidos, tienen peor salud mental en lo relacionado con “síntomas emocionales”.

La población infantil nacida fuera de España presenta mayor riesgo que la autóctona de mala salud mental en casi todas las dimensiones de la salud mental y en ambos sexos.

El suicidio es la segunda causa de mortalidad entre jóvenes de entre 15 y 29 años.

En España, la Fundación ANAR también señala que las ideas e intentos de suicidio han aumentado de 1,9% de media en el último año al 8% de media, durante los últimos meses 33, y en Reino Unido, otro estudio realizado con jóvenes con problemas de salud mental preexistentes, puso de relieve que el 32% de ellos sentía que habían empeorado en los últimos meses.

Según la Fundación ANAR, la violencia contra los niños, niñas y adolescente en el seno de las familias durante el confinamiento ha aumentado en un 10% (maltrato físico y psicológico). De las 3.800 peticiones de ayuda por parte de niños recibidas por ANAR en los últimos meses, la mitad eran casos de violencia. Tras los casos de violencia doméstica, destacaban también los casos de violencia de género, abuso sexual y abandono. La no asistencia a los centros educativos ha agravado estas situaciones.

El estudio de Save the children se titula: “Crecer saludable(mente)”[5], y ha sido publicado en diciembre del 2021. Se trata de un estudio que recoge las percepciones de los padres, lo realizaron repitiendo las preguntas de la Encuesta Nacional de Salud de 2017 a alrededor de 2000 familias. Esta metodología les permitió comparar los datos pre y post-pandemia. Ha sido un estudio muy difundido porque fue la primera encuesta que investigó la salud mental de los menores específicamente. Según los resultados, basados en las respuestas de los progenitores, los trastornos mentales -como la ansiedad o la depresión- son cuatro veces mayores que en 2017 y los problemas de conducta -entre ellos el déficit de atención o los comportamientos destructivos-, casi tres. Del 1,1 al 4% y del 2,5 al 6,9%, respectivamente.

Save the Children, al igual que UNICEF identifica que las dificultades socioeconómicas disparan el riesgo de sufrir trastornos en la salud mental. La prevalencia es el triple en familias de renta baja (12,8%) que en núcleos con ingresos altos (2,6%).

En términos generales, la investigación de Save the Children constata que la pandemia ha traído a la vida de los niños, niñas y adolescentes nuevas preocupaciones, miedos e infelicidad. Si en 2017 un 19,3% de padres y madres entendían que sus hijos e hijas tenían muchas preocupaciones, ahora ese porcentaje ha alcanzado el 30,2%. Y casi uno de cada cinco niños se siente “desanimado” tras la pandemia. Este porcentaje se ha duplicado en cuatro años.

Este aumento del malestar entre los menores no está siendo respondido adecuadamente desde el sistema de salud. El informe ha recabado los días de espera para acceder a una consulta psicológica infantil en diversas comunidades. Los territorios con más demora son Murcia, con 79 días o Madrid, con 61.

Los datos de estos informes, son compatibles con la casuística que recibo tanto en la consulta privada como en la práctica institucional.

Niños ansiosos y estresados

Cada vez es más frecuente ver síntomas de ansiedad en los niños. ¿Qué nos encontramos en las consultas que recibimos? En primer lugar una aceleración de los tiempos. Hay una preocupación de los padres por dotar a los niños de herramientas para sus futuros trabajos, eligen muchas extraescolares pensando en ello.

¿Qué del juego? ¿Qué del tiempo libre? ¿Qué de las actividades que introducen la fantasía, las historias, el absurdo, el ridículo, el disparate, el juego con palabras, el mundo simbólico?

La aceleración del tiempo también está presente en los dispositivos digitales. Desde la respuesta inmediata requerida en el Whatsapp y en el Instagram, donde dejar el visto es entendido como una falta de interés o cuidado hasta las formas narrativas de los contenidos audiovisuales que se han acelerado. Si comparamos las películas del siglo XX con las actuales, el ritmo y el movimiento se han acelerado considerablemente. Por otro lado, si prestamos atención a los contenidos audiovisuales que ven los niños en las tablets, en youtube o en tik tok, hay uno que me impacta que es el  abrir productos o juguetes. El otro día, una niña de 11 años que está atrapada en el impasse pequeña-grande me mostraba un

tik tok de una adulta que se compraba las cosas de niña que le hubiera gustado tener y actuaba como una niña que recibía esos objetos deseados. Fue interesante la conversación que surgió al respecto sobre qué tiene de bueno ser pequeño y qué tiene de bueno ser mayor.

Considero una responsabilidad nuestra, de los adultos, interesarnos por los contenidos audiovisuales, por el uso singular que hacen los niños de los dispositivos, por intentar que aún cuando algo de la transmisión ya no pasa por el Otro encarnado, sino por los contenidos del Otro digital, sigamos encontrando formas de estar presentes.

Un motivo de consulta también frecuente ha sido la agudización de temores y los miedos a salir a la calle. Los niños estuvieron encerrados, muchas horas con sus padres y sin relación con otros adultos. Tenemos que tener presente que a lo largo de la infancia se van produciendo diferentes operaciones de subjetivación que implican una separación del Otro, o sea de los adultos significativos para el niño. Dejar el pecho, dormir solo, control de esfínteres, acceso a la lecto-escritura, no son logros evolutivos per se, sino que son posibles a partir de que el psiquismo del niño se separa del Otro. En la época actual, encontramos modalidades de crianza que no facilitan estas operaciones de separación. Modalidades de crianza que en lugar de valorar la función del corte, promueven que el niño ya sabrá cuando separarse, ya sabrá cuándo hacerlo. Está muy presente esta perspectiva respecto de la lactancia y del co-lecho. Si agregamos el efecto de no tener intercambios con otros adultos a causa del confinamiento, y de las precauciones frente a los contagios, tenemos niños absolutamente pegados a sus padres. Lacan nos ha enseñado que las fobias, los miedos, tienen que ver con la falta de separación, con demasiada presencia de la madre, por ejemplo. Con la falta de operadores que regulen el deseo materno, que promuevan que el niño no se convierta en el único objeto de su madre. Padres desorientados, ¿quién hace de regulador del deseo materno?

Otro elemento importante a considerar es el de los duelos. La pandemia ha confrontado a muchos niños con la pérdida de un ser querido, la pérdida de abuelos y abuelas con la consecuente necesidad de encontrar forma de transitar esos duelos. Pero también ha puesto en escena la muerte, sobre la que se hablaba cotidianamente en los telediarios. Además, después  de la pandemia hemos tenido la erupción del volcán, las noticias acerca del cambio climático y la muerte de la vida en la Tierra y luego la guerra. Los informes hablaban de síntomas depresivos, ideas e intentos de muerte.

Falta de deseo vital, Ideas de muerte, amenaza de suicidio e intento de suicidio

Es importante hacer una diferencia entre ellos, tienen distinto estatuto y deben ser acogidos de forma diferencial.

Hace dos semanas me tocó presentar nuestro trabajo en el CP Ado. El CP Ado es un dispositivo de atención psicoanalítica gratuita en el que recibimos jóvenes de entre 12 y 25 años. Actualmente tenemos nuestra sede en el centro de Madrid, en el Metro Antón Martín. En esa clase hablaba de los adolescentes y contaba que una gran cantidad de demandas durante este curso son de adolescentes que llegan planteando ideas de muerte, falta de ganas de vivir. Se quejan de pensamientos recurrentes e intrusivos de quitarse la vida, se les aparece con frecuencia la angustia y  la idea de que la vida no vale la pena. En varios casos llegan con uno o varios intentos autolíticos y estancias en urgencias.

En esa clase contaba, que Freud tiene un artículo de 1910 al respecto,  se trata de “Contribuciones para un debate sobre el suicidio”[6] donde dice claramente: “La escuela media tiene que conseguir algo más que no empujar a sus alumnos al suicidio; debe instilarles el goce de vivir y proporcionarles apoyo, en una edad en la que por las condiciones de su desarrollo se ven precisados a aflojar sus lazos con la casa paterna y la familia”. Hay algo estructural entonces, en innumerables textos de o sobre adolescentes, hay una referencia al riesgo o a la muerte. La presencia del riesgo obedece a que ese momento de la vida constituye una delicada transición de la vida infantil a la vida adulta, que hace tambalear la posición subjetiva que se había estabilizado en la infancia. Hasta que la nueva ubicación subjetiva se logra, hasta que se encuentra un nuevo anudamiento, el sentido de la vida vacila. Cuando hay una caída radical del sentido de la vida, el riesgo puede constituir una búsqueda de una marca en el intento de asegurar el valor de su existencia. También un llamado al Otro, puedes perderme.

Efectivamente la pandemia produjo una ruptura en la cotidianeidad, puso en escena la fragilidad de la vida, la presencia de la muerte era sobrecogedora hasta que se hizo normal en los medios de comunicación. Hemos trabajado sobre los efectos subjetivos durante la pandemia, pero en este tiempo post-pandemia recogemos los efectos en los niños. Ahora bien, a diferencia de lo que planteaba respecto de la adolescencia,  en la infancia, todavía se cuenta con el sostén del Otro, todavía se puede poner a cuenta del Otro lo real de la vida, la sexualidad y la muerte. Esto se verifica en la clínica en el hospital pediátrico. Allí trabajo con niños con enfermedades hemato-oncológicas. La percepción de la enfermedad y la posibilidad de muerte, así como la forma de entender la muerte varía pre y post-pubertad. De manera que el hecho de que haya un aumento de las ideas de muerte en los niños nos habla de que el sostén del adulto desfallece, de que la capacidad de instilarles el goce de vivir y proporcionarles apoyo se debilita. Ahora bien, el goce de vivir se instila a través de una palabra encarnada, a través del deseo y del goce singular. Esto atañe a nuestra responsabilidad como adultos.


[1] Lacan Jacques. El Seminario Libro VI. Paidós. Pag.

[2] Miller Jacques Alain.

[3] Roy Daniel, Padres exasperados, niños terribles.

[4] Jornadas de la ECF. JAM lo planteaba como un intento de forcluir lo real.

[5] https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2021-12/Informe_Crecer_saludablemente_DIC_2021.pdf

[6] Freud S, Contribuciones para un debate sobre el suicidio. Amorrortu tomo XI. Pag. 231.

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