COMENTARIOS A “CINCO VARIACIONES SOBRE LA ELABORACION PROVOCADA” DE JACQUES-ALAIN MILLER

Presentación en la Jornada de Cartel en la sede de Madrid el 28 de marzo 2026.

Joaquín Caretti Ríos

El texto de Jacques-Alain Miller que voy a comentar fue pronunciado en una reunión de Carteles en la ECF el 11 de diciembre de 1986. Y se publicó en castellano en una revista de la EOL titulada Fascículos de psicoanálisis “El cartel en el Campo Freudiano” en 1994.

Fundamentalmente va a tratar de la función del más uno en un cartel y, sobre todo, a qué discurso, según la lógica de los cuatro discursos desarrollada por Lacan, responde su accionar. Y, a su vez, señalará qué efectos tendría el que el más uno no se ubique en la buena posición. 

Pierre Théves, psicoanalista de la ECF describe la tarea del más uno como una “elaboración provocada” y le propone a Jacques-Alain Miller que trabaje algunas variaciones sobre dicha fórmula. Se trata de cinco variaciones que son las que vamos a comentar.

Primera variación: “Una fórmula contrastada”. 

Dice Jacques-Alain Miller que es una fórmula donde se escucha su etimología latina: la labor (e-laboración) –labor-laboris- y la voz (pro-vocada) –vox-vocis- y dos prefijos ex (a partir de) y pro (hacia adelante). Lo interesante es que toda elaboración es provocada por el llamado de alguien, como en este caso, donde me invitaron a comentar este texto. Jacques-Alain Miller llama provocadores a los que hacen esa llamada al trabajo. Es una llamada a despertar, a salir de la comodidad del sueño que implica la realidad cotidiana, que va a buscar lo que está latente y que llamando revela, crea. Esta llamada se puede encontrar en la primera línea del discurso del Amo: S1 → S2. 

Para Jacques-Alain Miller este es el matema más simple de la elaboración provocada.  Sin embargo, veremos más adelante cómo el matema del discurso del Amo es sustituido por la primera línea del discurso de la Histeria.

Segunda variación: “Una elaboración siempre es provocada”

Aquí va a sostener que no hay vocación para el trabajo sino, más bien, una vocación a la pereza. Vocación para la pereza que tendría que ver con la instalación del discurso capitalista. Afirmación interesante que, a mi entender, tiene que ver con la expropiación de la plusvalía que sufren los proletarios por parte de los patrones. Aunque, si vamos a la etimología de la palabra trabajo -tripalium en latín- nos encontramos con que proviene de un elemento de tortura (tripaliare) de tres estacas que se usaba en la antigua Roma para inmovilizar animales o seres humanos, lo cual nos podría dar una idea de cómo se ha vivido el hecho de trabajar a lo largo de la historia.

A su vez, nos propone Jacques-Alain Miller pensar el pase como una elaboración provocada. La oferta de pase es una llamada a la elaboración del propio análisis ante los pasadores y luego, ya como AE, es provocado para elaborar su testimonio públicamente. Por otra parte, el análisis también tiene esta estructura de provocación, es la durcharbeitung  (perlaboración, elaboración) freudiana. ¿Y quién provoca esta elaboración en el análisis? Es el significante de la transferencia. Es la transferencia la que posibilitará un efecto semántico sobre el síntoma donde el analizante encontrará un sentido nuevo a su sufrimiento. 

Es interesante la diferencia que hace en este punto entre el Sujeto supuesto Saber y un sujeto que sabe y que ocupa el lugar del agente, pues nos permitirá pensar el lugar del más uno. El que haya un sujeto que sabe ubicado como agente tiene un efecto bloqueante sobre la elaboración pues dicho agente la revoca o la pospone. Este es el modo que tiene la educación de ejercer su práctica. Podemos deducir, entonces, que la posición del profesor no deberá ser la del más uno en el cartel.

Tercera variación: “La elaboración de discurso”

Esta variación breve, pero densa en contenido, nos introduce en la cuestión de los cuatro discursos. Los discursos -Amo, Histérico, Analítico y Universitario- son cuatro tipos de dominio sobre el lazo social, cuatro formas de lazo social. Cada discurso tiene cuatro lugares a los cuales Lacan les asignó un nombre -agente, Otro, producción y verdad- que serán ocupados por cuatro letras -S1, S2, a y $que irán rotando según el discurso del que se trate.

Sin embargo, en este caso, Jacques-Alain Miller nos propone pensar los cuatro discursos como modos de provocación ya que es lo que intenta trabajar en este texto. Para ello va a nombrar a los lugares de la siguiente manera:


La evocación responde al estatuto alusivo de la verdad.
En el discurso del Amo la provocación del S1 es la llamada al trabajo (S2). En el discurso de la Universidad ya señaló que se trataba de una elaboración revocada o diferida. Los alumnos aplazan su elaboración y lo que se produce son S/ provocadores. El discurso universitario produce “provocadores” (S/), esto dicho pensando en la mejor acepción de la palabra provocador. Esta palabra va muy bien con el discurso histérico quien pone en evidencia al sujeto provocador: S/……S1. En el discurso analítico el S/ se desplaza haciendo de él un provocador (histeria) provocado (a…S/).

Cuarta elaboración: “El agente provocador”
Aquí Jacques-Alain Miller entra de lleno en las funciones del más-uno. Este debe ser un agente provocador teniendo a su cargo una dirección (dirigir el cartel). Y hace una pregunta que debería habitar a cada uno que acepta dicha responsabilidad: ¿cómo ejercerla?
Señala primero que hay una inclinación del más uno a ejercer como amo, como un “amo-al-trabajo”. Siendo el cartel muchas veces el que le solicita esta posición. Lo interesante es que si el más uno acepta ejercer de amo lo único que pondría a trabajar es al saber que ya está ahí y lo que producirá estará fuera de lo simbólico, el objeto a. No habría nunca una elaboración sino un trabajo sobre lo que ya se sabe (Discurso del Amo).
Si el cartel solicita al más uno porque es alguien que sabe lo que se producirá son sujetos divididos (Discurso universitario) y si se lo convoca como analista lo que se producirá son S1 (Discurso analítico).
Entonces, Jacques-Alain Miller afirma que la estructura apropiada que responde mejor al cartel es el discurso histérico.
Tenemos un ejemplo del más uno convocado como amo, o que se apropia del lugar de amo en el cartel, cuando el resultado es que no se producen escritos porque los miembros no pueden testimoniar de lo que han hecho. Es una prueba de la impotencia del cartel.
Cuando el más uno es convocado como analista y se atiene a esto -lo que Jacques-Alain Miller denomina hacerse el tarugo- el resultado es conocido: los participantes hacen el tonto. El único resultado es la denuncia de algunos significantes amo lo cual es un resultado muy escaso.
Es interesante lo que sucede cuando se parte de un saber constituido que se trataría de adquirir gracias al más uno: aparecen las crisis del cartel. Se ha puesto como agente a un saber ya hecho. Y Jacques-Alain Miller insiste en que no se obtiene un resultado de saber más que poniendo en el lugar de más uno al sujeto dividido.
El modelo de más-uno es Sócrates por las elaboraciones que provocaba en sus interlocutores como se constata en los Diálogos Platónicos. Es así como el más-uno debe venir con puntos de interrogación que agujereen cabezas. Debe rechazar ser un maestro que pone a trabajar, alguien que sabe, y también rechazar ser analista en el cartel. Solo como provocador puede generar una enseñanza. El más uno pone al trabajo, despierta, provoca la elaboración. Este provocar la elaboración no solo se refiere a lo que se pueda producir como escrito al final del cartel sino a estimular la elaboración en cada reunión. Una elaboración en acto que van haciendo sus miembros, cada uno la suya, y que se comparte con el cartel. Se trata de favorecer el debate y la crítica de los textos que se trabajan. Para ello el más uno tiene que proponer puntos de interrogación que fisuren las certezas o despierten la curiosidad: ni maestro ni analista. ¿Y qué es lo que muestra en acto el más uno? La manera como se provoca la elaboración en los miembros del cartel y la manera como se acoge el decir de cada uno sin que nadie lo rechace. Es una posición ética, no una técnica.
Quinta variación: ““El arte de ser más-uno” El cartel es una especie de banquete o simposio. En el caso de El banquete platónico, este rememora una cena en la que se han dado cita un grupo de comensales para mantener un discurso franco sobre el amor y Eros. En el cartel se juntan sus miembros para conversar sobre un tema previamente acordado. La estructura que propone Jacques-Alain Miller para el cartel es la de un sujeto dividido que se dirige a un S1ó a un conjunto de S1 y que produce un saber, S2. Esta estructura coincide con la de El Banquete platónico.


En El Banquete se suma que al agente se le imputa ocultar en su vacío mismo la causa de su deseo bajo las brillantes apariencias del agalma, como en la histeria.


Y Jacques-Alain Miller se pregunta qué pasa con esto en el cartel. Su respuesta es muy interesante. Es lógico pensar que en la elección del más-uno entra en juego un elemento de atracción y los más-uno pueden vanagloriarse de ello, pero ¿qué hacer con el agalma en el cartel? ¿Está bien colocado debajo del sujeto dividido, oculto? ¿Qué pasaría en el cartel si la causa quedara envuelta en los oropeles del agalma? Jacques-Alain Miller pone a la función del más uno bajo el discurso histérico, pero de modo tal que modifica el lugar de la causa del deseo: de estar escondida, como lo está en el discurso histérico, pasa a estar desvelada y empujando al sujeto. Es un discurso histérico que sale en acto de la histeria y se desliza hacia la elaboración provocada. Podemos pensar que se trata de instaurar la causa de cada uno como motor subjetivo del trabajo en el cartel. Para ello, tiene que ser el más uno el que muestre su propia causa.
Vemos cómo Jacques-Alain Miller fundamenta el hecho de proponer al sujeto histérico como responsable de la elaboración provocada, sujeto histérico que, como sabemos, hace trabajar al otro para luego destituir el saber producido. El punto de ruptura con la posición histérica se produce cuando afirma que, si bien el S/ hace trabajar, tiene que trabajar él mismo. EL más-uno también tiene una tarea que realizar pues él también es uno de los miembros del cartel. Y puesto que trabaja es que el a, lejos de estar situado bajo la barra, viene en posición de hacer trabajar al sujeto. Lo escribe así:


Evacúa al objeto a de su lugar estatutario, lo cual sería la ascesis -así lo denomina- del más-uno. El más-uno no es el sujeto del cartel; le corresponde insertar el efecto sujeto en el cartel, tomar a su cargo la división subjetiva. Se trata de partir de una posición de no-saber.
Y aquí hace un giro sorprendente pues aclara el término de más-uno con el de menos-uno. El más-uno no se añade al cartel más que descompletándolo, “debe
contarse ahí y no hacer más función que la de la falta”. En vez de cerrar el conjunto lo deja abierto.
En una nota al final señalará que este modo de proceder es desplazar el cartel de la lógica del todo y la excepción en la que nació (el nombre de más uno lo indica bastante) a la del no-todo. Retira al cartel de la lógica del Padre para acercarlo a la lógica femenina. En el seminario El banquete de los analistas Jacques-Alain Miller muestra cómo este movimiento en el cartel tiene que ver con la frase de Lacan donde dice que es preciso “prescindir del padre a condición de servirse de él”.1 Es preciso aceptar que la lógica masculina está en la subjetividad y que nos la vamos a encontrar siempre y que de lo que se trata es de conseguir, luego de haber reconocido al Padre como estructural, poder prescindir de él, como sucede en el cartel con el pasaje al menos-uno. Se le quita al más-uno su posición de excepcionalidad. Todo grupo tiene un líder, por ende, no se trata de negarlo sino de adelgazarlo lo más posible.
Y aquí hace un nuevo esquema:


Este S1 representa el enjambre de S1 tal como considera a su seminario semanal y que lo lleva a pensar a este como un gran cartel, aunque no en un sentido estricto. Para él su seminario es un gran enjambre donde él mismo es una abeja, pero no la abeja reina.
JAM va a considerar la composición del enjambre y cuál es la buena composición. Un enjambre está bien formado cuando cada cual tiene razones para estar ahí, cuando se está en él en calidad de. Esto implica que los miembros trabajen a partir de sus insignias y no de su falta-en-ser.
El más-uno se tiene que ocupar, no solo de que emerja el efecto subjetivo, sino que, al mismo tiempo, los miembros de ese cartel tengan estatuto de S1, al igual que él mismo. Son amos, significantes amos que están al trabajo, no sujetos-supuestos-saber, no sabios. La función del más-uno es hacer que cada uno tenga su propio rasgo, esto es lo que conforma un equipo. Hay que identificar a cada uno de los miembros como para que cada uno entre con un rasgo propio, puesto en valor como tal. Esta es la condición para que un trabajo produzca un saber.
Para finalizar, Jacques-Alain Miller hace una breve reflexión sobre la delicada cuestión de la transferencia en el cartel. Reconoce que en el cartel hay trabajo de transferencia (a alguno se lo puede colocar en posición de sujeto supuesto saber), pero en el cartel esta se vuelve transferencia de trabajo:


La transferencia de trabajo implica que hay un trabajo que se transfiere de un sujeto a otro, no a todos. Esto implica que hay que trabajar porque si no se trabaja lo que hay es transferencia de pereza. En el cartel hay una inducción al trabajo de elaboración provocada por el más uno o por cualquiera de sus miembros. Es interesante recalcar que en un cartel, idealmente, trabajan todos.
Lacan sostuvo esta misma posición en su enseñanza incitando a saber, pero en posición de analizante y no hablando más que a partir de Freud. El más-uno no se debe apropiar del efecto de atracción, sino que debe referirlo a otra parte, por ejemplo, a Freud, Lacan o Miller.

1.Miller, Jacques-Alain. El banquete de los analistas. Buenos Aires: Paidós, 2000, pág. 142.

Joaquín Caretti Ríos, Miembro de la AMP y de la ELP.

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