LACAN, LA FAMILIA Y EL BARROCO
A primera vista puede resultar chocante, y a mí así me lo pareció, que, para hablar de la familia, Miller de un rodeo inicial por la cuestión del barroco. ¿Que puede tener que ver el barroco con la familia? Él no nos lo explicita, sino que comienza por recordarnos que Lacan en el Seminario XX se coloca a sí mismo del lado del barroco. A continuación, apunta que la estética del barroco es una búsqueda del efecto, gusta de ser espléndida, espectacular, para llamar la atención. ¿Pero qué busca Lacan con el Barroco? Antes de responder reparemos en las diversas maneras que el barroco tiene para llamar la atención, para captar nuestra mirada, son numerosas: su preferencia por las líneas curvas y dinámicas frente a las rectas, su ornamentación exuberante, sus formas excesivas, etc., pero hay una de ellas que, aunque no lo destaca Miller, me parece esencial para esclarecer porqué a Lacan le interesa el barroco: el claro oscuro.
El Barroco es inseparable de un nuevo régimen de luz. Una tenue línea separa la luz y las tinieblas, los bienaventurados y los condenados, lo claro y lo oscuro. Pero no se trata de una oposición. Tintoretto y Caravaggio sustituyen el fondo blanco de tiza o de yeso que prepara el cuadro por un fondo sombrío marrón-rojo sobre el que colocan las sombras más espesas, y pintan directamente degradando hacia las sombras. El cuadro cambia de estatuto, las cosas surgen del plano del fondo, los colores brotan del fondo común que manifiesta su naturaleza oscura, las figuras se definen por su recubrimiento más, que por su contorno. Pero esto no está en oposición con la luz, al contrario, es una consecuencia del nuevo régimen de luz.
Lo que importa destacar es esa especial relación que el barroco propone entre los opuestos: la desaparición del contorno, la difuminación y en el fondo la inseparabilidad de lo claro y lo oscuro, de la luz y de las tinieblas, pero también de lo interior y lo exterior, de lo visible y lo invisible. ¿Pero porqué esto interesaría al psicoanálisis? Por el lado del claro oscuro, el barroco anticipa de algún modo una concepción del ser humano que está en Freud. En el seminario La ética del psicoanálisis Lacan afirma: “No reconocer la filiación o paternidad cultural que hay entre Freud y cierto vuelco del pensamiento, manifiesto en ese punto de fractura que se sitúa hacia el comienzo del siglo XVI, pero que prolonga poderosamente sus ondas hacia final del siglo XVII, equivale a desconocer totalmente a que tipo de problemas se dirige la interrogación freudiana.” Sabemos que uno de los vectores fundamentales de la interrogación freudiana es la de si es cierto que el deseo humano se mueve por la búsqueda del placer. Ello le llevó a distinguir dos principios en el psiquismo- el principio del placer y el principio de realidad – pero su interrogación terminó por conducirle a su descubrimiento de un más allá del principio del placer, donde , justamente, ya no se trata de una oposición sino de algo que, excediendo a los dos principios, desemboca en una extraña satisfacción en la que el placer y el displacer , del mismo modo que lo claro y lo oscuro, se difuminan, se prolongan el uno en el otro en una suerte de banda de Moebius donde no hay ni cortes ni discontinuidad. De esta inseparabilidad entre el placer y su más allá da cuenta el concepto lacaniano de goce. Y esta es una de las razones fundamental por la que a Lacan le interesa el barroco: el barroco y también el propio estilo de Lacan nos conduce a un más allá de la homeostasis, a un más allá del principio del placer. A eso alude Miller en este párrafo que recojo: “Hay razones fundamentales del porqué del estilo barroco de Lacan en psicoanálisis. Según su lectura de la metapsicología freudiana, el estado normal del ser humano es dormir, la gente duerme. Lo que significa el principio del placer es que siempre elegimos dormir. Es lo que se llama la homeostasis, quedarse siempre en el mismo estado.” Por eso para Lacan, la función de la enseñanza analítica, y de la práctica del analista es despertar a la gente que duerme; por eso va hacia el barroco, que es la forma extrema de ese despertar intenso de la percepción; y lo que él llama “lo real” es lo que el funcionamiento cómplice de los dos principios no logra entorpecer: la sexualidad…Hay siempre en la sexualidad un elemento que no se deja entorpecer, es lo que Lacan ha llamado el plus de goce.”
En la sexualidad hay un goce en exceso que desborda los límites del placer. Un exceso que puede ser disruptivo, doloroso, vinculado a lo real porque escapa a la simbolización. – El barroco en tanto se caracteriza por su estética del exceso, la ornamentación y los cuerpos exuberantes, pero también los cuerpos dolientes y la intensidad emocional, evoca algo de ese exceso que Lacan asocia con el goce. Sin embargo, no es solo la evocación de este goce en exceso lo que le interesa a Lacan en el barroco, le interesa aún más aquello que del goce no puede ser representado en la imagen artística.
Aunque se ocupó del barroco a lo largo de buena parte de su enseñanza es el seminario Aún donde Lacan presenta su elaboración más acabada en torno a las relaciones del barroco con el goce. En una lectura cercana a la de Weisbach (El barroco arte de la contrarreforma 1921) Lacan sostiene que el Barroco es el arte de la contrarreforma. Imbuidos del espíritu contra reformista, los artistas plásticos colocaron a Dios en el centro de la vida social y lo hicieron a través de la representación de su incidencia en el cuerpo de los seres humanos. Esta incidencia de Dios en los cuerpos se concretó en primer lugar en las obras sobre los místicos, como se advierte en éxtasis de Santa Teresa de Bernini. Este tipo de trabajos muestran el momento gozoso en el cual Dios interviene en el cuerpo. En segundo término, el espíritu contra reformista se materializó en los trabajos sobre Cristo en la cruz. Toda una línea de la pintura barroca está centrada en la representación del cuerpo sufriente de Cristo en la cruz “Cristo, aun resucitado, vale por su cuerpo” remarca Lacan. Los artistas plásticos nos centran en Dios a través de su manifestación en el cuerpo torturado de Jesús. Pero también a través del cuerpo de los mártires. Más aún “Las representaciones mismas son mártires” dice Lacan.
Pero lo que me interesa subrayar es que, para Lacan, la clave de la pintura barroca se encuentra, no tanto en lo que se ve, sino en aquello que no se puede ver. En esas escenas, que exhiben un amontonamiento de cuerpos gozando aún en su sufrimiento, hay algo que los artistas nunca representaron. En Aún Lacan escribe: “En todo lo que se desprendió por efecto del cristianismo, en especial en arte –por eso voy a dar en el barroquismo ese que acepto que me encasqueten– todo es exhibición de cuerpos que evocan el goce, y créanme pues es el testimonio de alguien que acaba de regresar de una orgía de iglesias en Italia. Todo menos la copulación. No en balde no está presente. Está tan fuera de campo como lo está en la realidad humana, a la cual sustenta, empero, con los fantasmas con que está constituida.”
Para Lacan, el arte del Barroco evoca el punto exacto en el cual se revela en el Otro un agujero. En esa orgía de cuerpos gozantes no sólo falta la copulación, sino que a través de esta falta el barroco se las ingenia para evocar y al mismo tiempo velar otro agujero: el agujero de la inexistencia de relación sexual. En efecto pocas líneas después de esta frase donde comenta la falta de la copulación en los cuadros barrocos Lacan alude a otro agujero: “Allí hay un agujero y ese agujero se llama el Otro (…) el Otro en tanto que lugar de la palabra, por estar depositada (…) funda la verdad, y con ella el pacto que suple la inexistencia de la relación sexual”.
El alcance de estas escenografías barrocas que evocan el goce debe medirse no solo por ellas mismas sino por lo que falta en la escena y desde la cual toman su fuerza. Esto que falta y que les da toda su fuerza no es solo la copulación sino el agujero de La relación sexual que es evocado y al mismo tiempo, suplido y velado por ese goce en exceso de los cuerpos dolientes. “Esta (la relación sexual) dice lacan-está tan fuera de campo (en el cuadro) como la realidad humana a la que sin embargo sustenta con los fantasmas de los que está constituida”. La estructura de la realidad es fantasmática y tiene por función tanto en el arte, como en la religión, como en la vida psíquica, velar un real insoportable. El velo tiene pues una función esencial en Lacan, protegernos del horror frente al agujero de la no relación sexual. EL barroco con todos sus oropeles, con su orgia visual y espectacular es el velo que oculta una nada. En el arte barroco este velo funciona de un modo muy peculiar, no solo cubre el horror es también aquello que nos advierte, como en una anamorfosis, de su proximidad inminente. Sugiriendo al mismo tiempo que velando el agujero de relación sexual algunas de las obras artísticas del barroco evocan, quizás mejor que ninguna otra en la historia del arte occidental, el misterio de la sexualidad. Y esta es la razón fundamental, a mi parecer, por la que Lacan se interesa por el barroco.
Retomando a Lacan, Miller opone la estética barroca a la estética china. El arte que queremos en Occidente es un arte que nos fuerza a mirar, que llama nuestra atención y en este sentido el Barroco es el colmo de nuestra estética. Al contrario, en Oriente se elogia lo insípido, lo soso. La conclusión de esta contraposición entre la intensidad del barroco y lo soso de la estética china es que parece que hubiera una preferencia oriental por la homeostasis, por el principio del placer. Siguiendo la distinción kantiana, la estética china se correspondería, según Miller, con la categoría de lo bello, mientras que la elección occidental ha sido romper con la armonía. De ahí la valoración de lo sublime que es un desgarro de la armonía, situando al goce del lado de la intensidad hasta hacer sufrir.
¿De qué lado colocaríamos al analista? Para Miller el analista se sitúa del lado de lo soso y nos recuerda que en “Variantes de la cura tipo” Lacan presenta el no actuar del analista como una manera de estar en la posición recomendada por el Tao. ¿Por qué el analista soso? “Porque en psicoanálisis se trata de dividir al sujeto. No se trata de que adquiera armonía alguna sino de hacerle experimentar su falta en ser”. ¿El analista soso seria lo mismo que ocupar el lugar del muerto? Miller no pronuncia este término. Nos dice que un analista soso es “un analista que no tiene forma” y eso porque “es más bien del lado del sin forma que puede estar disponible para el fantasma del paciente”. Es el fantasma del paciente el que le da forma, a veces amable, y el que le otorga un sabor, pero la disciplina del analista quizás es aprender a ser sin sabor propio de tal manera que el paciente pueda experimentar los sabores de su vida paladeando al analista”. Entiendo pues que el analista soso es el analista que deja de lado su goce en tanto sujeto para permitir que el analizante pueda captar el suyo y -añadiríamos- hacer algo con él.
¿Y la familia? ¿De qué lado situaríamos a la familia? ¿Del lado de lo barroco o del lado de lo soso? No es una pregunta que se haga Miller y por tanto no encontramos en el texto ninguna respuesta. Seguramente cada uno tendrá la suya en singular, pues como nos dice Tolstoi en su inolvidable comienzo de Ana Karenina “Todas las familias felices se parecen entre sí, pero cada familia desdichada lo es a su manera”. Por mi parte podría decir que situaría a mi familia más bien del lado del barroco y si algo me ha permitido el análisis es que mi familia se haya vuelto un poco más sosa.
Bien, después de este meandro por el barroco Miller se adentra en el tema de la familia. Toca tantas cuestiones que solo podré aludir de pasada a algunas de ellas. Me centraré en un párrafo que me parece esencial y que es también el que muy pertinentemente han elegido los coordinadores de este espacio como presentación del mismo. Viene antecedido por una digresión muy viva sobre si el psicoanálisis es familiarista o no. El psicoanálisis- nos dice Miller- es solidario con la familia, como el cristianismo, cuya genialidad ha sido elevar la familia hasta lo divino, hasta hablar de la sagrada familia. “El psicoanálisis participa de la ideología edípica” y” los valores que promovía el psicoanálisis, hasta Lacan, eran valores familiares, hasta el punto de que, a los analistas americanos, nos comenta con ironía, les parecía que al terminar su análisis el analista tenía que estar casado y ser fiel a su pareja”.
Después Miller resume qué es para Levi Strauss la familia: “es un grupo social, que posee, al menos, tres características: tiene su origen en el matrimonio, está formada por el marido, la esposa, los hijos nacidos y algunos miembros más; y sus miembros están unidos por lazos legales de derechos y por prohibiciones sexuales.” Cabe añadir lo que resume aquí Miller, que para Lévy Strauss la familia es una estructura, una combinatoria de elementos significantes, donde cada uno cumple automáticamente su función, de tal modo que se tiene la impresión de que este engranaje funciona según una armonía preestablecida. Lo vemos cuando se ocupa de las tribus primitivas, en ellas hay un sistema de reglas significantes, muy fundamentalmente la ley de la prohibición del incesto, que introducen una armonía. Sabemos que Lacan toma apoyo en el estructuralismo de Levy Strauss por el papel determinante que éste concede a la estructura del lenguaje, pero para Lacan si la familia es una estructura, no es en modo alguno una estructura donde reina la armonía, antes bien, lo que Lacan destaca- modificando el estructuralismo- es la discordancia.
Y aquí viene este párrafo de Miller, fundamental, deslumbrante en su crudeza, del que no se puede decir que sea precisamente familiarista: “¿Qué podemos decir hoy de esta definición de la familia? ¿Qué tiene su origen en el matrimonio? No, la familia tiene su origen en el malentendido, en el desencuentro, en la decepción, en el abuso sexual, en el crimen. ¿Acaso está formada por el marido, la esposa, los hijos etc.? No, la familia está formada por el Nombre del Padre, por el deseo de la madre, y por los objetos a. ¿Qué están unidos por lazos legales, derechos, obligaciones etc.? No, la familia está esencialmente unida por un secreto, está unida por un no dicho. ¿Qué es ese secreto? ¿Qué es ese no dicho? Es un deseo no dicho, es siempre un secreto sobre el goce: de qué gozan el padre y la madre.”
La familia tiene su origen en el malentendido porque la familia es la primera encarnación del Otro de la lengua y la lengua está hecha de malentendidos que dejan su marca en el goce de los cuerpos de aquellos que nacen y viven en ella. En la familia hay desencuentro, hay decepción, porque en el inconsciente falta la cláusula que diría lo que es ser un hombre para una mujer y lo que es ser una mujer para un hombre. En la familia hay abuso sexual, porque incluso si hay una ley, la prohibición del incesto, que regula el goce en la familia, esta ley no funciona al modo de Levy Strauss. La prohibición del incesto en Levy Strauss es una ley que funciona perfectamente y que tiene como resultado que los miembros del clan o de la familia eligen su objeto de goce fuera de la familia. Pero lo que Freud descubrió y que nombró complejo de Edipo es justamente lo contrario, que el sujeto se empeña en encontrar su goce no fuera, sino dentro de la familia. La familia tiene su origen en el crimen porque en el inconsciente anida el deseo de matar a aquel al que hacemos responsable de nuestra falta de goce o de que el goce encontrado no sea aquel que esperábamos. Pero el parricidio no es la única versión del crimen familiar; desde los tiempos más ancestrales, desde Caín y Abel, hasta los tiempos más actuales , anidan no solo en el inconsciente sino irrumpiendo a veces en lo real, el fratricidio , el feminicidio, el infanticidio. ¿Entonces que es lo que mantiene unida a la familia en medio de semejante Discordia? Lo que mantiene unida a la familia, nos dice Miller, es un no- dicho, un secreto sobre el goce, ¿de qué gozan el padre y la madre?. Aunque Miller no lo explicite, este párrafo, me invita a tomar la familia como un cuadro barroco. Así como el alcance de las escenografías barrocas que evocan el goce debe medirse no solo por ellas mismas sino por lo que falta en la escena y de la cual toman su fuerza – la cópula- la relación sexual entre el hombre y la mujer- lo que mantiene unida a la familia, es algo que tampoco está en la escena , un no dicho ¿de que gozan el padre y la madre?
Lacan, nos dice Miller, “hace un aporte fundamental cuando vincula el tema de la familia con la lengua para explicar de manera racional el secreto de la familia”. “La familia es un mito que da forma épica a lo que opera a partir de la estructura, y las historias de familia siempre son el cuento de como le ha sido robado al sujeto el goce”.
Cuando el paciente habla de la familia, habla por tanto del encuentro con el goce, de los medios de gozar, de la pérdida de goce, de la sustitución del goce perdido . “La familia como lugar del Otro de la lengua , es también el lugar del Otro de la ley” , en primer lugar de la ley de la prohibición del incesto. “Es lo que Lacan ha escrito con la metáfora paterna: la relación del padre robador que prohíbe el goce de la madre. La metáfora paterna es como la encarnación de la sustitución de la naturaleza por la cultura” , de tal forma que esa metáfora, esa sustitución la opera la lengua misma “· Y esto porque el hecho de hablar introduce una pérdida de goce, una sustitución primera que es la sustitución de la necesidad biológica vehiculada en el grito por el significante de la demanda – me pide esto- a partir de lo cual nace esa forma de desviación que nada tiene que ver con la necesidad biológica ni con el instinto y que se llama la pulsión . Porque la captura en el lenguaje acarrea la pérdida de los referentes naturales, instintivos, para situarse como macho o hembra es por lo que Lacan ha podido formular su famoso axioma la relación sexual no existe. No existe en el ser hablante nada de esa correspondencia entre un sexo y otro sobre los rieles del instinto como observamos en el animal. La metáfora paterna no es solo una forma de encarnar está perdida de goce introducida por el lenguaje, sino que también viene a tratar de suplir esta falta de referentes naturales, instintivos para situarse como hombre o como mujer. En vano, por supuesto, porque por mucho que el Nombre del Padre sirviese para regular el goce abriendo una carretera principal por la que pudiera circular el sujeto para orientarse en el laberinto de embrollos, angustias, malestares, en las que se ve envuelto todo lo referente a su sexuación, el Nombre del Padre nunca podrá resolver el misterio del goce : ¿de que gozan el padre y la madre? ; nunca podrá hacer existir la relación sexual. El Nombre del Padre no puede hacerla existir, pero- y esto no es cualquier cosa- sí puede velar su imposibilidad. El Nombre del Padre es un velo que cubre lo real de la imposibilidad de la relación sexual, oculta, por así decirlo, el carácter irremediablemente traumático de la sexualidad haciendo de la imposibilidad un misterio, un secreto: ¿de que gozan el padre y la madre? Como en el cuadro barroco, en la familia, el agujero de la no relación sexual queda cubierto por un velo de misterio.
Para concluir podemos prolongar este texto de Miller que data de 2006 con una pregunta hecha desde nuestra contemporaneidad más reciente.
¿Qué ocurre, cuando este velo se levanta o se rasga? La desgarradura del velo no se produce de una vez, es un proceso que comienza ya a insinuarse en la cultura que le tocó vivir a Freud y que en la nuestra se va acentuando de una manera tal que aún estamos lejos de poder medir sus efectos. Los adolescentes de hoy viven en una época – la del discurso hiper capitalista- en la que el velo que preservaba el misterio del sexo parece haberse levantado por completo. De tal modo que hoy se topan con la inexistencia de la relación sexual de una manera mucho más abrupta. Es como si ya supiesen de antemano que no existe la relación sexual.
Me apoyaré en un libro excelente de Doménico Cosenza recién publicado “Clínica del exceso” que proporciona algunas claves fundamentales para sopesar algunos de los efectos de esta desgarradura del velo.
Partiendo de Lacan Cosenza distingue dos tiempos lógicos en la iniciación sexual del adolescente. Un tiempo 1 que es el tiempo del velo. La construcción de un velo permite al sujeto un encuentro con lo real del goce sexual enmarcado en un escenario de semblantes que tiene un doble efecto. Por un lado, le permite mantener la creencia de que la relación sexual existe y de que hacer el amor con un partenaire significa algo, tiene una significación inconsciente. Esta, puede aparecer , como subraya Lacan en el “Prefacio al despertar de la primavera”, en los sueños que tienen los adolescentes y que ponen en escena la relación sexual con su partenaire. Por otro lado, el velo introduce una mediación entre el joven y el encuentro con lo real del goce convirtiendo este encuentro en algo sostenible para el sujeto. El Tiempo 2 acontece cuando, tras las primeras vicisitudes de la vida sexual y amorosa, el joven descubre que detrás del velo que preserva el misterio del sexo no hay nada. En otras palabras , cuando descubre que más allá de los encuentros sexuales más o menos logrados, no hay relación sexual, que es imposible hacer UNO con la pareja,ni en el amor ni en el goce .El sujeto puede rechazar de diversas maneras lo que encuentra durante este tiempo lógico, pero hasta que no asume este encuentro traumático con la no relación sexual-pasaje en el que podemos situar un tercer tiempo lógico (T 3) – no podemos decir que verdaderamente dejó atrás la adolescencia.
A diferencia de lo que era la iniciación sexual en tiempos pasados, la adolescencia contemporánea, sin embargo, se caracteriza por la ausencia del velo que preserva el misterio del sexo en el discurso social. Lo que antes estaba oculto y por tanto requería un trabajo subjetivo de reelaboración, ahora se presenta sin velos, obsceno en varios aspectos. Y esta ausencia del velo que preservaba el misterio del sexo no es sin efectos. En los casos más graves el encuentro traumático con el goce sexual, al carecer de una mediación simbólica que lo humanice, se vuelve insoportable. Son casos en los que el fracaso del sujeto en la experiencia sexual no se presenta como un desencanto frente a una idealización previa-como suele ocurrir en el adolescente neurótico-sino como un fracaso de partida, un rechazo que no le permite asumir una posición sexuada, y acceder así de manera efectiva a la vida sexual adulta. En las psicosis desencadenadas en la pubertad puede verse de manera más evidente. Pero hay muchas otras situaciones en las que los jóvenes quedan atrapados en esta primera etapa de la iniciación y no hallan una puerta de entrada o una solución para la iniciación sexual. Cosenza sitúa aquí lo que él denomina las “patologías del exceso”, que no por casualidad se desencadenan sobre todo en la pubertad. [ Como ya intuyó Abraham] se presentan como alternativas al fracaso de la vía de la sexuación y como soluciones “regresivas “que impiden la separación donde el sujeto permanece apegado al objeto del goce primitivo, mítico, en una dependencia de los objetos inanimados de su pasión adictiva (alcohol, drogas, comida etc.), un goce total, goce Uno sin Otro, como alternativa a la inscripción imposible en el registro del goce fálico.
Pero aún en los casos menos graves los efectos de la caída del velo se observan en el” desencanto del sexo” a través de “la banalización de la libertad sexual” , en la intensificación del autoerotismo vinculado al consumo pornográfico, en la indiferencia y la apatía amorosas , en la pérdida del deseo y la búsqueda de goces alternativos y absolutos. Este menor interés por la vida sexual y amorosa se contrapesa, con un aumento del gusto por el reconocimiento narcisista de la propia imagen. El levantamiento del velo que preserva el enigma del sexo, la obscenidad pública ,la difusión de la pornografía y más en general la pornografía de la vida en sus aspectos más íntimos conforman un escenario de la época el que estamos inmersos y cuyas consecuencias aún no somos capaces de calcular.
Otra de las consecuencias de la caída del velo que preservaba el misterio del sexo es la pobreza fantasmática y la ausencia de la novela familiar que se constata en lo que cuentan en las sesiones los jóvenes adolescentes de hoy. Un rasgo de los nuevos síntomas en los adolescentes es la desconexión del inconsciente como lugar de un supuesto saber enigmático, lo que dificulta mucho más el tratamiento de orientación analítica. Por otra parte, la ausencia o el debilitamiento de un velo fantasmático los deja expuestos a un encuentro devastador con el goce al que en no pocas ocasiones responden, no por la vía de la palabra y la simbolización, sino que saltándose el tiempo de comprender pasan de manera compulsiva a la desconexión y al pasaje al acto.
Finalmente, el discurso capitalista deja a los adolescentes expuestos a un contacto constante con objetos tecnológicos, ordenador, tabletas, móviles, que han cambiado radicalmente la manera tradicional de relacionarse con el saber. Parece que ya no necesitan el supuesto saber del maestro freudiano como metáfora del Padre. Da la impresión de que estamos ante un saber no solo desplegado pasivamente en la gran pantalla de Google, sino un saber activo – el de la inteligencia artificial- que interactúa con nosotros y que tiene respuesta para todo aquello que le preguntemos.
Sabemos sin embargo que el saber que más le interesa al sujeto se encuentra precisamente ahí donde falla el supuesto saber universal: el encuentro con el horror del agujero de la no relación sexual que ningún saber, ni el de Dios, ni el del Padre ni tampoco el de la inteligencia artificial podrá paliar. Ahí es donde puede abrirse de nuevo el camino hacia lo que Cosenza llama una re-algamatización del saber inconsciente. Ahí donde falla el saber universal se abre un espacio fecundo donde el analista ha de situarse, en el espacio que se abre entre la palabra del joven y el encuentro devastador con el agujero de la no relación.
Comentario sobre el texto de J.A Miller: “Cosas de familia en el inconsciente” : Introducción a la clínica lacaniana. Ed. ELP-RBA. Barcelona 2006.
Dolores Castrillo, miembro AMP y ELP.