Introducción

El trabajo que nos ocupa[1] de Rosa Durá es la producción de un cartel en el que se ha trabajado alrededor de una fórmula de Lacan que aparece una sola vez en el Seminario 11 en la clase del 12 de octubre de 1964 en la que dice: “La verdadera fórmula del ateísmo es Dios es inconsciente”.[2] Esta fórmula inspiró el libro de François Regnault titulado Dios es inconsciente, publicado en 1985,[3] sobre el que se ha trabajado también en el cartel.

El rasgo que tomó Rosa Durá tiene forma de pregunta: ¿Es posible una triple conceptualización de Dios según los tres registros de Lacan: real, simbólico e imaginario? Esta pregunta surge a partir de un texto de Lacan titulado “De las religiones y lo real” publicado en 2016 en El Psicoanálisis 28. Es un extracto del discurso de clausura de las Jornadas de Estudios de los Cárteles de la École Freudienne de París, celebradas el 13 de abril de 1975. En este texto Lacan dirá que el mito que designa al Dios cristiano “está lejos de ser simple”, dirá que “es tan complejo que la comunidad cristiana se ha visto forzada a articularlo como trinitario”[4] uniendo en el mismo Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Además, Lacan añadirá que cree haber proporcionado con su nudo borromeo “una forma de lo que podría ser lo real de esta trinidad”.[5] Esta aseveración llevará a Rosa Durá a la pregunta de su rasgo y a la respuesta de su trabajo. Para responder a la pregunta no partirá de la analogía de Padre, Hijo y Espíritu Santo con lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario, ya que, como dice Regnault, nada se gana ni en teología ni en el campo freudiano con la analogía que podría surgir entre ambas triadas. Partirá, en cambio, de ver qué hay de imaginario, de simbólico y de real en Dios.

Rosa Durá se hará también otra pregunta, si el nudo borromeo puede dar forma a un real llamado Dios ¿dónde ubicar el sinthome? Es una pregunta que dejaremos abierta al debate, por cuanto la propia autora no la contesta, pero aventuraremos que quizás es la fe misma en las distintas facetas de Dios es lo que puede funcionar como sinthome.

Antes de introducirnos en las argumentaciones de la autora, hagamos algunas puntualizaciones a partir de estos textos y de una orientación fundamental que nos da Miller en Un esfuerzo de poesía en donde nos indica que hay distintos desdoblamientos de Dios[6]  y que incluso podemos hablar de una historia de Dios[7] que va desde el Dios  de todos los dioses que es Zeus, al Dios de los judíos, al Dios cristiano, a Alá, al Dios de los filósofos, en definitiva, distintas formas de un gran Otro en el que, de una manera o de otra, los seres hablantes nos vemos abocados a creer.

Cierto es que esta creencia en el gran Otro es enfrentada en el texto de Lacan sobre las religiones con el agujero y el torbellino[8] que supone precisamente el encuentro con la inexistencia de ese gran Otro a pesar de nuestra necesidad de creer en él. Además, nos dirá Lacan que el inconsciente ronda precisamente alrededor del agujero.

La cuestión de Dios es entonces la cuestión de la creencia en la existencia del Otro y de qué hacer cuando se constata su inexistencia. Por eso es un tema fundamental.

2.- “Dios es inconsciente” en el Seminario 11

Sabemos que el Seminario 11, supone un punto de inflexión fundamental en la enseñanza de Lacan es el primer seminario tras su excomunión dictado en paralelo a la fundación de su Escuela. Es también el seminario tras aquel en el que solo se dictó una clase y en el que Lacan pluralizaba el Nombre del Padre. Es un momento en el que lo poco que podía restar de la creencia en un gran Otro para Lacan queda completamente pulverizado.

 ¿De qué hablaba Lacan en la clase del 12 de febrero de 1964 cuando dijo: “porque la verdadera fórmula del ateísmo no es Dios ha muerto -pese a fundar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre-, la verdadera fórmula del ateísmo es Dios es inconsciente[9]?

Se trata de la clase titulada por Miller Tyche y automaton. En ella, Lacan habla de cómo frente a la tendencia al idealismo, el psicoanálisis se orienta por el hueso de lo real.[10] El encuentro con lo real se produce inesperadamente, es la tyche, y sobre ello se funda una repetición, un automaton que establece una supuesta realidad, aunque por debajo de esa realidad está siempre el trauma del encuentro por azar con lo real.

Pasa luego Lacan en esta clase a releer el sueño del hijo muerto, en el que se introduce un dato de la realidad, el fuego iniciado por accidente, y el hijo habla al padre diciéndole: “Padre, ¿no ves que ardo?”. Mientras habla Lacan de la tyche traumática que supone la muerte de un hijo, aparece la afirmación, única en toda su enseñanza, de la que trata el cartel.

Seguirá luego hablando del Fort-Da, el juego que inventa el nieto de Freud ante la ausencia de la madre. No se nombra ahí a Dios, pero vemos que se produce una estructura similar, ante la falta traumática del Otro, hay una producción del inconsciente del sujeto: un sueño, un juego. ¿Podríamos pensar entonces que “Dios es inconsciente” como fórmula del ateísmo es LA invención del sujeto ante el encuentro con lo real de la inexistencia del Otro?

3.- Dios es inconsciente de François Regnault

Según nos dice Rosa Durá, el libro Regnault Dios es inconsciente parte de dos premisas lacanianas:

– No hay Otro del Otro

– El sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia

No hay Otro del Otro, ya nos pone en una distancia respecto a la lectura de lo que Dios pueda ser y es precisamente desde esta premisa desde la que se puede pensar, como decíamos, un Dios con múltiples facetas y un Dios con historia, un Dios, en definitiva, atravesado también por las contingencias del discurso en el que está inmerso.

Por otro lado, la afirmación el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia nos lleva a los planteamientos de Lacan en La ciencia y la verdad. Por un lado, está el sujeto de la religión, el sujeto de la creencia que deja su causa a cargo de un Dios que le da la consistencia. Por otro lado, está el sujeto de la ciencia y el psicoanálisis: un sujeto vacío, evanescente y puntual, un sujeto en duda permanente. Un sujeto suspendido de la estructura significante S1- S2, cuya causa indaga el psicoanálisis y de la que se tiene que hacer cargo el sujeto por sí mismo y un sujeto de cuya causa no quiere saber nada la ciencia inmersa en sus producciones significantes para entender lo que hay.  Para el sujeto del psicoanálisis y de la ciencia no parece haber mucho espacio para Dios más allá de entenderlo como un significante que nombra a un gran Otro.

4.- Dios imaginario, Dios simbólico, ¿Dios real?

Veamos cómo nos presenta Rosa Durá a Dios en relación con los tres registros.

4.1.- DIOS IMAGINARIO

Del lado del Dios Imaginario aparece la creencia, el deseo de creer y sostener a un Dios en tanto que Ser Supremo Ideal alrededor del que se organiza el lazo social gracias a la creencia colectiva. Sería también el Dios que pone en marcha la dinámica de Psicología de las masas que analizó Freud.

Es un Dios que, como semblante ideal, trata de velar lo real como quimera de trascendencia, como fantasía de comunión, como velo de la muerte y de la ausencia de la relación, nos dirá Rosa Durá

También nos recordará atinadamente, que el psicoanálisis ha sostenido esta creencia en el Dios imaginario como ideal en tanto que se ha tratado adherido a la figura del padre como ideal.

Como precio de sostener la creencia en un Dios Imaginario está la impotencia, ya que el velo que ofrece su semblante no permite encontrarse con lo imposible de lo Real.

4.2.- DIOS SIMBÓLICO

En la vertiente simbólica de Dios, nos encontramos con Dios en su función de Nombre del Padre, con dos facetas. Por un lado, Dios Padre en tanto que Otro que prohíbe el goce y, por otro lado, la palabra de Dios como significante que genera un sentido bien consistente, como garante de la verdad, Dios en tanto que “entraña el conjunto de los efectos de lenguaje, incluidos los efectos psicoanalíticos, lo cual no es poco decir” (Lacan, Ornicar, nº 2, p.103) a partir del punto de capitón que produce su decir, Dios como lugar del decir, del dior.

Por una parte, es el Dios que se hace cargo del goce y que pone a cargo de la prohibición lo que está del lado de lo imposible en relación con el goce.

Por otra parte, es el Dios del significante que ordena los efectos de significación conscientes e inconscientes.

Tomando a Miller, es un Dios que condesa el Dios del significante con el Dios del objeto a.[11]

En sus dos facetas el Dios simbólico funciona también como semblante, como veladura de lo intratable del goce y el sinsentido de lo real.

4.3.- ¿DIOS REAL?

Si tanto el Dios imaginario como el Dios simbólico funcionan como veladura de lo real, como semblante del Otro que no existe, ¿cómo abordar Dios desde lo real? Rosa Durá nos dirá contundentemente que no hay una vertiente real de Dios, no podemos hablar de un Dios real que cierre la triada lacaniana. ¿Podríamos entonces hablar de lo real como Dios, lo infinito, lo imposible de nombrar, lo que no puede escribirse como Dios? Controvertida pregunta que pone en el centro la cuestión de la relación con lo real y que abrimos también al debate. ¿Qué implicaría en la relación con lo real tomarlo como Dios? Más cuando Lacan nos dice en su texto “De las religiones y lo real” que “no es seguro que lo real haga un todo”.[12]

No contesta Rosa Durá, quién, sin embargo, cierra su trabajo como dos tautologías a las que añadiríamos una tercera. Junto al “Yo soy el que soy” del Dios ante Moisés y al “el goce es lo que es” que añade Rosa Durá, quizás también tendríamos que añadir un “lo real es lo que es”, como puntos de capitón necesarios para poder salir del sentido y enfrentarnos con el saber hacer ahí tanto con la inexistencia del gran Otro, como con el goce y con lo real.


[1] Durá, R., “¿Dios imaginario, simbólico y real?”, Remolino de la ELP nº 6, 2025, p. 13-16.

[2] Lacan, J., El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 67.

[3] Regnault, F., Dios es inconsciente, Buenos Aires, Manantial, 2010.

[4] Lacan, J., “De las religiones y lo real”, El psicoanálisis, n.º 28, 2016, p. 9.

[5] Ibid.

[6] Miller, J.-A., Un esfuerzo de poesía, Buenos Aires, Paidós, 2016, p. 245.

[7] Ibid., p.220.

[8] Lacan, J., “De las religiones y lo real”, op. cit., p. 9.

[9] Lacan, J., El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, op. cit., p. 67.

[10] Ibid., p.6.

[11][11] Miller, J.-A., Un esfuerzo de poesía, op. cit., p. 245-246.

[12] Lacan, J., “De las religiones y lo real”, op. cit., p. 10.

Esperanza Molleda. Miembro de la AMP y de la ELP.

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