A modo de preparación del próximo encuentro Elucidación de Escuela que serán las I Jornadas del Cartel de la ELP recogemos todos los materiales de las conversaciones organizadas por la Comisión de Carteles de la Sede

PRIMERA CONVERSACIÓN SOBRE EL CARTEL

Bajo el título “No hay Escuela sin Cartel” tuvo lugar el pasado martes 2 de Abril la primera de las Tres Conversaciones que la Comisión de carteles de la Sede de la ELP de Madrid ha programado para pensar y conversar en torno al dispositivo del Cartel.

La mesa, coordinada por Carmen Cuñat (co-responsable del Espacio del Cartel de la Sede), contó con las intervenciones de Julia Gutiérrez (responsable del Cartel en el Consejo de la ELP) y de Graciela Sobral (miembro de la Comisión de carteles de la Sede)

Introducción Por Carmen Cuñat

Vamos a dar comienzo a la primera de las Tres conversaciones sobre la clínica del cartel, que la Comisión de carteles ha previsto para este curso. Esperamos que la elaboración que surja de aquí  nos sea muy útil para participar en el  V Encuentro de Elucidación de Escuela que esta vez acogerá las Primeras Jornadas de Carteles organizadas por el Consejo de la Escuela y que  tendrán lugar aquí en Madrid, en septiembre próximo.

Se trata de las primeras Jornadas sobre el cartel a nivel de toda la Escuela, es decir, que es una primicia. Se ve que el Consejo de la Escuela actual ha tomado a su cargo dar el lugar que le corresponde al cartel, dedicándole unas Jornadas. Nos podemos preguntar por qué no se ha hecho antes siendo que desde sus inicios la Escuela fundada por Lacan propuso al cartel como un “órgano de base de la Escuela”. Más tarde se añadiría ese otro pilar fundamental que es el Pase. Miller nos recordaba en 1994 que el Plan de Lacan para la Escuela era que los miembros se agruparan en carteles. “Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo”, decía Lacan en los primeros párrafos del “Acta de fundación de la Escuela”, de donde se deduce, señalaba Miller, que “el trabajo de Escuela pasa fundamentalmente por el cartel” y no por los  seminarios, cursos, conferencias, jornadas de estudio, etc. Se trataba de dejar un espacio central libre para el trabajo de Escuela. Pero “el Plan Lacan no se realizó jamás”, decía Miller. Ahora podríamos decir que solo en parte.

El cartel hoy, como señalaba Miller, es, en efecto, un órgano en el que uno hace su aprendizaje. Eso no es malo en sí mismo, solo que cuando se termina o uno cree que lo ha terminado ese aprendizaje, se tiende a desertar del cartel. En realidad el cartel de aprendizaje no estaba en la intención primera de Lacan. El cartel original era algo más ambicioso, se planteaba como un órgano de crítica y de control de las producciones de cada uno. Un dispositivo para que cada uno tuviera la oportunidad de trabajar y debatir con sus iguales, producir algo nuevo y singular y así contribuir al saber del psicoanálisis. Y ello  con el fin de que ese saber no quedará solo en manos de unos pocos ya entrenados. De allí el rol del Más-Uno, “encargado de la selección, de la discusión y del destino reservado al trabajo de cada uno”. La Escuela de Lacan se creó en contra de lo que se ha venido a llamar “las beatitudes”, en contra de los ya instalados, de los que ya sabían. Con el cartel la Escuela se muestra democrática, antiautoritaria, pone en el centro la causa del deseo de Escuela, que no es otro que el no saber. Y, sin embargo, esto no parece calar en la Escuela tanto como se desearía, no parece estar siempre presente ese deseo. Podemos decir que  siguiendo la lógica implementada por Lacan para la Escuela: “No hay Escuela sin cartel”, como dice el título de esta primera Conversación.

Para el buen funcionamiento del cartel se necesitan unos mínimos requisitos. Recordemos algunos de ellos que Lacan propone en su texto “D’écolage”:

Primero: Cuatro se escogen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto. Precisando que se trata de un producto propio de cada uno y no colectivo.

Segundo: La conjunción de los cuatro se hace en torno a un Más-Uno que, si bien puede ser cualquiera, debe ser alguien. Está a su cargo velar por los efectos internos de la empresa y provocar su elaboración.

Tercero: Para prevenir el efecto de cola (de pegamento entre los cartelizantes), debe hacerse permutación, en el término fijado de un año, dos como máximo.

Cuarto: No hay que esperar ningún progreso, a no ser el de poner a cielo abierto periódicamente tanto los resultados como las crisis del trabajo.

Añadiría que en su formalización actual, el cartel una vez conformado se inscribe en la Escuela, en un Catálogo de carteles y que esto es tanto más importante para su buen funcionamiento ya que evita que en el cartel se instale la inercia de un grupo de estudio más. La labor del Más-Uno es de nuevo aquí requerida.

También la Escuela  pone a disposición de los interesados un Buscacarteles, con el fin de facilitar el encuentro con otros que estén dispuestos a trabajar sobre un mismo tema en carteles.

Si Lacan inventó el cartel fue para dar la posibilidad de trabajar en grupo sin los obstáculos que el grupo puede conllevar. En los orígenes del Cartel podemos ver cómo Lacan se sostenía en la teoría de grupos, donde la función del leader, las características de los miembros del grupo, el lugar de la tarea que se proponen, todo ello tiene una gran incidencia para obtener su buen funcionamiento.

Hemos elegido esta vez hablar, como tema general de las tres conversaciones, de la Clínica del cartel. Esta vez, en efecto, la Jornada de Carteles que se realizará en septiembre, no estará dedicada únicamente a la exposición de las producciones de los cartelizantes. Se trata ahora de darnos la oportunidad de retomar esos requisitos y ver qué papel juegan en cada cartel que se constituye, si contribuyen o no a llevar a buen puerto el objetivo del cartel y también qué lo impide. De ahí que propongamos en la segunda conversación hablar del Cartel y sus síntomas. En la tercera hablaremos de la transferencia de trabajo (con los colegas), a oponer al trabajo de la transferencia, que se limita a la relación con el analista. Será la ocasión también de hablar de las producciones y de sus efectos.

Cartel-Escuela: ¿Qué relación? Por Graciela Sobral

Si uno lee el título de la mesa distraídamente, sin tener en cuenta los textos institucionales más fundamentales de Lacan, se produce un efecto de sorpresa. ¿Cómo es que no hay Escuela sin Cartel? Si el Cartel es más pequeño, tendría que ser un “hijo” de la Escuela. En ese sentido es muy interesante porque este título empuja a la investigación y a la lectura.

Cuando Lacan abandona la IPA en el año 1964 o, más bien, podemos decir, cuando es abandonado por ella, a la hora de fundar su nueva Escuela, la EFP, escribe un primer texto institucional fundamental, El Acto de Fundación. En las primeras líneas habla a aquellos que concurran a la nueva Escuela sobre el compromiso que deberían tener. Dice que “para la ejecución del trabajo se adoptará el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo” que se compondrá de “cuatro personas más una encargada de la selección, la discusión y el destino que se reservará al trabajo de cada uno”. Luego dice que tras un cierto tiempo de funcionamiento, entre uno y dos años, se propondrá a los elementos del  grupo permutarse en otro.

Vemos en la manera de plantear el funcionamiento, la lógica de la Escuela, la importancia que da al pequeño grupo que llamará “Cartel”. Así, las personas interesadas en formarse en psicoanálisis no asistirán a grandes grupos de estudio o a seminarios sino a pequeños grupos. Cada pequeño grupo (cartel) elegirá un tema en común, de interés para todos y luego, cada uno de los miembros, elegirá su tema más propio, y cada uno trabajará este propio tema que luego será debatido en el contexto grupal. Es decir que todos discutirán por turnos los temas de los cuatro cartelizantes si bien cada uno se hará responsable de su tema sobre el cual, a los dos años como máximo, entregará un escrito al Más Uno que, en ese punto, toma el lugar de la Escuela. Ésta recibe los trabajos y el pequeño grupo se disuelve. En esta experiencia de dos años se ha puesto en marcha la transferencia, en este caso, en relación al (Más 1), a los compañeros y en última instancia, a la Escuela que se está formando.

¿Por qué Lacan piensa este comienzo para la nueva Escuela? ¿Por qué el pequeño grupo que llama Cartel? Hay distintas vías para responder.

En primer lugar, Lacan sale de la IPA, que no está de acuerdo con su lectura de Freud y su manera de pensar el psicoanálisis. Evidentemente, Lacan tampoco está de acuerdo, de hecho, irónicamente él habla de la SAMCDA, la Sociedad de Asistencia Mutua contra el Discurso Analítico, considera que los psicoanalistas de la IPA se unen para defenderse del psicoanálisis porque no soportan la división subjetiva propia del sujeto del inconsciente. La IPA y los postfreudianos son, de distintas maneras, trabajadores “anti psicoanálisis” lacaniano.

Tampoco quiere crear una Escuela que sea como la Universidad donde los alumnos pasen de un curso a otro y sean examinados y puntuados según sus méritos académicos. En ese sentido nada más distinto que el espíritu universitario y el de la Escuela, cosa que los universitarios ni imaginan cuando se acercan a ella. El mundo universitario es un mundo cerrado, un todo, con jerarquías tanto para los profesores como para los estudiantes. Es por eso que Lacan dirá, ya lo veremos, que a la Escuela se entra llamando “desde adentro”, expresión que me parece muy bonita y acertada.

En ese sentido, como hemos dicho, él se plantea formar una Escuela que no participe de los presupuestos de los postfreudianos ni de los universitarios y decide comenzarla con pequeños grupos, que pone en marcha en un “de menos a más”.

Quiere que las personas interesadas en el psicoanálisis hagan una experiencia peculiar, donde se ponga en juego su deseo en relación a algún tema psicoanalítico  y, a la vez, tengan la experiencia de discutir con otros sus ideas y trabajos de investigación. El (Más 1) no es un enseñante, aunque tiene que tener conocimientos. El (Más 1), al contrario que los miembros negadores de la SAMCDA, reconoce su división, su falta subjetiva y opera con ella. En ese sentido, no es una persona cualquiera sino alguien que se ha analizado o, por lo menos, que está en análisis. Ocupa el lugar del Otro al que se dirigen los cartelizantes, se trata del Otro dividido, del Otro vinculado a la falta, al S(A/), no ocupa el lugar de un Otro ideal del saber. En este sentido, el (Más 1) tiene más de una tarea ya que debe conducir el grupo hacia el final, es decir, la producción de los trabajos y su entrega a la Escuela y debe lograr transmitir una relación con la falta que dé, en cada caso, una característica peculiar al pequeño grupo. En un sentido, podemos decir que si el cartelizante no lo ha hecho ya por su propio análisis, es el (Más 1) el que lo irá introduciendo en la dimensión de la falta, de la pregunta por algo del orden de la subjetividad. Las personas que llegan de la calle, interesadas por el psicoanálisis, se sorprenden cuando se encuentran con esta estructura en la que hay libertad de acción y de elección y, a la vez, un cometido. En el pequeño grupo nadie engaña a nadie, como podría ser en un ámbito universitario, académico. Aquí cada uno va elaborando y discutiendo su trabajo hasta el momento de la entrega final. Pero no hay un puntaje que alcanzar, que se preste para competir con los otros, lo más exitoso que puede ocurrir es que el cartelizante llegue a leer o a comentar su trabajo en algún espacio o contexto de la Escuela y sea sometido a discusión. De ahí en más, hasta donde él quiera o pueda.

Es interesante esta manera de funcionar porque, en un sentido, es el modelo de la Escuela, donde hay una estructura organizativa cuyos componentes cambian cada dos años y donde hay espacios de trabajo, más o menos fijos, (Biblioteca, espacio clínico, espacio del pase, etc.) que fueron decididos, en su momento, en el contexto de las Escuelas y de las sedes. Estas tienen los espacios que ellas mismas han elegido. En este sentido, la Escuela es como un Cartel.

Lacan plantea la entrada a la Escuela por la vía del Cartel, es decir, por la vía del trabajo. Una vez terminado el trabajo, se puede continuar con otro tema, tantas veces como se quiera y, en un momento dado, se puede pedir la entrada a la Escuela, que se pide desde adentro. En un comienzo la Escuela tiene socios, asociados, el nombre puede cambiar pero la idea es la misma, son personas que están trabajando en los carteles. Luego puede admitir como miembros a los que ya están adentro, a los que han dado pruebas de su trabajo y de su interés por el psicoanálisis. En este sentido hace unos años, en la ELP, se hizo la experiencia de la “entrada por el trabajo”, donde los nuevos miembros eran admitidos por su compromiso con la Institución y por lo que había sido su práctica hasta ese momento. De alguna forma eso permanece, los que aspiran a ser miembros deben conversar sobre su interés con un miembro de la Escuela que esté en el Consejo y dar cuenta de su experiencia como analista.

La Escuela se organiza en relación a un vacío central que se manifiesta de distintas maneras pero que, de entrada, podemos llamar de la incompletud del Otro, donde hay un Otro pero no está completo, no es consistente. “No hay Otro del Otro”. Este vacío habla de una incompletud estructural: no hay Otro del Otro, no hay relación sexual (que se pueda realizar completamente), no hay un saber acabado y completo. Lacan, en el transcurso de su investigación y su enseñanza, descubre la incompletud del Otro y esta idea va atravesando todos los lugares. El Otro está incompleto, es decir, el sujeto está dividido, tachado, la Escuela se organiza en torno a un lugar vacío, a un imposible. Entre otras cosas, esto es una respuesta a la SAMCDA, frente a una Escuela muy normativizada y con analistas temerosos de su propia práctica y sus consecuencias, Lacan ofrece una propuesta novedosa y revolucionaria.

La época

En los años 60 Lacan plantea su idea del pequeño grupo como una manera de implementar y defender una escuela de los psicoanalistas “divididos”, hoy diríamos de los psicoanalistas lacanianos. Han pasado 50 o 60 años desde entonces. Me parece muy importante que podamos preguntarnos si nuestro mundo es igual a aquel de los años 60. A nivel sociopolítico hay tantos conflictos bélicos como antes aunque con distintos escenarios. Pero creo que vale la pena pensar en qué aspectos de lo subjetivo somos iguales y en cuáles no.

El discurso científico-tecnológico ha ganado un enorme lugar desde entonces, tanto que es difícil salirse de él, encontrar huecos más personales, de más libertad, por fuera de la dictadura superyoica y de la dictadura digital. Vivimos en un mundo donde el deber, el SY orientan (o desorientan) las vidas y la gente sufre los efectos de esa práctica discursiva que consiste, en términos generales, en el aplastamiento del deseo. En los años 60, (más allá de la SAMCDA), la vida entre las personas era más fácil, más fluida, menos sujeta a imperativos. Hoy en día es lo contrario, estamos más sujet(ad)os, más constreñidos bajo la aparente libertad que nos ofrecen la sociedad neoliberal y el mundo virtual. Tenemos más dificultades para estar entre nosotros aunque aparentemente no sea así. Las personas van más acompañadas de su objeto tecnológico (su teléfono, su Ipad, etc.) que de otra persona. Actualmente podemos decir esto, al contrario que Lacan, que fue más a favor de la inconsistencia del Otro y en contra del exceso capitalista. En ese sentido, creo que sus carteles son como pequeñas y ágiles cápsulas que habitan en este mundo y apuestan por una dinámica entre los sujetos que se sitúe más allá de este discurso neoliberal.

Debo decir que escribir este texto ha renovado en mí el amor por el cartel y me produce alegría que estemos abocados a esta tarea.

“Trabajo de disolución y Cártel” por Julia Gutiérrez

Las referencias al cartel no son muchas, se define muy rápido, apenas tres o cuatro características que todos conocemos. Como ha señalado Graciela Sobral, se platea en el momento de constitución de la Escuela en 1964 y no se vuelve a hablar de él hasta 1980.

Encontré que los textos clásicos sobre el cartel, “D’Ecolage” y “el Sr A” son las clases 2 y 3 del Seminario 27 Disolución. Es el momento en que Lacan disuelve su escuela para volver a fundar y a la vez pone el foco en el cartel. Entonces retomar el cartel quizás tendría alguna relación con el fracaso de su Escuela.

La cronología es así:

05/01/1980                 Carta de disolución

24/01/1980                 S(A/) Clase 1 del Seminario Disolución publicado en Le monde

11/03/1980                 D’Ecolage Clase 2 del Seminario Disolución

18/03/1980                 Señor A Clase 3 del Seminario Disolución

He traído algunos fragmentos de El otro que falta S(A/) que publica en Le Monde junto con una carta en la que afirma que el analista tiene horror de su acto y que Jacques Alain Miller es el al menos uno que lo lee sin los miramientos a los analistas establecidos aquellos que no se han enterado de la estructura que lo motiva

El uso del uno que no encontramos más que en el significante no funda la unidad de lo real. Salvo por darnos la imagen de un grano de arena. No podemos decir que, aunque haga montón, haga todo. Hace falta un axioma, es decir, una posición de decirlo tal.

Que pueda ser contado, como dice Arquímedes, no es más que signo de real, no de un universo cualquiera.

Ya no tengo Escuela, ahora tengo un montón (tas) del que o voy a hacer un todo (tout)

Ha fracasado en la producción de los Analistas de la Escuela.

Si me voy, deciros que al final es para ser Otro al fin

Entonces se trataría de la diferencia entre lo singular y lo colectivo, el uno y el todos.

Todos estos textos se publican en la revista “Ornicar nº20/21” bajo el título el Seminario de 1980- Disolución. En el prólogo, Jacques Alain Miller habla del descubrimiento de Cantor de los números transfinitos y de su comunicación al 1er Congreso Alemán de Matemáticos. Señala que el acto de demostración necesita de una prueba que depende de que haya otro que la reciba. Enmarca entonces los textos de Lacan en la recepción que el grupo hace del descubrimiento.

Para tratar de abordar los problemas que plantea el grupo lo voy a conectar con la Noción de conjunto y los problemas que causó en la historia de la lógica.

No deja de resultar irónico que Frege, que con tanta sutileza, cuidado e incluso pedantería analizaba y definía cada noción técnica que empleaba, se conformase con despachar la noción de extensión de un concepto en una nota a pie de página, en la que limitaba a suponer que “ya se sabe lo que es la extensión de un concepto

Es sabido que en 1902, cuando estaba en pruebas del volumen II de su gran obra Fundamentos de la Aritmética, recibió la famosa carta de Russell en la que se le comunicaba el hallazgo de la célebre paradoja. En ese momento Frege añade un apéndice en el que afirma “Nada más triste puede suceder a un escritor científico que ver cómo, después de haber terminado su trabajo, uno de los fundamentos de su construcción se tambalea.

La paradoja afecta a todas las teorías que emplean de un modo ingenuo o intuitivo la noción de clase o conjunto como es el grupo.

Al final de su vida, Frege renuncia a la tesis logicista, abandona la opinión de que la aritmética sea una rama de la lógica y que todo en aritmética pueda ser probado lógicamente, y fue consciente de que el fracaso de su construcción se debía al uso de la noción de extensión de un concepto como equivalente a la de clase o conjunto. Incluso llegó a sostener que no hay objeto alguno que sea la extensión de un concepto. “Parece designar un objeto a causa del artículo determinado, pero no hay objeto alguno al que así pudiéramos designar correctamente. De ahí han surgido las paradojas de la teoría de conjuntos que han aniquilado la teoría y tratando de fundamentar lógicamente los números como conjuntos yo mismo he caído en esa trampa.”

En “D’un Autre à l’autre”, Lacan destaca la paradoja que Russel supo encontrar en los fundamentos de la aritmética de Frege iniciando la crisis de los fundamentos en matemáticas. Lo que intenta hacer Lacan del lado derecho de las fórmulas es de la misma índole. No niega la existencia de cada mujer, como tampoco Russel negó la existencia de conjuntos que no se pertenecen a sí mismos, pero ningún conjunto los colectiviza. No se trata entonces de encontrar el rasgo que definiría hombre y mujer, sino de hacer que aparezca entre ambos una irreductible disimetría que no se basa en ningún rasgo dado en otra parte. Solo una disimetría así puede dar una oportunidad a la no-relación. (El no todo de Lacan Le Gaufey)

Por eso quizás el final de El Otro que falta, la clase anterior del Seminario habla precisamente de lo femenino. El cartel entonces no renuncia a lo colectivo, pero lo sabe frágil e inestable. Toma nota de que nada puede asegurarlo. Sería un conjunto que no sería para todos, podría decirse para unos pocos y uno menos. (4+1) = (5-1)

El Grupo desde la psicología de las masas sacrifica lo particular. Confunde lo colectivo con lo uno que introduce el significante. Para que ese efecto no se produzca, es necesario al menos uno que descompleta para sustraerse del efecto de cierre del grupo que por su parte nunca deja de cerrarse. Y una indicación respecto al tiempo Júntense y sepárense. Una pulsación. El tiempo limitado y una disolución en el horizonte para que el cierre no llegue a completarse.

Algunos ejes del debate Por Jonathan Rotstein Socio de la Sede de Madrid de la ELP

Tras las respectivas ponencias de las invitadas se produjo una interesante conversación que tuvo como coordenadas las siguientes tres temáticas:

El Cartel como instrumento, la función decisiva del Más-Uno y el destino que conviene dar a las producciones del Cartel.

Respecto del Cartel como instrumento se anotaron diferentes cuestiones:

El Cartel propone una elaboración de saber y no una acumulación del mismo.

El Cartel no excluye al síntoma. En el Cartel debe poder transmitirse el vacío.

El Cartel, si bien fue ideado por Lacan teniendo como uno de sus objetivos iniciales el poder servir de contrapeso y báscula frente a la (inevitable) dinámica que en toda institución se despliega alrededor del poder, en la actualidad se viene observando cierta tendencia, por constituir el Cartel como un dispositivo formador donde, en consecuencia, los cartelizantes eligen como Más-Uno la mayoría de las veces a docentes del Campo Freudiano de quienes se espera aprender.

En este sentido, se hizo mención a un señalamiento que Miller realiza en su texto “El Cartel en el mundo”, donde indica que lo verdaderamente interesante del Cartel es la idea de poder servir como causa para el debate. Quienes asistieron a esta primera conversación quizás puedan atestiguar de ello.

Respecto de la importancia y función del Más-Uno, la conversación tuvo, como en el anterior punto y a lo largo de todo el encuentro, magníficas aportaciones de parte del público, entre ellos: Blanca Medina del Toro, Miriam Chorne, Sergio Larriera y Blanca Cervera

Así, se ofrecieron diversas definiciones operativas sobre el papel del Más-Uno y su función como aquél dirigido a descompletar el saber, tornándolo transversal, como alguien que trabaja apoyándose en la falta, y que, además y ante todo, es el encargado de hacer posible el trabajo propio del Cartel.

Además, se señaló que el Más-Uno en verdad es la Escuela y no ninguna persona concreta erigida en líder ya sea por los cartelizantes que lo convocan, ya sea que adopte un estilo que, por ejemplo, puede variar entre, según se dijo, “triturador transferencial,” “castrador innato”, “analista o educador del grupo

Finalmente, respecto de las producciones del Cartel, se produjo, quizás, el debate más interesante de la noche.

Si bien en la tercera conversación se debatirá respecto a qué estatuto conviene dar a las producciones, algunas de las preguntas que circularon entre los asistentes fueron planteadas como interrogantes que, pese a encontrar algunas respuestas, conviene no cerrar:

¿La Escuela debe acoger todo producto de un Cartel, sin excepción?

¿Puede crearse un lugar donde sean acogidas todas las producciones, ya sean elaboraciones descabelladas o, incluso, “historizaciones de obstáculos” que alguien haya podido encontrar al intentar escribir una producción del Cartel?

Siguiendo con la escritura ¿Es algo que debe producirse al final del Cartel, como conclusión, o tal vez es algo que mejor conviene ir elaborando a través del tiempo en un recorrido personal que atraviese distintas fases?

Tras los aplausos y en un ambiente que, en todo momento, respiró Escuela, se convocó a todos los presentes, y ausentes, a acudir a la próxima conversación del Espacio del Cartel en la Sede ELP en Madrid que tendrá lugar el 7 de mayo.

Bibliografía:

Lacan J., Acta de Fundación

Lacan J., D’écolage

Lacan J., El Sr A”

Miller J.-A. , El cartel en el mundo

Se puede consultar en El Cartel: www elp-sedemadrid.org

SEGUNDA CONVERSACIÓN SOBRE EL CARTEL

El pasado martes 7 de Mayo tuvo lugar la Segunda Conversación que el Espacio del Cartel viene desarrollando en la Sede ELP de Madrid.

En esta ocasión, la mesa, cuyo título fue “El Cartel y sus síntomas”, estuvo coordinada por José Alberto Raymondi, co-responsable del Espacio del Cartel de la Sede. Los ponentes invitados fueron Celeste Stecco, Directora de la Sede en Madrid de la ELP y Blanca Medina, miembro de la Comisión de Carteles.

El cartel, sínthoma de la Escuela por Celeste Stecco

Agradezco, como miembro de esta escuela, el trabajo que la comisión del Espacio del Cartel de la Sede de Madrid está llevando adelante con el deseo decidido de cada uno de sus integrantes de poner en el centro de la vida de la escuela el cartel. Es la orientación del Directorio y del Concejo de nuestra Escuela, por lo que, como todos ya sabemos, el próximo encuentro de Elucidación de Escuela será la primera Jornada de Carteles de la ELP.

Considero que se trata de un acto: el de poner en el centro de la escuela el saber que no hay para que, a partir del deseo que este vacío puede causar hacer que el psicoanálisis no se detenga. Lo que no hay, anudado al trabajo de Freud, hizo que el psicoanálisis exista; el saber que no hay, anudado al trabajo de Lacan, devino en la reinvención del psicoanálisis; el deseo decidido puesto al trabajo de J. A. Miller, hizo que el psicoanálisis traspasara las fronteras, creando la Escuela Una que no es más que un lugar donde los analistas, uno por uno, trabajan para que, en el bordeamiento del agujero del saber, el psicoanálisis no se detenga… pudiendo, cada uno, reinventarlo cada vez.

Podemos decir que el saber que no hay es: causa de la existencia del psicoanálisis, condición de posibilidad de un análisis y razón de que la formación de los analistas sea siempre inacabada.

Que el saber que no hay cause un deseo de saber no es algo que tengamos garantizado. Lacan planteó que ante el real de la formación se puede responder desconociéndolo y negándolo, o en palabras de J. A. Miller, con la fatuidad de la ignorancia, pero también se lo puede colocar en el centro y sobre éste, cada uno sostener una formación y una práctica, a la vez que desde ahí puede orientarse una Escuela, haciendo del agujero que el amor – horror al saber velaba, la causa de un deseo de saber, consintiendo a su empuje y permitiendo que, cada uno a su manera, pueda ponerse al trabajo.

Lacan inventó el cartel a partir de ubicar lo real en el centro de la formación de un analista. Es ahí cuando inventa su escuela y el cártel como su órgano base.

Este punto hace que al pensar acerca de cómo plantear algo sobre el tema que esta noche nos reune: El cartel y sus síntomas, me di cuenta que en lo que estaba pensando era en el cartel como sínthoma: el cartel en tanto respuesta de Lacan y de cada uno de los cartelizantes y más unos, al saber que no hay. El cartel como sínthoma en tanto es en si mismo un modo de tratamiento del real de la formación del analista…

Pienso el cartel como un dispositivo en el que poner en juego el deseo de saber y la transferencia de trabajo. J. A. Miller plantea que el deseo de saber puede emerger cuando en un análisis, el amor al saber que velaba el horror que su vacío causaba cae. A su vez, la transferencia de trabajo es facilitada por la caída del Otro, ese Otro con mayúsculas, sin barrar, al que se lo ama al suponerle el saber que no hay… es la caída del Otro del saber la que hace posible el lazo de trabajo en el marco de la escuela… el trabajo con otros, pequeños otros, en una experiencia de cártel.

No hay en nuestra escuela una ley de formación, sino que se trata de la que cada uno hace a partir de la respuesta que haya dado al real que atraviesa su formación y su práctica. Cuando lo que causa, lejos de la negación y la infatuidad de la ignorancia es el deseo de saber, se impone para cada uno lo inacabable de nuestra formación. Ahí el cartel puede tener lugar, no hace falta más que el deseo de saber y de hacer lazo con los otros.

1-Miller, J. A., El Banquete de los Analistas, pág.,190, Paidós.

Los discursos, el saber y la función del más uno, por Blanca Medina

En la Jornadas de Estudio sobre los carteles de la EFP en las que participó Lacan en 1975 aparecía esta pregunta, “saber si lo que ocurre en el cartel se define verdaderamente con relación al más uno”. Es decir, ¿podemos poner a cuenta del más uno todo lo que concierne a los síntomas del cartel? Esta pregunta me parece sugerente y respondería “No solo, pero…” Sin duda la posición de cada uno de los cartelizantes, el cómo y el para qué, también da cuenta de los síntomas que aparecen en el funcionamiento del cartel.

Para hablar de síntomas del cartel también se hace necesaria la reflexión a nivel de Escuela; es necesario el deseo de unos pocos para hacerlo emerger como parte singular de la formación del psicoanalista, a diferenciar de la formación en psicoanálisis. Y esto tiene que ver en gran medida con los más uno y también con los que los eligen. Es uno de los síntomas a destacar.

Para empezar insistir en que elmás uno no existe, es una función y, a aquel que la asume, Lacan le asignó una tarea nada fácil: conseguir que el cartel funcione y alcance su objetivo “es el encargado de la selección, de la discusión y del destino reservado al trabajo de cada uno”.

Hablar del cartel y sus síntomas es hablar de la clínica del cartel y, en este sentido, hablamos de “lo que no anda”, de las dificultades que surgen en la experiencia. A saber, efectos imaginarios grupales, errancias a la hora de elegir el sujeto temático cada uno, o la dispersión en las discusiones, momentos de crisis en las elaboraciones, consecución de un producto final, etc.

La cita de Miller que aparece en la convocatoria de la reunión me ha puesto a trabajar sobre la cuestión del saber y la función del más uno.

En cierto sentido evoca la diferencia entre la transferencia en la experiencia analítica, que provoca la elaboración de un saber acerca del inconsciente en la que al analista se le supone un saber, y la transferencia de trabajo que se pone en juego en el trabajo de cartel donde la función del más uno no es la de encarnar a aquel que se le supone un saber y enseña.

Si el más uno no es el que sabe, se abren dos cuestiones:

¿Desde qué lugar opera para ser “agente provocador” de una elaboración de saber?

¿Qué relación al saber, de los integrantes del cartel, para que sea posible la elaboración y el producto? ¿Qué saber es el que forma a un analista?

En psicoanálisis partimos de la presencia de lo imposible, de un vacío central en toda experiencia; por tanto, lo imposible de saber tiene toda su importancia en el cartel. Hay el saber como posible de ser adquirido pero no se trata en el cartel de alcanzar un saber epistémico. Se trata de una relación al saber marcado por un agujero, agujero obturado por el objeto (a) a ser extraído en la experiencia analítica y a ser tomado en cuenta en el trabajo en cartel como veremos más adelante.

En el cartel se trata de un saber que deja lugar a lo no sabido en tanto susceptible de ser sabido. No se trata de un saber acabado y completo, nos decía Graciela la vez pasada.

El cartel es un dispositivo de tratamiento del saber y su orientación (la del cartel) es producir una posición nueva respecto al saber. Se trataría de ir desde un “no querer saber nada de eso”, que podemos enmarcar en el trayecto de la experiencia analítica, hacia el “deseo de saber” donde está incluido lo imposible; es conocer que en el centro hay un agujero. Miller en El Banquete de los analistas enfatiza: “Más allá del amor al saber comienza el deseo de saber que pasa por el trabajo para producir saber”.

La expresión “agente provocador”, como sabéis, la tomamos del texto de Miller Cinco variaciones sobre el tema “La elaboración provocada”. De entrada Miller dice algunas cosas muy importantes: por ejemplo que el interés que tiene para él el cartel es a título de saber. También que el más uno debe ocupar el lugar de agente provocador. Y finalmente, lo que me resulta más sugerente en este arranque del texto, señala que el trabajo suscitado provoca la búsqueda de lo que es latente que se revela como una creación.

Y subraya: “La llamada al trabajo es el toque de diana para despertar”. No es posible “producir” saber, de eso se trata en el cartel, sin trabajo. Y el trabajo al que el cartel invita, en palabras de Luis Tudanca, es el de “encontrar los agujeros en la reflexión individual, con los otros”

Miller propone los discursos como modalidades de provocación colocando la provocación en el lugar del agente; en el lugar del Otro el trabajo, la elaboración; en el lugar de la producción deja ese nombre; y en el de la verdad sitúa la evocación, que corresponde al estatuto alusivo de la verdad.

provocación                  elaboración

evocación                       producción

En el sentido de la llamada al trabajo, en primer lugar hace referencia y nos ofrece el discurso del amo, al que también llamamos discurso del inconsciente, como el matema de la elaboración provocada. Teniendo en cuenta que la elaboración siempre es provocada, el SsS con el que contamos en la experiencia del análisis no es en absoluto un “saber agente” sino una significación y su efecto sobre la elaboración es más bien el de dejarla para más adelante, a lo largo de la experiencia. Así que no es este el lugar que le corresponde al más uno ya que, desde ese lugar de saber supuesto, llama al trabajo pero la elaboración queda detenida:

S1         S2

S/           a

No obstante este discurso conviene al cartel en un sentido. Muestra la tarea del más uno de obtener que los miembros del cartel, incluido él, tengan estatuto de S1; Lo llama Miller enjambre de S1, que funciona cuando cada uno trabaja a partir del rasgo propio “puesto en valor como tal”.

Para que el más uno pueda encarnar mejor la función de agente provocador, Miller  propone el discurso de la histérica como el más conveniente a la estructura del cartel, para la elaboración de saber; Como sabemos en este discurso el sujeto dividido ocupa el lugar del agente:

S/           S1

a              S2

Una de las funciones más relevantes del más uno, a la hora de obtener resultados de saber, es producir el efecto sujeto y tomarla a su cargo. Es decir, reconocer la división subjetiva y operar con ella. Hacer trabajar y trabajar él mismo; con sus preguntas “agujerea las cabezas”.

Pero debe trabajar y esto solo se consigue si la causa de su deseo (a) deja de estar oculta bajo la barra, cuestión que se le imputa al agente, señala Miller, “ocultar en su vacío mismo la causa de su deseo”

Miller, en este punto, manipula la estructura del discurso propuesto, “evacuando el (a) de su lugar estatutario” situándolo como causa del deseo en posición de hacer trabajar al sujeto. Empuja el deseo de saber. Y presenta este matema para ilustrarlo:

a——-S/——-S1

                          S2

No quiero extenderme mucho más, solo volver a traer la cuestión que en la reunión anterior traía Julia Gutiérrez y que Miller señala en este trabajo suyo sobre el cartel, relacionada con esta función que le corresponde al más uno de insertar el efecto sujeto y tomar a su cargo la división subjetiva. Me refiero al desplazamiento del cartel de la lógica del todo a la del no-todo al aclarar que el más uno es un menos-uno en el sentido de que se incluye en el cartel descompletándolo.

Entonces: el más uno no es un maestro, no es uno que sabe; rechaza ser analista en el cartel; trata de sostener y preservar el lugar vacío en torno al saber, tratando de que la hiancia no se cierre, que lo imposible de decir conserve la posibilidad de un nuevo decir. “Que lo latente se revele como una creación”

¿Estamos hablando de un “saber hacer” con lo real, como podemos leer en el Seminario 23?: “¿Qué es saber hacer? Es el arte, el artificio, lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay Otro del Otro que lleve a cabo el juicio final”

Ejes del Debate por Jonathan Rotstein

Tras compartir con los asistentes sus interesantes reflexiones se dio paso a un debate que, esta vez, encontró su coordenada principal en una temática que podríamos titular: “El saber como síntoma: el no saber como causa”. Al respecto surgieron tres subtemas:

1-Las diferencias existentes entre el saber ya constituido, epistémico, que uno puede esperar encontrar en un Cartel y el saber faltante, que no hay, y que puede ponerse a funcionar como objeto causa del deseo.

2- La importancia que, frente al saber, adquiere “el saber insabido” especialmente como una forma para entender que el Cartel sea uno de los elementos base de la Escuela y que contribuye al deseo de saber, a diferenciar del amor al saber.

 3- Constatar que no sólo no existe un Sujeto sin síntomas sino que la Escuela, tanto como los Carteles, no puede darse sin ellos, los cuales, además, pueden ser puestos en juego por una doble vía: ya sea como invenciones singulares que se aportan al dispositivo del Cartel, ya sea como nexo de unión entre los registros real, simbólico e imaginario ya que, si no es con el síntoma ¿cómo se anudarían? El Cartel, en este sentido es una fábrica permanente de síntomas.

Más allá del eje principal también se dieron cita otros ejes: nuevamente la importancia del Más Uno y, por último, dos reflexiones concernientes a las Producciones del Cartel y a la propia Comisión:

Se aislaron algunas de las funciones del Más Uno: des-suponer el saber que se le supone para dirigir a los cartelizantes hacia un-saber-no-todo, evitar obturar el agujero, captar cuál es el deseo o el objeto de interés de los cartelizantes y, por último, realizar el tratamiento de todo lo que a lo largo de un Cartel va surgiendo.

Respecto de las producciones, de un lado se dejó anotado el valor de las mismas por cuanto su publicación genera un movimiento en beneficio del psicoanálisis y, de otro lado, se remarcó la existencia de diferentes maneras de considerar qué es un producto del Cartel ya que, si para un Sujeto, un Cartel puede realizar la emergencia de una falta nueva, una falta que el propio cartelizante no traía de casa, entonces, ese Cartel no puede ser considerado, jamás, un fracaso.

Finalmente, ante la pregunta ¿qué garantía hay de que el Cartel funcione? Se pudo señalar el trabajo sostenido por la Comisión del Cartel como aquél trabajo destinado a vigilar todo lo que surge, o puede surgir, en torno al Cartel constituyéndose, así, en una suerte de garantía mínima que la Escuela pone a disposición de los cartelizantes.

La tercera y última conversación sobre el Cartel será coordinada por Analía Gana y llevará por título “Transferencia de trabajo, producciones y efectos”. Será el martes 4 de Junio a las 20:30 y en ella intervendrán Sergio Larriera y Jonathan Rotstein. Los esperamos.

TERCERA CONVERSACIÓN SOBRE EL CARTEL

El pasado Martes 4 de junio de 2019 tuvo lugar la Tercera conversación sobre la Clínica del Cártel realizada por la Sede de Madrid de la ELP con el título La Transferencia de trabajo: producciones y efectos

“La transferencia de trabajo a la luz del Banquete: Más allá del amor al saber”.

Por Jonathan Rotstein.

La transferencia de trabajo es un concepto que Lacan emplea una sola vez: Lo hace en 1964, en el “Acta de fundación” de la Escuela, donde dice que “La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro sino por los caminos de una transferencia de trabajo”. Así, a simple vista, podría parecer que únicamente se trata de una transferencia que tiene por objeto el trabajo.

Sin embargo, Miller, en su curso “El banquete de los analistas”, declara que la transferencia de trabajo es un concepto que él ha querido promocionar ya que Lacan, al utilizarlo, le da un sentido tan concreto que resulta inequívoco.

De manera que, en los capítulos VIII, IX y X del citado Seminario, Miller se encarga de problematizar los diferentes aspectos y dimensiones que surgen alrededor de este concepto en donde (de un modo general y según la lectura que yo he hecho) cobra especial relieve una dicotomía que podemos expresar de la siguiente manera:

Respecto del saber no es lo mismo si el sujeto mantiene una relación de amor o de deseo: Amor al saber y deseo de saber constituyen dos polos antagónicos donde situar toda una serie de elementos que (si bien Miller va desgranando paso a paso a lo largo de estos tres capítulos) en lo fundamental, se articulan según se prescinda, o no, del Nombre del Padre.

En este sentido, Miller destaca de diferentes maneras cómo la relación que el Sujeto mantiene con el Nombre del Padre se inscribe dentro del registro del amor.

Es interesante porque, mientras desbroza el concepto de la transferencia de trabajo, Miller recurre al dispositivo del Cartel para ejemplificar, a través de la figura del Más-Uno, el uso que conviene dar al Nombre del Padre: Servirse de él para poder prescindir del mismo.

Al respecto deja anotadas algunas cuestiones como, por ejemplo, la conveniencia de vulgarizar el Nombre del Padre haciendo que nadie lo encarne sino que, más bien, sea tomado como un lugar de la estructura el cual, además, conservaría sus derechos.

Pero ¿Qué tiene esto que ver con la transferencia de trabajo? El hecho de que la transferencia de trabajo es lo que permitiría compartir con otros aquello que el psicoanálisis enseña ‘uno por uno’. Pero ¿Cómo? Modificando la relación al saber desde el amor hasta el deseo.

Veámoslo un poco más en detalle: La enseñanza del psicoanálisis (lo que no quiere decir tanto la enseñanza de “la disciplina analítica” como de “aquello que el psicoanálisis enseña”), se funda en la relación que un sujeto mantiene con otro para transferirle su trabajo (en este sentido, Miller sostiene que la tesis de la transferencia de trabajo es la causa que motivó a Lacan a fundar su Escuela).

Sin embargo, podemos preguntarnos si ello basta o es suficiente, ya que “lo que el psicoanálisis enseña” es algo que concierne a la experiencia individual, de manera que ¿Cómo pasar del ‘uno por uno’ al ‘todos’?

Este interrogante concreta los problemas que surgen de “la enseñanza del psicoanálisis” y aquí precisamente es donde se sitúa la tesis de la transferencia de trabajo: El hecho de que el trabajo deba ser transferido ‘uno por uno’.

Ahora bien ¿Qué condiciones se precisan para ello? Ante todo, el primer uno debe trabajar ya que, de lo contrario, no se podrá transferir trabajo alguno.

Pero ¿Los analistas, desde su posición en el discurso analítico, trabajan? Es claro que no, ya que el que trabaja es el analizante. Esto, remarca Miller, es precisamente lo que Lacan pide al final de su “Acto de fundación”: Analistas trabajadores, para lo cual la relación al saber debe verse modificada desde el amor al deseo.

Esta cuestión, notémoslo, es paralela a lo que se produce al final de un análisis donde el Sujeto ha logrado prescindir del Nombre del Padre, de su identificación a él, del amor al saber supuesto (ya que se supone que el Otro sabe) y en donde, en consecuencia, el sujeto ya no trabaja más por amor al Padre.

Observemos que ese trabajo por el padre y para el padre no es el tipo de trabajo que Lacan deseaba para su Escuela. Al contrario, según destaca Miller en “El banquete de los analistas”, el Analista de la Escuela es alguien que se vale de S(A/) para el trabajo “sobre el fondo de su ignorancia y de que el Otro no sabe”.

De modo que, al prescindir del Nombre del Padre, se trata de un saber que ya no tendría efecto de amor y que, de este modo, sería un saber enseñable a todo el mundo, un saber nuevo que da lugar al trabajo porque induce a él.

De modo resumido podríamos decir que la transferencia de trabajo es lo que posibilita “la enseñanza del psicoanálisis” cuando la desuposición de saber ha tenido lugar, cuando el saber ya no pasa por el Nombre del Padre y por los caminos del amor, cuando el sujeto ya no se dirige al saber, sino al no-saber, y cuando el saber es fruto del trabajo.

Reseña del encuentro. Por Alejandro Tolosa

La mesa estuvo coordinada por Ana Lía Gana miembro de la ELP-AMP, miembro de la Comisión del espacio del Cártel de la Sede de Madrid. Los ponentes invitados fueron Jonathan Rotstein, socio de la Sede de Madrid de la ELP, miembro de la Comisión del Espacio del Cártel, y Sergio Larriera, miembro de la ELP-AMP.

Ana Lía Gana abrió la conversación recordando las Primeras jornadas de Cárteles a nivel nacional que se celebrarán el próximo mes de septiembre en Madrid, llamadas 4 + 1: el plan Lacan. Antes de entrar en tema y a modo de agente provocador convocó a la audiencia a inscribirse en cárteles haciendo un llamado a la cartelización, en particular sobre el tema de los sueños, en tanto tenemos el Congreso Internacional próximamente y otros temas que causen el interés personal, sobre conceptos del psicoanálisis.

“El Cártel es el dispositivo privilegiado que causa la transferencia de trabajo”, frase que da paso a la exposición de nuestro compañero Jonathan Rotstein que trabajó la transferencia de trabajo en relación al curso de J.-A. Miller “El Banquete de los analistas” y tituló su presentación: Más allá del amor al saber.

La transferencia de trabajo, dice Jonathan Rotstein, es un concepto que Lacan utilizó una sola vez en su Acta de fundación de la Escuela. Parafraseando a Lacan: “La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un sujeto a otro sino por los caminos de una transferencia de trabajo”. Cuestión que abre la problemática de la transmisión y del saber desde una dicotomía: el amor al saber y el deseo de saber. Continúa Jonathan Rotstein: “dos posiciones que se articulan según se prescinda o no del nombre del padre (…) el sujeto se inscribe en una relación de amor respecto al nombre del padre (…) y Miller recurre al dispositivo del cártel para ejemplificarlo desde la figura del +1, sobre todo, al uso  que se le debe dar a la figura del padre desde la formula: servirse del padre para poder prescindir de él (…) –en otras palabras– un nombre del padre a vulgarizar, que nadie encarne este lugar de la estructura sino que hay que conservar ese lugar con derechos”.

Lo anterior permitiría compartir con los demás “eso que se enseña uno por uno” modificando la relación que el sujeto tiene con el saber. “Ir del amor al saber, al deseo de saber”.

El +1 tiene que dar ejemplo, tiene que trabajar y en comparación con la posición del analista en un análisis. Hay que “prescindir del padre y del amor al saber supuesto, del amor al inconsciente y al Otro que se supone que sabe”, esto para que caiga el trabajo por amor al padre y que los analistas se valgan del significante del Otro barrado S(A/) como la formula que  Lacan y posteriormente Miller, tienen para la Escuela. “Estar al servicio de trabajo desde un saber nuevo, sin efectos de amor, un saber fruto del trabajo y un saber a cielo abierto”.

Después de la estimulante exposición de Jonathan Rotstein, retomó la palabra Ana Lía para resaltar el lugar del +1 como aquel que encarna el lugar al que se le des-supone un saber, ya no del nombre del padre como un significante que ordena sino como aquel significante del que el sujeto hace uso pero puede prescindir de él. Y destaca el esfuerzo de Lacan para crear una Escuela que funcione sosteniéndose la transferencia de trabajo.

Puntos de debate (Intervenciones de los asistentes)

El Cártel puede ser en la propia experiencia, un encuentro con lo real del no hay El analista y del saber que no hay. Un dispositivo en el que acontece la experiencia.

  • Lacan rescata la función del líder que tiene un lugar en la estructura.
  • La transferencia de trabajo no es el trabajo de la transferencia.
  • Lacan transmite un estilo de trabajo, pone a trabajar el saber.
  • El Cártel es un modo de tratamiento del grupo. Una subversión de la lógica de los grupos para ir más allá de él.
  • Lacan inventa la Escuela por el desvalimiento de los analistas frente al final del propio análisis.
  • Despenderse de la identificación entre los individuos del grupo, para buscar la identificación en el orden de lo que los causa, estar advertidos de la identificación con los otros y pasar a la identificación con la causa (analítica).

Luego de este debate tomó la palabra Sergio Larriera con su exposición titulada: La nominación rígida o flexible en la disolución del Cártel. Sin embargo, rápidamente advierte que no sabe si se va a ceñir al título expuesto porque la presentación y el debate anterior, convocaron en él diversas reflexiones.

No se trata de anatemizar la obscenidad imaginaria de los grupos que no se puede dejar de padecer ya que los grupos son numerables, sino de cómo conducir eso a otro destino.

Cómo se llega del amor al saber al deseo de saber.

“Mi pregunta es por el error” dice S. Larriera que estuvo trabajando con las cadenas y el error que se produce en un Cártel cuando no se produce la disolución según indica la formula lacaniana.

En la figura nº6 del Seminario Aun, hay un error en una cadena que pretendería ser “bruniana” (una cadena en que cada uno de los nudos que la componen, se suelta de todos los otros cuando se corta uno de ellos) La propiedad bruniana es lo que llamamos “borronea”. Esta cadena presentada tiene un error porque no todos los eslabones se sueltan cuando se corta uno de ellos. Este error es propuesto en el Seminario 20 y es comentado por Lacan en el Seminario 22. Un error de perspectiva en el nudo borromeano (cadena bruniana) que Lacan celebra como felix culpa » porque le permite pensar que en la construcción de una cadena, “hay un eslabón privilegiado y que no es lo mismo trabajar en un sentido (de dirección) que en otro” en lo que respecta al corte de elementos para desanudar el conjunto.

La formula de Lacan sería: “algo particular de ciertos nudos (cadenas) que se pueden llamar borromeos (brunianos) en un sentido y no en el otro, nos da una idea de ciclo y orientación”. Por otro lado, retoma S. Larriera, Lacan ya estaría pensando en otra oposición: lo rígido y lo flexible, entre lo que es el nombre del padre y el padre que nombra; la rigidez del padre que nombra y cierta flexibilidad del nombre del padre.

S. Larriera pone la lógica del Cártel en el centro de la reflexión anterior: No se puede negar que en los grupos se fraterniza alrededor de la figura del líder, la acomodación imaginaria típica del amor de transferencia lejos del deseo de saber anteriormente expuesto.

Una cadena trivial no es un encadenamiento bruniano. El trabajo del Cártel es que cada uno expone para los demás, cada uno contribuye al trabajo del otro y dicho trabajo está destinado a disolverse mediante el ejercicio de la escritura.

Para S. Larriera, si esto se alcanza o no, es responsabilidad del +1.

El trabajo del +1 es el eslabón privilegiado, el asimétrico de la cadena. Uno que permite distintos tipos de encadenamientos; si voy a la derecha desencadena, si voy a la izquierda no. Esta era la ruta del pensamiento de Lacan en esta época: la asimetría de uno de los eslabones, no es lo mismo cortar un eslabón que otro.

El encadenamiento de 4 en el Cártel tiene que desencadenarse vía la escritura: producción y disolución. Sino, el grupo puede seguir encadenado vía transferencia.

Puntos de debate (Intervenciones de los asistentes)

Igual que en la primera parte de la conversación, la intervención generó un intenso y rico debate del que rescatamos los siguientes puntos vivos:

  • Un grupo es el que sus miembros son numerables y todos tienen presente al resto de miembros. Hay que transformar el grupo en un Cártel
  • Siempre hay transferencia con el libro, con los colegas, con un autor, pero no es lo mismo la transferencia analítica que la transferencia de trabajo.
  • El +1 es el responsable del anudamiento y como resto de la operación, la disolución por medio del producto.
  • Se trata que la producción del Cártel acuda a la transmisión, primero, a los compañeros del Cártel y segundo, a los demás.
  • La causa es el agujero que permite que los miembros se enlacen a traducir algo que es un vacío.
  • El agujero es la condición de todo.
  • El Cártel es un dispositivo de la Escuela y necesita un punto de inscripción en la misma, aunque el “verdadero amarre” sea el tiempo en el que se propone la producción, el efecto del sujeto temático en el Cártel.
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