INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA Y LA CLÍNICA DEL ACTING-OUT

El término “acting-out” no posee un equivalente exacto en la lengua castellana, por ello en la tradición psicoanalítica se ha mantenido la forma inglesa, que puede traducirse aproximadamente como “actuar por fuera”. Se corresponde con el alemán “agieren”, empleado por Freud en sus estudios sobre la transferencia. Puede definirse como aquella acción que se encuadra fuera del comportamiento habitual de un sujeto y que tiene un carácter impulsivo, manifestándose como algo que sucede en ausencia de todo entendimiento e intención consciente, pese a que en muchas ocasiones el analizante crea dominar el sentido de su acto. No obstante, en la mayoría de los casos, el acting-out se desencadena siguiendo una causalidad en principio desconocida. Aunque uno de los descubrimientos del psicoanálisis es que ninguna acción humana, incluso la más abiertamente intencional, obedece por entero a la esfera volitiva, el acting-out es de manera especial un ejemplo de acto que se impone compulsivamente y que cumple la función de mostrar algo, aun cuando su sentido sea completamente inconsciente para el sujeto que lo realiza.

En el marco de la transferencia analítica, el concepto se aplica de un modo general a todas las acciones que el sujeto realiza en su vida durante el tiempo que dura su análisis, en tanto se considera que ellas están inconscientemente dirigidas hacia el analista, o por lo menos condicionadas por la transferencia. De un modo más específico, el acting-out designa un acto que posee un carácter sintomático y que se produce como consecuencia de una simbolización fallida. En este último sentido, el “acting-out” no necesariamente implica una acción de gran trascendencia, al punto de que en algunas ocasiones puede pasar desapercibida. Lo fundamental no es su magnitud, ni su contenido, ni sus consecuencias (factores todos ellos muy variables), sino el hecho de expresar una desestabilización súbita y puntual del fantasma, esto es, de la narrativa inconsciente que le proporciona al sujeto el soporte básico con el cual organiza el sentido de su vivencia histórica.

Desde los inicios, Freud construyó su método clínico postulando la oposición entre la palabra (que asimiló al saber, tanto consciente como inconsciente) y la acción. Esa oposición queda reflejada en los dos dramas que constituyen una referencia decisiva para elucubración freudiana: Edipo y Hamlet. Mientras el primero actúa sin saber (toda su peripecia es un conjunto de acciones cuya significación desconoce y no puede gobernar), el segundo sabe lo que debe hacer, pero se encuentra incapacitado para actuar.

La experiencia psicoanalítica suspende la acción en beneficio de la elaboración mediante la palabra, para que la primera pueda ejercerse tras haber sido advertido el sujeto de sus significaciones inconscientes. De hecho, una de las reglas principales de la terapia analítica, tal como Freud la concibió, consistía en el compromiso contraído por el paciente de no acometer ninguna acción de consecuencias importantes para su vida. Conforme la duración de los tratamientos analíticos fue aumentando, dicha regla dejó de explicitarse, pero el concepto de acting-out continúa vigente como prototipo de la acción que supone un punto crítico en la transferencia, en tanto signo de un cortocircuito en la labor principal del análisis, que consiste en la simbolización e interpretación del deseo inconsciente, las identificaciones en las que el sujeto se sostiene, y los puntos de fijación libidinal a los que su satisfacción se haya encadenada. Es fundamental tener en cuenta que desde el punto de vista psicoanalítico todas las variedades de la conducta no pueden considerarse sin el contexto del lenguaje, del cual dependen.

Para Freud, la transferencia analítica permite el surgimiento del material reprimido, que habrá de manifestarse invariablemente como repetición en el escenario de la cura cada vez que se produce un obstáculo a la rememoración. En ese sentido, puede decirse que el analizante “actúa” en la transferencia sus modos específicos de relación con los objetos que integran sus elecciones inconscientes, en tanto la represión impide el paso al recuerdo. El objetivo del tratamiento es procurar que el sujeto lleve al plano de la transferencia dichas repeticiones, cuyo análisis e interpretación hacen posible la elaboración del material reprimido. El analista, de acuerdo con Freud, debe tomar todos los recaudos posibles para evitar que esas repeticiones se produzcan por fuera del marco transferencial. Cuando ello no obstante sucede, es preciso que la interpretación del acto lo vuelva a situar en el camino de la transferencia y la rememoración, uno de los propósitos fundamentales del proceso analítico tal como Freud lo concibiera.

Si bien Freud introdujo este concepto, no fue demasiado explícito en cuanto a su definición y su alcance. Fueron más bien sus discípulos quienes desarrollaron el término, así como la función y el uso técnico. Jacques Lacan, en su abundante estudio sobre el estatuto y la lógica del acto, fue mucho más lejos hasta distinguir diversas modalidades que exigen un recorrido exhaustivo, puesto que su incidencia en la cura implica cuestiones muy diferentes. A lo largo de su enseñanza ha señalado con mucha finura la necesidad de calibrar el diagnóstico de acting-out como diferente del pasaje al acto, a la vez que ha trabajado en profundidad la naturaleza del acto como experiencia transformadora, que supone una auténtica elaboración tanto de la cadena inconsciente a la que el analizante se encuentra sujetado, como del modo singular de goce que perpetúa sus síntomas y sus inhibiciones.

En su abordaje del estatuto que posee el acting-out durante la cura, Lacan llega a compararlo con un fenómeno alucinatorio de tipo delirante, atribuyéndolo a un proceso mucho más complejo que la imposibilidad estructural de la rememoración forzada por la represión. Se trata de una comparación (no de una afirmación diagnóstica), en la medida que implica la precipitación de una conducta que se desencadena por fuera del marco simbólico. Para entenderlo, puede valer también la comparación con el proceso del sueño. Durante el dormir, la acción motriz queda inhibida. El sueño cumple una función de elaboración del deseo inconsciente que se moviliza como consecuencia de la relajación de la censura psíquica. Pero una falla en dicha elaboración puede reactivar la conexión con la motricidad, como es el caso de los fenómenos de sonambulismo.

El acting-out entraña un carácter enigmático, precisamente por ser un comportamiento en apariencia  inmotivado, aunque posea una causa. En verdad tiene un valor significativo de gran importancia en el desenvolvimiento de la cura, puesto que supone indefectiblemente un mensaje que de forma inconsciente el sujeto dirige al analista. Se trata de un mensaje que no se articula verbalmente, sino que consiste en una suerte de exhibición imaginaria en la que el sujeto muestra al analista una verdad del fantasma inconsciente. Esa verdad “actuada” irrumpe en el plano de la realidad cuando el analista no ha podido escucharla o la ha interpretado prematuramente, antes de que el sujeto se encontrase en las condiciones adecuadas para asumirla. Es en ese sentido que Lacan puede considerar que el acting-out es una clase de acción que el sujeto produce en cierto momento del análisis para reclamar una respuesta, es decir, una interpretación más apropiada por parte del analista. Aunque el acting-out sea inevitable en toda experiencia analítica, en tanto la intervención del psicoanalista es tentativa y no puede sino validarse a posteriori, esta manera de concebirlo tiene la ventaja de convertir el fenómeno en un indicador, una suerte de advertencia que proporciona una valiosa información para la dirección de la cura. La más importante, es que un psicoanalista responsable sabrá leer en el acting-out de su paciente una invitación a supervisar el caso.

Mientras el síntoma es una formación del inconsciente cuya satisfacción se basta a sí misma, el acting-out puede considerarse un síntoma que posee una dirección, puesto que se dirige al analista, un síntoma “escenificado” que pone en el primer plano del proceso analítico el punto más delicado de lo que está en juego en la dinámica de la transferencia: el deseo y su causa. Por no ser enteramente reducible a la representación simbólica e imaginaria, el objeto causa del deseo está siempre disponible a saltar en la escena transferencial, en especial cuando el psicoanalista quiere forzar su puesta en palabras. Al mismo tiempo, dicha causa debe ser elucidada, puesto que constituye el resorte fundamental del fantasma inconsciente, soporte de todos los procesos sintomáticos del sujeto. Situada en el cruce de lo simbólico, lo imaginario y lo real, la causa del deseo está siempre atenta a la menor oportunidad para manifestarse, y el acting-out es uno de los vehículos más habituales durante la cura. En tanto el analista encarna para el analizante -de manera inconsciente- esa causa del deseo, su presencia debe quedar velada. De allí que esa presencia es lo que jamás habrá de ser interpretado en el tratamiento, so pena de convocar una tensión imaginaria propicia para el desencadenamiento de un acting-out.

Gustavo Dessal, miembro AMP y ELP.

Bibliografía:

Freud, S.: “Compendio de Psicoanálisis” (1938). En Obras completas, volumen III, Ediciones

Biblioteca Nueva, Madrid 1972

Lacan, J.: “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite”, en Escritos (volumen 1). Editorial Siglo

XXI (nueva edición 2018)

Lacan, J.: Las formaciones del inconsciente. Lecciones 21 de mayo, 4 de junio, 11 de junio, 25 de

junio y 31 de mayo de 1958. Ediciones Paidos (Buenos Aires 1999)

Lacan, J.: La angustia. Lecciones 23 de enero, 30 de enero, 20 de marzo, 12 de junio y 26 de junio

de 1963

Sinatra, E.: “El concepto de acto en la enseñanza de Jacques Lacan”. En Jacques Lacan. El

psicoanálisis y su aporte a la cultura contemporánea. Miriam Chorne y Gustavo Dessal (compiladores). Fondo de Cultura Económica, Madrid 2017

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