El pasaje al acto. Prólogo del Anticristo de Lars Von Trier
Fundamentalmente voy a dar cuenta del concepto del Pasaje al acto de acuerdo a la dialéctica que se da entre Sujeto y el Otro. El concepto de pasaje al acto, como sabéis, es deudor de la psiquiatría francesa y el término antes de Freud y Lacan estuvo ceñido al campo de la psicosis y la criminología. Sin embargo, Lacan retoma este concepto clínico y hace una torsión para despatologizarlo y conferirle un valor de modelo del acto en sí.
A lo largo de sus Seminarios 10 y 11 ( angustia -causación del sujeto y luego de los seminarios 14 y 15 ( Fantasma y Acto analítico). Despliega los meandros conceptuales para la construcción de este concepto, no sin relación de comunidad estructural con los conceptos de acting out y acto analítico. Para efectos de mi intervención esta noche me referiré a lo que Lacan denomina la causación del sujeto, y para ello, aísla dos operaciones lógicas que intervienen en esta constitución del sujeto, operaciones que él denomina de alienación y separación, inspirada en la teoría de conjuntos. Cómo sabemos a partir de estos desarrollos de Lacan, el sujeto se instituye, nace, en ese movimiento de alienación al Otro y de separación de ese Otro. El sujeto no es sin los significantes del Otro (alienación) a la vez que no es ningún significante del Otro (separación). En estos Seminarios logra dar cuenta del “pasaje al acto” en su dimensión clínica como estructural.
Así, el acto realiza algo de lo que la palabra -“el lenguaje”- no puede realizar, la palabra no puede acceder a la dimensión del acto. Y el pasaje, no es una acción de lo que no se pudo o puede poner en palabras. El pasaje al acto es la radicalidad de un paso al abismo. En el Pasaje al Acto, el rasgo distintivo que lo caracteriza es el de la ruptura, el quiebre, el corte de una escena: la de la relación del sujeto con el Otro, que se enmarca en el fantasma. S barrado y a (goce). Fantasma que sirve de límite entre la escena y el mundo.
El pasaje al acto se especifica, en términos clínicos, por ser una salida del acting out, el quiebre de la escena que este arma a la mirada del Otro. En este sentido el pasaje al acto es un portazo al Otro, mientras que el acting out lo convoca, el pasaje al acto es un ¡NO! proferido al Otro bajo la forma de la caída de la escena. Recordemos que Lacan hace del acto suicida el paradigma de acto en tanto tal. Y con esta introducción, o brevísimo prólogo, doy paso al prólogo de una película de 2009, de Lars Von Trier, titulada el “Anticristo” (en sala se mostró la escena de unos 5 minutos).
En ella nos confrontaremos en acto a la tragedia, el horror que implica el acto logrado por excelencia. En este film se muestra -aunque sólo veremos 5 minutos de su prólogo-, lo que se realiza a través del arte cinematográfico, que el acto, en tanto acto, solo puede serlo a posteriori. En el acto hay un antes y un después. Pero son sus consecuencias, son sus efectos los que permiten ceñir algo de su estatuto.
¿Y no es el acto “sexual” en su radicalidad, en su pureza, deseo de muerte? tal como lo lee Lacan en Antígona, incluso en Edipo, en el marco de la tragedia. ¿No nos muestra Von Trier en el acto sexual y su irrupción de goce, la caída en el abismo, el climax sin representación, la desaparición, el “suicidio del sujeto”, la muerte? ¿No es la verificación de ello el salto al abismo del niño, la salida abrupta e inesperada de la escena del dos, el arrojo por fuera de la pareja parental, del Otro del deseo? Luego todo el film es la exposición, la realización de las consecuencias del acto, del pasaje al acto que se presentífica en este prólogo.
Si tomamos el concepto de causación del sujeto y los movimientos lógicos de alienación y separación que propone Lacan para desarrollarlo encontramos en el movimiento de separación el acto que implica ese pasaje de salir del Otro. Responde al deseo del Otro en ese pase a la separación que es el ofrecimiento del niño, del objeto desconocido por él, respecto a ese deseo de sus padres. Ofrece su propia pérdida como objeto. Su desaparición, ¿Puedes perderme? Que en este caso parece decir: “constato que ya me perdiste”: “quieres perderme, quieres mi desaparición”. La muerte como acto logrado, consumado. De allí la salida por la ventana, previa a la constitución del fantasma, no hay un tiempo primero de la represión originaria, no se constituye “el soy la falta del Otro”, lo que falta al Otro. Nick presencia que no hay falta en el Otro, él esta silenciado (la radio) Esta ya fuera de la escena, esta arrojado al mundo por fuera del deseo del Otro. El actúa en términos de pasaje lo que esta en el impasse de la relación del sujeto y el Otro. La pregunta de Nick no sería, como señala Lacan en el Seminario 11, ¿puedes perderme? Si no ¿cómo podría perderme? Y Ocurre el acto. Por otro lado, si bien en esta dialéctica de alienación y separación del Otro, el pasaje al acto puede colocarse del lado de la separación, en tanto caída del sujeto del Otro, en condición de ese objeto que podría responder al enigma del Deseo del Otro, de su lugar en ese Otro. Pero también podríamos leer con la escena superpuesta del acto sexual de los padres, y el intenso goce en juego, que el niño, su caída, es la presentificación del que el pasaje al acto da cuenta, no de la Separación del Otro en tanto “tesoro de los significantes” que dan una identidad (un ser alienado) si no de la alienación al Ello freudiano. A la dimensión donde ese objeto a, que es la condensación del goce, como causa de ese deseo enigmático del Otro y no la alienación al significante.
El prólogo evidencia el mutismo, el silencio de la palabra. Se muestra la ausencia de palabra que hay en el acto. La imposible cópula manifiesta en el acto mismo de copular. El acto se aliena en un algo más allá del significante. El pasaje al acto se realiza o realiza lo real, lo fuera de sentido. Sin embargo, la relación con la alienación y el pasaje al acto se encuentra en que el pasaje al acto se sale del significante, se pasa a lo real, aún siendo el significante quién introduce la muerte. Recordemos que el significante petrifica, que la palabra mata la cosa (lo vivo).
En el pasaje al acto ocurre una alienación a la muerte real, la separación absoluta, la desaparición, como bien trágicamente y bajo el signo de lo siniestro muestra Von Trier. Y en esa separación radical el sujeto, identificado a la causa de deseo del Otro, se encuentra excluido, rechazado, y en su acto de desaparición, de identificarse con la falta en el Otro, le ataca. Introduce la falta en ese Otro, introduce la castración. En el prólogo y luego, en toda la película da cuenta de esa falta irreparable, de la pura caída, de la muerte.
Entonces en la identificación al a, el sujeto se confronta con la exclusión en la escena del Otro. Se identifica a la causa de deseo (del Otro) como rechazada y se ve precipitado al vacío. Tal como lo vemos en el prólogo. El acto de-muestra la exclusión fundamental que padece. Es muy explicita en la secuencia del silencio de la radio y en la mirada de la escena primera y en la no mirada del Otro, no hay signo de ocupar un lugar en esa escena de goce y cópula entre 1 y 2.
Sin duda el acto suicida -no me refiero a la escena del prólogo con este afirmación- es el paradigma de esta radical separación, ante el extravío, la ausencia de la mirada del Otro, tal como se puede inferir del planteamiento de Lacan. La mirada daría cuenta del reconocimiento del Otro, un signo de amor, de odio, incluso de indiferencia. Pero su ausencia absoluta precipita un acto a lo absoluto, la inexistencia. Del otro lado de la ventana, esta el mundo, lo in-mundo, en palabras de Heidegger, aquello que esta por fuera, en el afuera de la escena del mundo. Mundo que para el niño es el Otro parental, primordial.
El mundo inhóspito del afuera queda claramente filmado en la fría y desnuda naturaleza, que se muestra aún más gélida y desolada ante el contraste del ardor de los amantes sumergidos en un fuego que ni el agua derribada y derramada puede sosegar antes del único fin de la petit mort, el climax de un silencio que nos sumerge en la paradoja de pérdida radical cuando se alcanza el máximo de goce.
Pero, ¿Se alcanza, en lo que muestra este prólogo, el goce real? ¿Dónde estaría ese goce real del Otro en esta secuencia? ¿En el acto sexual? ¿En la caída de ese otro identificado con lo ignorado, con lo invisible? Para Lacan acceder al goce real, a la Cosa, el Das ding, hay que incurrir en una enorme transgresión, el pasaje el acto es esa confrontación con el horror de Das ding. Hay que atravesar la ley -lo simbólico- hay que atravesar lo bello, la belleza, el velo de la propia imagen y arrojarse al abismo, al gélido y desolado vacío de lo real.
José Alberto Raymondi, miembro AMP y ELP.