MUTUALISMO
Cada vez que se habla de mutualismo en la Escuela es para decir que estamos haciendo algo mal, pero ¿a qué se refiere concretamente este diagnóstico, esta interpretación? En su texto “Televisión”, Lacan califica a la IPA irónicamente de SAMCDA. Se trata de un acrónimo que quiere decir Sociedad de Ayuda Mutua Contra el Discurso Analítico. Es decir, donde los mismos analistas se unen para defenderse de lo que el discurso analítico promueve. Evidentemente este acrónimo interpreta también a nuestra Escuela, cuando la Escuela se defiende de que sea interpretada analíticamente.
La ambición de Lacan era hacer de la experiencia de Escuela una experiencia analítica.
A veces se ha hablado de mutualismo para criticar el funcionamiento en grupo, para llamar la atención sobre esa inercia que se instala por momentos en la Escuela que lleva a juntarse con otros con el fin de excluir a terceros. Los terceros pueden ser colegas que pertenecen a la misma escuela o a la misma comunidad, pero también todos aquellos con los cuales no nos identificamos, que no son de la parroquia.
Lacan inventó su Escuela para ir en contra de los efectos imaginarios del grupo, pero sobre todo para instalar un terreno propicio donde lo que primara fuera el uno por uno, lo singular que cada uno puede aportar una vez qué ha hecho la experiencia del inconsciente en su análisis.
Hay momentos más fecundos que otros dentro de la Escuela. En los meses que precedieron a la fundación de la ELP, de enero a mayo del 2000, tuvo lugar un debate online en el que se invitó a participar a todos aquellos que tenían el deseo de formar parte de esa futura escuela. Cada propuesta era una idea que convocaba a otros a proponer la suya, a nadie se le excluía porque nadie quería excluirse. Este fue el efecto más sorprendente de este debate. La transferencia de trabajo se instaló como principio casi sin que nos diéramos cuenta. Pero ese tipo de debate no vino solo, esa experiencia analítica de Escuela no hubiera sido igual, o quizás no hubiera sido, sin las puntuaciones, sin la orientación de J.-A. Miller, que en ese momento era delegado general de la AMP y que se prestó a realizar la tarea de más-uno, a ofrecer también sus ideas y a contrastarlas.
Así que cada uno argumentaba su idea de lo que quería para la Escuela sin miedo a que otro u otros, quizás más experimentados, vinieran a dictar lo que tenía que ser, pero a la vez arriesgándose a no encontrar el acuerdo con sus propias convicciones por muy fundamentadas que estas estuvieran. No era la “felicidad institucional” el objetivo, fue más bien un momento donde se instaló el gay saber. Un saber, el del psicoanálisis, que conlleva el imprevisto, la sorpresa pero también la no conformidad, la no uniformidad, que invita a dejar a un lado los ideales de la normalidad y del sentido común para dar lugar al deseo de saber y a la invención. Un saber que no existe sin otros a quien trasmitírselo.
Lo que se opone al mutualismo en la Escuela es poder soportar “la soledad del acto”, y en primer lugar el acto de tomar la palabra en nombre propio. A partir de ahí se puede rescatar el estilo de cada uno que es inimitable.
Una cosa más: La ELP se instauró desde su fundación como Escuela del Pase. Ciertamente el mutualismo puede impedir de múltiples formas que la experiencia del Pase se desarrolle, ya que se trata ahí de la puesta en evidencia del Uno solo sin par que comanda el deseo del analista.
Carmen Cuñat, miembro AMP y ELP.