MUTUALISMO
El origen y la causa de nuestra Escuela fue y sigue siendo la Escuela de Lacan, la cual tiene como finalidad hacer existir el psicoanálisis. Para ello, no es suficiente con que ésta sea una asociación organizadora de lo previsible, sino que es necesario que ésta sea para cada uno de los que la integramos, una experiencia analítica, consintiendo de este modo a dejarse orientar por eso que para cada uno opera como causa del deseo.
Este fue el deseo de Lacan y hoy sigue siendo nuestra apuesta, advertidos de que no fue ni es nada fácil ya que, que la escuela sea una experiencia analítica va a contramano de la fuerza que la resistencia y la represión ejerce en cada uno. Pero es una elección forzada, ya que, si bien es necesaria la Escuela en su vertiente asociativa, ésta no es suficiente para hacer existir el discurso analítico, de hecho, ella misma puede devenir en una defensa contra éste.
Esto último Lacan lo había leído en la IPA, la manera en que los propios psicoanalistas devenían en una “Sociedad de Asistencia Mutua Contra el Discurso Analítico”, pero llegará a constatar que su propia Escuela no estaba exenta de esto. Resolverá disolverla -a la vez que llamará a algunos para inventar otra- al constatar que en el lugar del efecto de discurso que se esperaba de la experiencia, se producía un efecto de grupo, llevando a su Escuela en el sentido contrario de aquel para el que la había fundado.
La escuela como experiencia analítica, haciendo existir el discurso analítico, apunta a sus miembros en tanto que uno por uno, anudando a ella lo que para cada uno funciona como causa del deseo, donde el no saber provoca la elaboración, marcada por el estilo de cada uno. La escuela como experiencia analítica no es sin la sorpresa, no es sin la extrañeza ni la incomodidad, no es sin la responsabilidad.
Freud nos enseñó que cuando el grupo produce efecto de unidad, el sentimiento de responsabilidad se disipa, las peculiaridades desaparecen, lo heterogéneo se hunde en lo homogéneo teniendo lugar una “fiesta grandiosa para el yo”. Esa fiesta va en contra del inconsciente, en contra del discurso analítico y, por lo tanto, en contra de los fines de la Escuela.
Miller lo llamó “mutualismo” y planteó que, por estructura, el grupo analítico va hacia él como “el río va al mar”, lo que lo hace “un problema de cada uno”, un “problema Éxtimo al analista”. Cada cual está mutualizado en algún momento, cada uno puede ir en contra del discurso analítico.
Agruparse para “soportar solidariamente lo que tiene de inquietante e imprevisible la experiencia del inconsciente”, para “compensar y desmentir la experiencia de estar en análisis”, puede ser, en algunos momentos, una manera de estar juntos.
Considero fundamental para el presente y el porvenir de nuestra Escuela y del psicoanálisis que no olvidemos esta deriva posible, que estemos advertidos de que el mutualismo no es un problema de otros, y que nos inquiete la posibilidad de estar asistiéndonos, empáticamente, contra el discurso analítico mientras ubicamos el peligro para el psicoanálisis en los males de la época.
La propuesta de Lacan fue clara: en la Escuela ¡seamos analizantes!, quizás sea en los momentos en los que lo conseguimos cuando la hacemos existir, y cuando consintiendo a lo que causa a cada uno, el discurso analítico puede llegar a transmitirse.
¡Nuestra Escuela cumple 25 años! lo celebro compartiendo con vosotros mi deseo de inquietud, de que estemos inquietos ante lo que de nosotros mismos podría ir en contra del discurso por el que estamos aquí.
Celeste Stecco, miembro AMP y ELP.