Al principio está el amor… la transferencia. Después no se habla de otra cosa… y luego, sigue insistiendo a lo largo del análisis, la formación, la vida y en la Escuela. De ahí este encuentro, y los que vengan.
Me preguntaba mientras escribía estas líneas si debía hablar de lo que ya se sabe del significante Juventud o de las propuestas institucionales de hace unos años, o si decir otra cosa para acercarme… Y esto último es lo que haré.
Miller habla de la paciencia con la impaciencia. Paciencia para enfrentar lo real y padecerlo, saber esperar y darle el tiempo necesario a cada analizante, se necesita tiempo para estar en posición de analista. El tiempo pasa, ni se gasta ni se aprovecha, ni se gana ni se pierde, solo pasa, y en ese pasar, mejor que pasen cosas. Que sigan pasando, aún con resistencias, insistencias e impaciencias, pero que haya hueco para que surja lo nuevo.
Está también el significante trabajo, transferencia de trabajo, pero también trabajo, ojo que no aliene, aunque a veces agota, se mezcla el compromiso con el peligro del exceso, pero parece que siempre asoma el gusto, de nuevo el amor.
Esta Institución ha crecido desde su fundación y por lo que estamos viendo, se sigue haciendo preguntas, revisa sus síntomas y sus fantasmas. Me surgen varias preguntas respecto a
¿cómo hacer para lograr un compromiso y responsabilidad con la causa analítica?,
¿cómo darles el valor que tienen las marcas de Lacan en cada uno y en nuestra cultura?,
¿cómo hacer del trabajo algo que evite el estancamiento o la repetición?,
¿cómo pensar las dificultades y proponer una política basada en la acción, en la formación del analista?
Las respuestas no las tengo, pero asoma lo comunitario, la política de lo comunitario para hacer Escuela y poder sostener todo eso.
En el discurso de apertura, Miller habla de los peligros de la Escuela, pudiendo llegar a ser lo peor y lo mejor, como la familia… Me cuesta ver los obstáculos como puntos de apoyo, pero si los veo como detalles visibles, objetos mirados que recogen la mirada y por tanto nos miran. Imagino que muchas cosas se pueden mejorar.
Entendemos que la libido no es infinita, que tiene que producirse un buen encuentro, libidinizarse el espacio de Escuela y de trabajo, atender a lo contemporáneo y evitar el Superyo como motor de la formación o de la admisión.
Tendrá que seguir estando el amor, en lo político y en la Juventud.
Desde la experiencia de Miembro Bajo Condiciones, entiendo este tiempo como un tiempo nuevo, probablemente con algún disgusto, pero también con ciertos lujos, al menos para mí, como por ejemplo, tener un mentor que, lejos de ser superyoico, se muestra y vela al misma tiempo, favorece el conocimiento político de la Institución y alienta iniciativas aportando cierta estética de lo bello al trabajo y al deseo, limpiando el ruido de lo que se debe hacer y permitiendo un tiempo (de nuevo el significante tiempo) para leer, pensar, elegir y escribir.
Acabo ya, con un principio, que es a su vez presente. Cuando llegué al Instituto, al psicoanálisis lacaniano, mi primera entrevista me la hizo Miriam Chorne, nunca olvidaré sus palabras, cálidas y enteras, cuando me dijo, “el tiempo de aprender no tiene un final, no hay prisa, nunca se sabe todo de algo y el psicoanálisis no deja de mostrarlo así, siempre se producen efectos”.
Gracias y feliz aniversario.
Paula Fuentes, miembro bajo condiciones de la ELP.