Lamentablemente, no formo parte de los colegas memoriosos que pueden transmitir con detalle la historia de un acontecimiento como el que hoy nos reúne. Los hechos se precipitaban con mas velocidad de lo que era capaz de subjetivar. Es difícil calibrar la importancia de lo que se está viviendo en el momento en que sucede. No tenemos perspectiva ni de lo muy lejano ni de lo demasiado próximo.


El deseo de Judith y Jacques Alain Miller, cada uno con su estilo, era de los que no retroceden ante los obstáculos, las disputas o el tedio de las largas reuniones. Siempre me pregunté cómo Miller podía aguantar tantas horas sin moverse de su lugar, mientras que los demás necesitábamos tomar café o ir al baño. Miller era capaz de escuchar a todos, convenir, mostrar su fortaleza o su docilidad, todo ello en pos de una causa irrenunciable. Además introdujo un elemento novedoso para mejorar el funcionamiento de las Escuelas: la permutación. Ciertamente, la permutación en las instancias no es garantía ante el malentendido pero permite que todos pasemos por la experiencia, lo que nos hace ver las cosas de otro modo. En mi caso con mas respeto a los colegas dispuestos a hacerse cargo de que la maquinaria de la formación de analistas continúe.


Siempre me he guiado por el deseo de dar lugar a las nuevas generaciones: que los jovenes tengan el lugar que merecen, que el alumno sobrepase al maestro es un placer. Pero, no se trata de empujar a nadie mas allá de su deseo, ni de fomentar las identificaciones, mucho menos de vender la Escuela como el gran refugio contra el malestar en la cultura. Se trata de poner los medios para hacer valer un buen trabajo en el lugar oportuno.
La entrada a la ELP ha sufrido muchas transformaciones en estos 25 años, lo cual tiene toda su lógica, porque siendo la formación del analista la piedra angular de la institución es, a la vez, su real.
La primera vía estaba basada en la expresión “trabajador decidido” y su modelo era el del AME, aquel que es reconocido en la comunidad porque trabaja bien como analista, lo que dio lugar a equívocos y llevó a un impasse.
Después se produjo el encuentro de Madrid donde Miller retomo la pregunta que Lacan les hizo a los italianos y que estos no respondieron: ¿Quieren entrar por la vía del análisis? En Madrid se aceptó la propuesta y se le dio el nombre de “Pase a la entrada”. Tomando el modelo del AE, el acento pasó al análisis.


Mi experiencia en el Consejo es que estas dos opciones no cayeron sino que se sumaron y además se añadieron otras condiciones: que el candidato sea conocido mas allá de lo local, que la transferencia no esté demasiado condensada en la persona del analista, Que tenga muy clara la diferencia entre Escuela e Instituto. A todo esto se fue añadiendo un sesgo curricular: trayectoria profesional, artículos escritos, publicaciones, y una realidad inquietante: los analistas nos hacemos viejos y la tasa de reposición es muy lenta.
Ya fuera la entrada por la vía del trabajador decidido o por la del análisis, mas los méritos curriculares, el mecanismo siempre deja un resto inasimilable. Es este resto . que nos obliga a seguir inventando.


Ser “miembro bajo condicciónes” es una nueva invención que vuelve a demostrar que no tenemos protocolos como la IPA sino un real con el tratar de hacer en cada momento porque es en cada momento que se escribe la historia del psicoanálisis. Quizás, no se percaten de la importancia que va a cobrar su generación mas que retroactivamente. Por ahora son los primeros “miembros bajo condiciones”: una paradoja en sus términos, como debe de ser pues el psicoanálisis se dedica a los paradojas. Aun no sabemos qué resultará de esta experiencia. Sabemos que es el producto de una nueva política de la juventud en las Escuelas.
Les recomiendo que vivan esta etapa con la perspectiva de que están escribiendo la historia de la ELP que se seguirá celebrando dentro de 25 años. Esta brújula les ayudara a ir salvando los escollos y perseverar en el deseo.

Rosa M. López, miembro AMP y ELP.

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