Muchas gracias por la invitación a participar en esta mesa, que me ha traído verdaderamente emotivos recuerdos.
Retomando la pregunta de Jesús, nosotros tuvimos una conversación donde hablamos poco de esto, pero hablamos de otras cosas a propósito de las indicaciones de la convocatoria, convenía que los dos participantes dialoguen entre sí, así como donde también se aconsejaba y se advertía que se hablara de la Escuela, pero, además, también quiero hablar de algo un poco más personal.


Primero agradecerle a aquella comisión aquellos comienzos en la nebulosa gestación de la cuestión, donde era presidenta de la Escuela, en ese momento, Mercedes de Francisco; la distinción de haberme permitido participar en aquella mesa fundacional en el Círculo de Bellas Artes aquel día 6 de mayo del año 2000, lo que hoy estamos celebrando.
Aquello para mí fue una conmoción porque yo no era un hombre del aparato de las funciones, sino que era un miembro más de la Escuela, fundamentalmente ligado al aspecto de enseñanza del Instituto. Entonces, en esa ocasión, hablo de esta conmoción personal y del interrogante, dado que tenía a Jacques-Alain Miller al lado mío, justamente en esa mesa, fue, recopilando en sus textos, cómo responder a esta pregunta de ¿Qué era ser lacaniano? Dado que se iba a emplear el término lacaniano por primera vez, porque las escuelas en general eran freudianas, pero declararla como Escuela lacaniana, apropiarse de ese término que utilizaban otros grupos para mencionar sus agrupaciones, quizá muchas con los caracteres de mutualismo, heredado de la internacional psicoanalítica, (…) Entonces, esta Escuela se llamaba Lacaniana, ¿qué quiere decir ser lacaniano? En el encuentro con JAM encontré la manera de plantearle esto, el desplazamiento que Jacques-Alain Miller hacía de ser lacaniano hacia el problema Lacan en el psicoanálisis, y ese problema Lacan era la oposición de goce/sentido, que en ese momento él estaba discerniendo y elucidando en función de su articular, separar el goce del sentido. A partir de esa exposición y esa indagación del texto milleriano, entonces, apareció una frase con una ligazón entre el goce y el tormento, la frase era “el tormento de la relación con el goce es lo que caracteriza el ser lacaniano”, una respuesta que se proponía. Eso me acompañó estos 25 años, siempre en esta posición muy ligado a la enseñanza con entusiasmo, con alegría, con grandes compañeros de enseñanza, con grandes profesores circunstanciales.


Yo tengo como costumbre dejarme atrapar por una frase, ya fuese producida por el testimonio de un primer practicante o, por la palabra en el altar mayor de las máximas autoridades, ya que hay ciertas frases que me han conmovido. Y quiero dar testimonio en esta intervención, de que evidentemente estos 25 años han transcurrido en el qué hacer de la Escuela respetando y ajustándose a aquello que en su momento me había intrigado sobre qué es ser lacaniano, y explorar concienzuda e ininterrumpidamente en todas las sedes de la Escuela, en todas las intervenciones, en los carteles, en los testimonios del pase, en las noches de Escuela, en las jornadas, etc. Siempre estaba presente este problema, esta hiancia entre el goce y el sentido, este choque entre lo real y el significante, o el sentido simbólico imaginario. Siento que eso se ha respetado siempre, siempre alimentó la elucidación de este problema; el qué hacer múltiple: tanto oral como escrito. Porque yo hablaría sobre la conmoción de una frase de un artículo publicado en cualquier revista de cualquier sede, en particular con una lectura más detenida y permanente que la de nuestra propia sede, pero cualquiera me podía conmover o tocar y dejarme meses o días pensando o quitarme el sueño 3 noches, por cosas que me iban entramando y me iban sobresaltando.


Como testimonio simple, de lo que doy nada más que el título, para que se hagan una idea sobre el proceso vivido, es que me llevó 30 años pasar de mi manera de entender el hecho de que el psicoanálisis no era ontológico, que el inconsciente era preontológico, cosa que yo repetía y enseñaba en las clases. Llegar a encarnar eso, y vivirlo como una conmoción, y eso se va dando en el seno de los procedimientos vividos en relación a los discursos, a las intervenciones, a los testimonios, o a los artículos en el trabajo de escuela; y fue pasar de la ontología hasta encontrar un término que nombrará eso que yo llamé una ontofonía, el ser que toda la vida he cuestionado teóricamente, pero recién en la conmoción, de que se me revela a lo largo de todo este proceso, se me revela en un sueño la palabra ontofonía, que no es gratuita porque viene de trabajos previos… ahí encarno verdaderamente esa noción ontológica, cuasiontológica o preontológica del psicoanálisis.
Esto creo que ejemplifica lo que es la tarea de la Escuela y las transformaciones sufridas con el paso del tiempo.

Sergio Larriera, miembro AMP y ELP.

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