El vacío y la faz de Dios
Mi rasgo se sitúa en continuidad con un trabajo de cartel anterior en el que abordamos el
concepto de Dios en el Seminario 20 de Lacan. Allí hemos concluido que Lacan, al
referirse al goce femenino como soporte de la faz de Dios [1], alude a una conceptualización
de Dios distinta de la del Dios definido por Freud, que sería el heredero del padre edípico,
soportado en el falo. Así, distinguimos entre el Dios freudiano de la cosmovisión fálica,
el Dios que puede sostener o sostenerse en las neurosis; y el Dios vivo, que encontramos
en el corazón de las Escrituras, como lo radicalmente Otro, que no entra en la
significantización, y que con su ex–sistencia niega el campo de dominio del significante
fálico, como una totalidad.
Apoyados en la lectura psicoanalítica del jesuita Louis Beirnaert [2] sobre la experiencia de
San Ignacio de Loyola, en aquel cartel concluimos que, en el fenómeno místico, la
experiencia de Dios se realiza en el borde de un vacío que podríamos llamar “vacío de
significación”, que se caracteriza por su extimidad con el campo del sentido.
La experiencia mística de este santo resulta de mucho interés, ya que, en su Diario
Espiritual, asistimos al pasaje de un registro a otro, de una versión de un Dios especular
del que esperaba garantías, a la experiencia de un goce místico, más allá. Ignacio
experimenta la circunscripción de las Personas Divinas dentro de la Trinidad, en la visión
de una figura esférica. En ese momento en que experimenta la visión circular que delimita
un vacío, advierte que había estado esperando “que Dios condescendiera a su deseo” [3]. En
ese momento (no antes), experimenta la loquela. Es en el vacío del Otro [4] que estas
palabras, musicales y suavísimas [5] resuenan como piezas sueltas, más allá de su
significado.
El trabajo de este último cartel alrededor de los conceptos “Vacío, agujero, nudo”
concluye con una pregunta: si para Lacan el goce femenino es soporte de la faz de Dios,
¿podemos pensar ese soporte operando como borde de un vacío? Si Lacan ubica al goce
de la mujer en el matema S(A/) [6], enunciando que éste (el goce femenino) es soporte de la
faz de Dios, y que La/ mujer tiene relación con S(A/) [7], ¿podríamos pensar esa relación
representada en la flecha que va de La/ a S(A/), y así ubicar a la faz de Dios como vacío,
en el matema La/? Es decir, ¿el Dios vivo en el lugar de ¿La/?
Rebeca Hernández – Socia ELP Comunidad de Madrid
Notas
1 LACAN, J., El Seminario, Libro 20, Aun, Buenos Aires, Paidós, 2012, 93.
2 BEIRNAERT, L., Aux frontièrs de l´acte analytique. La Bible, saint Ignace, Freud et Lacan,
Seuil, Paris, 1987.
3 Escribe Ignacio: «sentí en mi voluntad, que quisiera que el Señor condescendiera a mi deseo”
[De 147]. Y agrega «con esto comenzaron a ir de mí [gradualmente] las tinieblas» [De 148], como
si algo se le aclarase. En DALMASES, C. (ed.), Obras Completas de San Ignacio de Loyola, BAC,
Madrid, 2014.
5 [De 222] “Loqüelas… lentas, internas, suaves, sin estrépito…”. Y [De 224] “música celeste”.
6 J. Lacan, Seminario 20, 101.
7 Ibid., 98.