Torbellino y disolución. Es con estos dos términos utilizados por Lacan en 1980 en su seminario ¡Disolución! que daré comienzo a mi intervención de esta noche. Torbellino y disolución se refieren a un movimiento, a un impulso y a una cierta velocidad.

J-A. Miller señaló, en la clase del 9 de mayo 2007 de su curso El ultimísimo Lacan, la manera como Lacan siempre avanzó “haciendo temblar el psicoanálisis”[1], no dudando a hacer vibrar su enseñanza para hacerla avanzar. “Hacer temblar el psicoanálisis” es una expresión que subrayo, es una forma de decir que Lacan se esforzó constantemente por inyectar una energía vital al psicoanálisis, haciendo todo lo posible para evitar que se instalara una inmovilidad.

J-A. Miller, en un artículo dedicado a la formación[2] del analista, señala por qué hacemos referencia a la enseñanza de Lacan y no a su teoría. La experiencia analítica “desborda” la teoría, dice Miller. La vitalidad de la enseñanza de Lacan tiene su origen en la experiencia analítica, es el campo de la clínica que permite a Lacan releer los conceptos, afinarlos, modificarlos, no dejarlos quietos.

Recordemos que en la última clase del seminario La lógica del fantasma, después de haber hecho todos los desarrollos posibles introduciendo la lógica matemática, Lacan aclara “que cuando habla de lógica y en especial de lógica del fantasma, ni por un instante [ha dejado] el campo de la clínica”[3]. Lacan tiene una preocupación que atraviesa toda su enseñanza, una lucha contra lo que se puede quedar inmóvil, una lucha contra lo fijo, porque justamente lo particular de la experiencia analítica es su movilidad.

Recordemos que, en 1963, en su Seminario Los nombres-del-padre, Lacan denunciaba que el “mantenimiento casi religioso”[4] de los términos propuestos por Freud y el amor al padre que dejaron a los psicoanalistas inmovilizados y al psicoanálisis congelado. Lo cito: “Si Freud coloca el mito del padre en el centro de su doctrina, es evidente que se debe a la inevitabilidad de esta cuestión” anota Lacan. “No es menos evidente que, si toda la teoría y la práctica del psicoanálisis nos parecen hoy inmovilizadas, es por no haberse atrevido a ir más allá que Freud en esta cuestión»[5].

“Ir más allá de Freud”, “un psicoanálisis inmovilizado” “atreverse”. Lacan siempre en movimiento no duda en sacudir la Internacional, para extraer al psicoanálisis de la rigidez religiosa del imperio del sentido edípico, para no dejar al psicoanálisis inmovilizado por el amor del padre.

En el seminario El momento de concluir, Lacan afirma, que es necesario “introducir algo que vaya más allá del inconsciente”[6]. Afirmar esto es un tremendo temblor. ¿Cuestionar el término de inconsciente? Lacan avanza sugiriendo que el inconsciente exige cada vez más y más interpretación. Cada vez más sentido. Que es necesario pensar de otra manera la doctrina de la interpretación para disociar S1 y S2 y no añadir un significante de más. Es el corte el que se volverá central. Romper con el sentido, para así tener una opción de cernir lo real.

Como vemos, temblar no es suave. Lacan introduce reversiones, cambios permanentes de perspectiva. En cuanto algo en su enseñanza se arraigaba, se solidificaba, él hacia temblar todo para evitar que el psicoanálisis se asentara en el dogmatismo.

Temblores en el psicoanálisis, temblores en la Escuela

El 5 de enero de 1980, Lacan envió una carta a los miembros de la Escuela Freudiana de París, anunciando su intención de disolver la Escuela que él mismo había fundado. Es un momento grave de la historia del psicoanálisis del que podemos extraer muchas enseñanzas. Lacan decía en esta carta que él había “fracasado”[7], que se había “embrollado”[8]. Lacan se decide a disolver la Escuela Freudiana de Paris, porque si él “no se interpusiera, ella funcionaria a contrapelo de aquello para lo cual la fundó”[9].

Lacan denuncia que la Escuela está funcionando al revés, que no está orientada a preservar “el filo”, la agudeza del discurso psicoanalítico, sino que está siendo usada para otra cosa, para satisfacer el narcisismo de unos cuantos.

Diez días después de enviar esta carta, Lacan dio comienzo a un seminario de cinco sesiones cortas, cuyo nombre solo se revelará en la última sesión: ¡Disolución! El signo de exclamación en el titulo marca el tono: ¿sorpresa, asombro? Digamos, énfasis. El énfasis de la ruptura, la fuerza del torbellino.

Las cinco sesiones fueron escritas con antelación. Lacan no habla, como lo hizo a lo largo de toda su enseñanza, sino que escribe. El seminario ¡Disolución! fue escrito, la precisión de la escritura es palpable. Cada sesión se compone de frases cortas. Lacan combate lo que él llama “la debilidad ambiente”, utilizando la precisión de la escritura, y no la explicación de la habladuría. Su manera de proceder es una lección en si misma. La explicación es hacer abundar el sentido, decir gracias a una escritura concisa es una manera de parar el efecto debilitante del sentido.

Embrollo y torbellino

Es importante recordar que, en la última enseñanza de Lacan, la noción de parlêtre reemplaza a la de sujeto, y que Lacan después de mostrar durante años el embrollo propio del imaginario, al final de su enseñanza demuestra que hay un embrollo mucho más fuerte: el embrollo que produce lo simbólico.

J. A. Miller en su curso El ultimísimo Lacan anota que «el fenómeno del embrollarse no surge como un incidente, un accidente, sino al contrario como nombrando la relación fundamental del parlêtre con el lenguaje»[10]. Lo que parecía ser un recurso contra los enredos del imaginario, “es el mal mismo”[11]. ¡Un nuevo temblor! Lacan anuncia desde la primera sesión del seminario ¡Disolución! que terminará su seminario abordando del malentendido.

En su carta de disolución, Lacan equipara el fracaso con el embrollo. Señala que, a pesar de sus esfuerzos, «una debilidad ambiente»[12] se había instalado en la Escuela Freudiana de París y que él desea “cortarla de raíz”. ¿Cuál es la preocupación de Lacan? Que la Institución (con mayúscula) se lleve todo por delante. Que el “efecto de grupo consolidado”, como se expresa, ahogue el discurso “que se espera de la experiencia”[13] y «que el grupo psicoanalítico prevalezca sobre el discurso [y] devenga iglesia»[14].

¿Qué significa exactamente “convertirse en iglesia”? La iglesia es la guardiana del sentido. El peligro que Lacan destacó en su carta de disolución y que es su preocupación recurrente es que el psicoanálisis “gire hacia el sentido”[15]. Una de las críticas que Lacan dirige a la Escuela Freudiana de París es que esta ha “degradado una enseñanza donde todo estaba sopesado.” En francés, Lacan utiliza la expresión “tourner en eau”[16]. Volverla agua. Su enseñanza transformada en un caldo en el que todo está mezclado. Un caldo que pasa de boca en boca y que pierde la fineza de cada uno de los ingredientes.

Así es como Lacan abandona a «quienes lo estorban» y espera a ver si quienes piden ser parte de la Causa Freudiana “lo van a hacer mejor”.

 
El grano de arena

El 24 de enero de 1980, durante la primera sesión del seminario ¡Disolución!, Lacan precisa: “El uso del uno que solo encontramos en el significante no funda en absoluto la unidad de lo real, a no ser porque nos brinda la imagen del grano de arena”.[17] El uso del uno, es un término que subrayo. El uso del uno solo del que he hablado antes, el S1 separado del S2, es un grano de arena. 

Lacan utiliza una expresión que destacaré por su belleza, es una frase en la que evoca a Arquímedes.  «Ya no tengo Escuela. Le sustraje el punto de apoyo […] que fijé en el grano de arena de mi enunciación».[18]

Hice todo este desarrollo para darle un contexto a esta frase de Lacan que es una gran orientación. Diría que una buena parte de mi lazo singular a la Escuela después del pase se apoya en esa frase. Anoto que el seminario ¡Disolución! fue el primer texto que trabajé como AE luego del testimonio. Mi enseñanza de AE empezó por este seminario de Lacan. 

Es entonces con esta frase que les propongo leer el tema de esta serie de noches que ustedes han propuesto. Una enunciación digna de ese nombre es siempre grano de arena. El grano de arena de la enunciación es un punto de apoyo para producir movimiento.

En la Teoría de Torino, Miller recuerda las palabras de Lacan en el acto de fundación de la Escuela Freudiana de Paris, “tan solo como siempre he estado en mi relación con la causa psicoanalítica”. Miller nos recuerda la manera como Lacan avanza “solo como sujeto que tiene una relación a una causa a defender y a promover”. Lacan avanza, “no como un sujeto que se propone él mismo como ideal, sino como un sujeto con relación a un ideal, como todos a los que él invita a su Escuela”.[19]

“Tan solo”, quiere decir, solo con el grano de arena de su enunciación, grano de arena que está en relación con una causa. “No hay anulación del ideal en la Escuela” anota Miller si no, no habría comunidad, no hay “grado cero del ideal”. Lacan con esa expresión “tan solo como siempre he estado” dice que cada uno está solo, “con la relación que cada uno tiene con el significante amo del ideal bajo el cual él se ubica”.[20]Aquí está lo que llama Miller una paradoja: ¿cada uno reenviado a su soledad, separado del significante amo y al mismo tiempo haciendo comunidad con otros?

¿Qué es lo que hace comunidad? ¿Cuál es ese ideal? Aquí hay un punto mayor a subrayar, el Ideal no es La Escuela, con L mayúscula, el Ideal que compartimos todos y que nos hace estar reunidos aquí a esta hora, en este lugar es “una causa experimentada por cada uno a nivel de su soledad subjetiva”. Experimentada es el termino muy importante. Se ha experimentado, porqué se está o se ha estado en análisis. Punto.

¿Qué es lo que enseña el paso por esa experiencia? Que se está solo. Y dado que se está solo hay que poderse apoyar en el grano de arena de su enunciación. Es eso lo que se obtiene al final del análisis, un grano de arena es modesto, pero es enorme. Resumo el fin de análisis a un “poder hacer uso” del grano de arena de su propia enunciación. Diría que el sinthome, es un saber hacer con el grano de arena de su propia enunciación.

Parafraseo la famosa frase de Arquímedes “dame un punto de apoyo, que es el grano de arena de mi enunciación, y moveré el mundo”. Seré más modesta, removeré, un poco, el mundo.

El problema con los granos de arena, Lacan lo denuncia con fuerza en su seminario de 1980, es que los granos de arena tienen una inevitable tendencia a pegarse. Y que pegados pierden la fuerza singular de su enunciación, volviéndose paquetes pegados de granos de arena.

Al usar la imagen del grano de arena, Lacan aclara que un montón de granos de arena no están obligados a constituir un todo a pesar de su tendencia inevitable a crear una unidad, digamos a su tendencia a hacer grupo. El grupo produce un efecto de cola, de pegado, de “colle” (d’école)

Una condición para que el montón de granos de arena no se acumule es que cada uno se apoye en el grano de arena de su enunciación, siempre singular. Es así como entiendo la frase de J-A Miller en la Teoría de Torino “La Escuela es una adición de soledades subjetivas”[21]. El famoso “uno por uno”, lo podemos leer “grano de arena por grano de arena”.

Usar la metáfora del sutil grano de arena, es una orientación que se puede resumir en dos palabras: No todo. Cuidado con los montones de arena pegados (collés) para dar cuerpo a un Otro que sería la garantía: “el Otro falta” anota Lacan.

Quererse pegar (s’écoller) es un síntoma que Lacan interpreta con una ruptura. Lacan procede desintegrando, rompiendo la cohesión, separando y dispersando los elementos que se quieren pegar, obligándolos a convertirse en unos-solos. Granos de arena animados por el “grano de arena” de su propia enunciación.

Una Escuela no-toda

Lacan pasa de la evocación de la metáfora del grano de arena al goce femenino. Una Escuela no-toda es una Escuela no toda atrapada en el goce fálico. «El goce fálico es precisamente aquello que consume al analizante»[22], precisa Lacan. Subrayemos este término: «consume», lo destruye, lo extingue.

Una Escuela no-toda. Algo resuena entre los granos de arena aislados, separados los unos de los otros, uno por uno, y las mujeres que siempre son a considerar una por una porque La mujer no existe. ¿Podemos avanzar entonces que La Escuela, L mayúscula no existe? La Escuela me pide, La Escuela no quiere de mí, La Escuela es así, La Escuela me excluye. Son cosas que se oyen aquí y allá, son cosas que se escuchan sobre los divanes también. De hecho, es el mejor lugar para decirlas, para así atravesar su componente fantasmático, su componente algunas veces delirante.

La Escuela que se colle, que se pegaba fue disuelta por un decir de Lacan, de la misma manera que la fundó a partir de un decir, como él mismo lo enfatiza. Era la única manera de despegarla. De liberarla de los embrollos que la mantenían pegada, de liberarla mediante un “d’escuelaje”/ “d’écolage”. « No admitiré a nadie para divertirse en la Causa Freudiana, salvo que esté seriamente D’éscuelado”[23]

¡Divertirse! Que término escoge Lacan. ¡Que se diviertan sí, pero D’éscuelados! ¡Granos de arena aislados! Unos-solos que hacen trabajo común.

Que cada uno arrime el hombro

El efecto de d’escuelage, de d’écolage implica que cada uno cada uno “arrime el hombro”, que cada uno arriesgue su propia lectura para compartirla, exponerla y hacer una apuesta de lecturas singulares. La transferencia al psicoanálisis es el motor. Damos, recibimos, encontramos, nos dejamos sorprender, nos perdemos, a veces nos desanimamos; un movimiento permanente intenta preservar “una transferencia que se dirige al no-saber”[24]. Es eso nuestra “diversión”.

«Adelante. Júntense, adhiéranse unos a otros el tiempo necesario para hacer algo y luego disuélvanse para hacer otra cosa”[25] anota Lacan.

Permanecer juntos/disolverse. Siempre es “solo un tiempo”. Lacan inventó una forma de disolver la solidez del grupo al proponer una forma de trabajar basada en la flexibilidad, añadiendo la permutación como ingrediente fundamental para evitar el efecto de pegamento. Una forma saludable de mantener vivo el deseo de trabajar.

Para que este deseo vivo se mantenga “es necesario [instaurar] un torbellino, un remolino que […] sea propicio”[26] Recordemos que un torbellino tiene un movimiento rotatorio rápido, irresistible y estimulante. Es como en el vals. Se baila a tres tiempos. Despacio, rápido, despacio, se acaba y vuelve a comenzar.

“Es en el torbellino en lo que confío”, anota Lacan, la única manera de escapar del “efecto de grupo” introduciendo el factor tiempo que permite disolver. Vemos entonces que Lacan no usa el término “disolución” solo para disolver la Escuela Freudiana de París. Gracias al tiempo limitado las relaciones de trabajo por muy fuertes o conflictivas que estas sean, siempre está la disolución como horizonte. Ciertamente, bailar un rato es un placer, pero el baile dura un tiempo limitado ¡para que podamos retomarlo con el mismo entusiasmo bailando con otros! ¡Qué alivio! Disolver es una forma de mantener viva la llama mediante el corte. Estar juntos no significa nada más que el tiempo compartido de un baile.

¿Cómo define la física un torbellino? El torbellino es una superficie que gira en espiral alrededor de un agujero. La velocidad de rotación varía. El torbellino se hunde, estrechándose, y luego asciende a la superficie y se expande. El torbellino crea un agujero. Es el movimiento mismo que impide el pegamento. Los granos de arena giran en torno a un agujero. Recuerdo lo que les decía aquí mismo sobre el caldero del chiste de Freud, Lacan recuerda que lo que tiene que saber un psicoanalista es que el caldero tiene un agujero. La Escuela gira en torno a un agujero.

Último punto

Alguien que era AE en el momento del seminario ¡Disolución! le preguntó a Lacan que significaba ser “un AE a la altura”[27]. Lacan le dio una respuesta sorprendente: un AE a la altura implica al menos “que se la abra”, “qu’on l’ouvre”.

Que abra la boca. 

Me dije leyendo esta indicación que después del pase on l’ouvre, se continua a abrir la boca para arriesgar a poner a circular el grano de arena de su enunciación siempre a poner a prueba, con la idea de producir, aunque sea algunos pequeños remolinillos.


[1] Miller J.-A., El ultimísimo Lacan, Paidós, 2014, p. 201

[2] Miller J-A., La «formation» de l’analyste, La cause freudienne n° 52, 2002, p. 9

[3] Lacan J., El seminario, La lógica del fantasma, Paidós, p. 335

[4] Lacan J., Des noms-du-père. Seuil, p. 85

[5] Ibid.

[6] Lacan J., Le séminaire. « L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre, séance du 16 novembre 1976.

[7] Lacan J., En los confines del seminario seguido de La tercera y Teoría de la lengua p. 36

[8] Ibid.

[9] Ibid. p. 37

[10] Miller, J-A El ultimísimo Lacan, p. 211

[11] Ibid.

[12] Lacan J., Los confines del seminario

[13] Ibid

[14] Ibid

[15] Ibid

[16] Ibid. p. 47

[17] Ibid. Primera página del apartado “El Otro falta”.

[18] Ibid

[19] Miller J-A Teoría de Torino p. 12 fr

[20] Ibid. p. 12 fr

[21] Ibid p. 15 fr

[22] Lacan J., Los confines del seminario. !Disolución! p. 58 fr

[23] Ibid

[24] Miller J-A., « L’Ecole, le transfert et le travail » La Cause du désir n° 99, p

[25] Lacan J., Los confines del seminario. Señor A.

[26] Ibid

[27] Ibid

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