a-peritivos para el Congreso de la AMP: NO HAY RELACIÓN SEXUAL (2026)

Tengo el placer de iniciar hoy (acompañada por una Comisión de Organización compuesta por: Heidi Gehler, Alejandro Tolosa y Mariana Valenzuela), una serie de tres reuniones destinadas a abrirles el apetito por el tema del XV Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, que tendrá lugar entre el 30 de abril y el 3 de mayo de 2026. 

El título que convoca este Congreso es un célebre aforismo de Jaques Lacan acuñado en el año 1973 después de una prolongadísima cocción, hasta ser formulado en estos términos:

NO HAY RELACIÓN SEXUAL

Podréis imaginaros la conmoción que provocó, y no solo solo en el campo psicoanalítico, cuando Lacan lo propuso por primera vez. Hoy hace ya muchos años que lo conocemos, que lo trabajamos, que repetimos casi como un mantra, y sin embargo, no va de suyo, es decir, no deja de plantear interrogantes, también a los psicoanalistas, como al mismo tiempo, no deja de suscitar interpretaciones diversas.

Es para avanzar en su elucidación, imprescindible para afrontar la clínica de nuestros días, que nos encontraremos el año que viene en Paris con esta brújula.

(también se podrá seguir virtualmente para quienes no puedan asistir)

Para daros una idea del valor, incluso diría de la trascendencia que tuvo para Lacan llegar a esta fórmula, leeré una cita de su Seminario XX, Aún, (Encore), dictado en 1973, el que coloquialmente se conoce como el Seminario del goce, la he tomado de un excelente artículo de Jean Pierre Deffieux, titulado: No hay relación sexual, publicado en la Revista El Psicoanálisis Nº45, de reciente aparición.

Dice Lacan: Afirmo que el discurso analítico sólo se sustenta en la afirmación de que no hay, que es imposible plantear la relación sexual. Aquí es donde radica el progreso del discurso analítico. Fijaos lo que está diciendo, que en esta tesis es donde radica el progreso del discurso analítico, no es poco.  Reconozcamos que es una fórmula muy difícil de captar, y más para un público profano.

Hoy me conformo con que al menos podáis entrever, intuir, el carácter esencial que le otorga Lacan, porque con ella el psicoanálisis saca a la luz una verdad, una verdad que nos concierne en tanto seres hablantes, quizás sería mejor decir, seres hablados, y en consecuencia, como seres sexuados.

¿Cuál es el estatuto de este aforismo: NO HAY RELACIÓN SEXUAL en la orientación lacaniana del psicoanálisis?

Se trata de una premisa, con el valor que tiene esta palabra en lógica matemática, la de instituirse como punto de partida absoluto del que podrán deducirse teoremas y demostraciones. En un sistema lógico la premisa no se cuestiona, es como la piedra angular de un edificio, si se quita, el edificio se viene abajo. 

Y bien, en nuestro campo, que es el Campo Freudiano, ¿qué se deduce de esta premisa? Que para los seres hablantes: hay síntoma. Hay síntomas en los cuerpos hablantes, (como nos define Lacan en sus últimos tiempos) porque la relación sexual es imposible. Por el momento nos quedamos con esta definición circular, pues habría que hacer un larguísimo recorrido para deconstruir esa frase. Voy a intentar alguna aproximación.

Pero antes les voy a contar una anécdota muy divertida que relata Lacan en el Seminario XIX (…ou pire). Se trata de una conversación telefónica que mantuvo con Simone de Beauvoir que ilustra con la ironía que lo caracterizaba esta dificultad para desentrañar los conceptos psicoanalíticos. Saben que ambos pertenecían a un grupo de amigos, intelectuales, una suerte de inteligencia parisina en los años cuarenta. Parece que ella le llamó antes de comenzar a redactar El segundo sexo, para solicitarle un aporte psicoanalítico a su obra. 

Cito la respuesta de Lacan -también en este Seminario- Como le hice notar que harían falta cinco o seis largos meses para que pudiese aclararle la cuestión -es un mínimo, dado que hablo desde hace 20 años, y no es por casualidad-, me hizo observar que un libro que ya estaba en curso de ejecución de ningún modo podía esperar tanto tiempo, pues le parecía que las leyes de producción literaria excluían que tuviera conmigo más de tres o cuatro charlas. Después de lo cual, decliné ese honor. 

Como pueden observar, Lacan pensaba que le harían falta como mínimo seis meses para explicarle a esta señora de gran talla intelectual, nada menos que los secretos psicoanalíticos sobre el sexo, sus hallazgos sobre el goce y el amor.

¿Por qué no hay relación sexual?

Voy a dar otra vez la palabra a Lacan con una comparación que resulta siempre muy socorrida para ilustrar el carácter bizarro que toma la sexualidad en los seres vivientes que somos, habitados, desgarrados, desnaturalizados por el lenguaje. 

Muchas veces como contrapunto Lacan toma las coordenadas vitales del mundo animal para mostrar, precisamente, la heterogeneidad del mundo humano en lo tocante a la manera de experimentar las satisfacciones en sus infinitas variedades.

Así pues, a la pregunta ¿por qué no hay relación sexual?, responde en el seminario XIX, ou pire…Si hubiera una relación articulable en el ser hablante ¿debería enunciarse que va de todos los de un mismo sexo a todos los del otro? Esta es evidentemente la idea que nos sugiere la referencia a lo que denominé el modelo animal: aptitud por los que cada uno de los de un lado vale para todos los demás del otro. Esta cita se entiende muy bien, gracias la brújula que proporciona el instinto los comportamientos animales están programados, incluso en las especies donde se despliegan ciertos juegos de seducción entre el macho y la hembra antes de la copulación.

Pero al NO HAY de la especie parlante, permítaseme esta expresión, se contrapone un HAY,  -un juicio de existencia- ¿Qué hay, pues, a falta de la relación sexual que no hay? Hay cosas que la suplen, la principal de ellas: EL AMOR; el amor es, pues, una suplencia de la relación sexual que no hay, una manera de velar esa ausencia, esa oquedad, velarla con palabras, con imágenes, y por eso cobran tanta importancia las palabras de amor, sobre todo para las mujeres. No es sin embargo el único velo, la literatura, el arte, el psicoanálisis mismo, también lo son.

Ahora ya vamos a entrar en el terreno de las parejas y de sus singulares invenciones para entablar un lazo amoroso, también puede ser odioso, según el caso, o ambos a la vez, es lo llamado por Freud ambivalencia amorosa. Lacan es más contundente, inventó un neologismo para designar la imbricación entre el odio y el amor, en francés hainamoration (odioamoramiento).

Y para ello nos vamos a servir del excelente libro de Dalila Arpin (psicoanalista argentina que vive en Paris hace muchos años) PAREJAS CÉLEBRES, LAZOS INCONSCIENTES (Editorial Grama).

Conocemos por un artículo suyo aparecido en la revista ya mencionada: El Psicoanálisis Nº44, titulado precisamente, NO HAY RELACIÓN SEXUAL, una anécdota entrañable de sus 16 años que desvela el deseo que la impulsó a hacer esta investigación sobre lo que sostiene los vínculos entre las parejas. El horizonte del Congreso nos ha puesto a trabajar sobre esta piedra angular del edificio lacaniano, por eso encontramos un sinnúmero de artículos sobre el particular en nuestras últimas publicaciones.  Allí cuenta que este tema le apasionaba de tal modo, que solía organizar reuniones de amigos con el propósito de emparejarlos, casi siempre sin éxito. La anécdota es que Dalila tenía un hámster macho, regalo de un novio de aquella época, y la hija de la portera de su casa, una chica de 12 años, tenía un ejemplar hembra, y ambas acordaron un encuentro amoroso de los animalitos.  Observando el match de la pareja a través del cristal, las jovencitas quedaron fascinadas ante el espectáculo. Luego fue en su análisis donde hizo el descubrimiento de lo que provocó el encuentro entre sus padres, (eso no lo revela por supuesto) y ese descubrimiento la impulsó a escribir este libro.

Su libro comienza con una pregunta que surge al ver una “pareja despareja”, ¿Qué le vio? (así se dice en Argentina), (en francés: ¿qu’est-ce qu’il lui a trouvé? ¿qu’est-ce qu’elle lui a trouvé?) Porque en efecto, en la elección de un partenaire siempre hay algo oculto, enigmático, inconsciente, algo que en un análisis podemos llegar a descifrar.

Porque lo que está claro, y esto es lo que encierra la fórmula NO HAY RELACIÓN SEXUAL, es que no hay manual de instrucciones en nuestra especie parlante, para guiar nuestros pasos hacia el otro, para asegurarnos la felicidad del encuentro, para dar siempre en el blanco.El fallo, el tropiezo, el desencuentro, están siempre al acecho, son la moneda corriente de los vínculos entre los seres hablantes, mortales y sexuados, según los definimos en psicoanálisis. 

Sean hombres, mujeres, homosexuales, bisexuales, transexuales, o como quieran autodenominarse, como se dice en estos tiempos, si hay algo que podemos afirmar con certidumbre, es que el malentendido es lo único que está asegurado de antemano. Lacan llega a usar una expresión muy fuerte, habla de maldición del sexo, jugando con la homofonía en francés: maudire, mal dire, decir mal. Maldición remite a infelicidad, como si fuese una condena, una fatalidad, de la que es imposible escaparse. La condena del Logos…, porque por ser hijos de la carne y el Logos, el parlêtre, como lo designa Lacan, tiene que ingeniárselas con eso.

No caigamos por ello en el nihilismo, o el pesimismo, como tampoco en el otro extremo, el de dejarnos engatusar por las páginas de contactos, tan solicitadas hoy día, que nos proponen el identikit de la pareja ideal: una estafa.  Porque en verdad no sabemos muy bien ¿qué amamos en el otro?, creemos que es algún ideal que nos embelesa, y eso también está en los albores de los encuentros amorosos, pero en el reverso inconsciente de esa elección puede que se trate de otra cosa. Un hombre puede elegir a una mujer porque es huérfana, por ejemplo, como le ocurre a Arthur Miller con Marilyn, que comparte con su padre, Isidoro Miller, el rasgo del desamparo, porque Isidoro también sufrió de alguna manera el abandono de su familia cuando éstos emigraron a EEUU durante la guerra por ser judíos polacos, y él fue el único que permaneció solo en Polonia unos años más, esta marca dejó una profunda huella en él, que adoraba a Marilyn.

Debemos decir que el psicoanálisis no cura de esta malédiction du sexe, porque es incurable, connatural a nuestra existencia.En un psicoanálisis se habla mucho de esto, de que se folla mal, o poco, o no lo suficiente, o con la persona equivocada… pueden agregar todos los etcéteras que quieran. 

Pero también hay que decir, que si llegamos a aceptar esta condición después del  trabajo de aprender a leer en nuestro inconsciente, que lleva su tiempo, se abre la posibilidad de inventar alguna salida más digna, sintomática siempre, contingente y singular para cada pareja, que torne más vivible, incluso más divertida, la relación entre los sexos.

Voy a concluir con una frase de Jean Paul Sartre, que, como es sabido, mantuvo una relación muy peculiar con Simone de Bouvoir, (por su originalidad podrían haber estado presentes en el libro de Dalila) Nunca convivieron, pero permanecieron juntos hasta el final, y ambos mantuvieron relaciones con otras personas, ella, también con mujeres.

Entre nosotros se trata de un amor necesario, dijo Sartre, pero conviene que también conozcamos amores contingentes y pasajeros.

A continuación vamos a adentrarnos en el vínculo entre Marilyn y Arthur Miller (con la proyección de dos cortometrajes) antes de darle la palabra a Irina Schaller.

Ella: una mujer rota por dentro, revestida por una imagen de inigualable belleza, proyectada al infinito hasta nuestros días.

Él: un escritor judío, dramaturgo y guionista de izquierda en EEUU, perseguido por el macartismo en los años posteriores a la gran depresión, que junto a la segunda guerra mundial le marcaron profundamente, como se ve en su obra. Hay quienes dicen que supo reflejar como nadie la sociedad norteamericana de su tiempo, desenmascarando el mito del sueño americano. Su obra más aclamada, que le mereció el premio Pulitzer, La muerte de un viajante, es el reflejo de la caída de su propio padre, que perdió su fábrica textil y toda su fortuna en la crisis del 29. Todavía sigue proyectándose en el mundo entero. La versión cinematográfica de los años 80 protagonizada en el personaje de Willy Loman por Dustin Hoffman, es extraordinaria. 

La pareja estuvo casada durante cuatro años, la relación más duradera que tuvo Marilyn, y después de cuyo divorcio ella se quitó la vida. En medio de una fuerte depresión por su divorcio, Miller escribió febrilmente durante tres semanas: Después de la caída, la obra que refleja el descenso a los infiernos del personaje de Maggie, su mujer en la ficción. Fue su trabajo de duelo por la pérdida, y quizás también, una manera de justificarse ante la muerte de ella, movido por un sentimiento de culpabilidad. Estaba concluyéndola cuando se enteró de la muerte de Marilyn, y fue enormemente criticado por la sociedad americana de ese momento por poner al desnudo la trágica locura de Marilyn, ya convertida en mito universal para la posteridad.

¡Aún seguimos recordándola!

Amanda Goya, miembro AMP y ELP.

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