El inconsciente y su emergencia. ¿Cuestión de época?

¿Qué hace a la emergencia del inconsciente y qué sucede con los “desabonados del inconsciente”? ¿Tiene la época actual una incidencia mayor en este desabonarse? ¿Cabría pensar la impronta de nuestra época en relación al psicoanálisis como algo diferente a las resistencias que ha despertado desde su invención por Freud? ¿Y qué hay del deseo del analista en tanto él mismo participa de ese inconsciente que se produce? Las condiciones de posibilidad para la emergencia del inconsciente, y sus obstáculos, abrirán a la conversación propuesta.

Intervienen:

Araceli Fuentes

Julia Gutierrez

Gabriela Medín

Constanza Meyer

El momento en que surge el psicoanálisis no es cualquiera, dos siglos antes de que Freud descubra el inconsciente, Descartes había enunciado su cogito ergo sum, (pienso luego soy). Sin el cogito cartesiano, no tendríamos su fórmula invertida: “o no pienso o no soy”, que es la versión del cogito en psicoanálisis, la que da cuenta del sujeto del inconsciente a partir de una elección, no por el soy, sino por el “yo no soy”, que da al pensamiento su estatuto inconsciente.

El cogito del psicoanálisis, “o no pienso o no soy”, surge por una serie de transformaciones del cogito cartesiano, primero hay una intersección entre pensamiento y ser y después se niega esta intersección, convirtiéndolo en un “no pienso, no soy”, después, a partir de una operación de reunión se obtiene un “yo no pienso y yo no soy”. Finalmente, aplicándole a la reunión, la función de la elección forzada, el cogito cartesiano termina convertido en un: “o yo no pienso o yo no soy”, es decir en el cogito del psicoanálisis. Esta es la operación que realiza Lacan sobre el cogito cartesiano.

En su Reseña de la Lógica del fantasma[1], Lacan nos propone una nueva alienación que ya no es la que presentó en el S-XI que servía para definir la Represión a partir de una elección forzada. Ahora, la nueva alienación que nos presenta surge como un rechazo del inconsciente a partir de una elección forzada por el “yo no pienso”. Se trata de un rechazo del inconsciente en la medida en que éste está hecho pensamientos. P. 156 de 1,2,3,4 de JAM. [2]Esta nueva perspectiva le permite a Lacan situar la práctica analítica, a partir de una posición primera de rechazo del inconsciente. Así pone de relieve lo que tiene de artificio el discurso analítico, y la manera en que este discurso permite dar lugar al pensamiento inconsciente en la experiencia analítica, puesto que para entrar en análisis es necesario revertir este rechazo a través de lo que llama aquí “operación verdad” sostenida en la transferencia. Gracias a la operación verdad, el sujeto, a costa de su ser, se entrega al pensamiento inconsciente.

Si bien, la elección primaria del $ no es tomar partido por el inconsciente, esto no fue siempre así sino que comienza con Descartes y su cogito, “pienso luego soy”, con el que privilegia el pensamiento consciente, y el “yo soy”. Es lo que encontramos en el dicho: “Yo soy lo que digo que soy”, presente en el discurso woke y la ideología trans.

“Pienso, luego, soy” es también la elección de la ciencia. Esta elección por el cogito cartesiano le da al psicoanálisis su lugar pues al elegir el “yo soy” “libera todo un espacio de pérdida del que nosotros sacamos provecho”[3]. El precio que paga el lógico positivismo por reducir la filosofía a ser una variante del mismo, es patente en sus publicaciones donde va a la par con las sabidurías orientales. Elegir el rechazo al inconsciente, es elegir el dominio y el desconocimiento del sujeto como efecto del lenguaje, en la que el yo se imagina amo de su ser. A esta elección Lacan se refiere como la “menos peor”, mientras que sitúa “lo peor” en la elección por el inconsciente, a toda costa. Pero por esta elección por el inconsciente, no se opta, uno se encuentra por sorpresa en ella. Lacan en 1970, cuando dice que es la peor, se refiere al peligro que supone preferir al inconsciente, desentendiéndose de lo real.

La práctica analítica enseña que el inconsciente puede ser invocado a partir de este “yo no pienso” y pasar después a un “yo no soy” a través de las emergencias de la verdad y de la transferencia. El psicoanálisis se sitúa necesariamente en el realismo lógico para el cual lo simbólico de la palabra se anuda a lo real del goce. Operamos con la palabra y tenemos   necesidad de encontrar el cómo hacerlo. Lacan propondrá el ejemplo del oráculo que, ni revela ni esconde, pero hace signo de lo real, como el mejor modo de usar la palabra en la interpretación sin desentenderse de lo real en juego. A lo que hemos de añadir que la lógica no borra lo oracular de la interpretación.

Un ejemplo: un analizante habla y su palabra es una queja. No puede hablar de otro modo, además, no para de hablar, aunque su palabra no tenga peso ni autoridad con sus hijos, quienes han aprendido a quejarse como un modo de escaquearse de sus obligaciones. En sesión se queja de lo que pasa con sus hijos. La queja es un goce adherido a la palabra que viene de su madre, una mujer temerosa y quejica. Un día, consigue expresar lo que le pasa diciendo: “mi oído busca la queja”. Efectivamente, él consigue que el oído, que es un orificio que ni se cierra, ni está dotado de movilidad, busque y encuentre en la queja una manera de gozar obturando la posibilidad de escuchar algo diferente que la queja.

Quejarse no es lo mismo que querer cambiar, puesto que goza de eso. Justifica su imposibilidad de callar en su nacionalidad, en su país se habla mucho, según dice.

Un día su analista interrumpe abruptamente su queja y con contundencia afirma: ¡jaque! Él se desconcierta, no entiende nada, la analista corta la sesión. ¡Jaque! Es una jaculación, un decir desligado del dicho, no explica nada. Si es una interpretación tendrá efecto, pero eso sólo lo sabremos après coup.


[1]Lacan, Jacques., Otros Escritos, La lógica del fantasma, Reseña del Seminario de 1966-1967. P.343. Paidós. Buenos Aires 2012.

[2]Miller, Jacques Alain, Seminario Los cuatro de Lacan 1,2,3,4, Tomo 2, P. 156. Paidós. Buenos Aires 2022

[3]Miller, Jacques Alain, Seminario Los cuatro de Lacan 1,2,3,4. Tomo 2, p.159. Paidós. Buenos Aires 2022

La palabra es la que instaura la mentira en la realidad. Precisamente porque introduce lo que no es, puede también introducir lo que es. Antes de la palabra, nada es ni no es. ……. La palabra introduce el hueco del ser en la textura de lo real

Lacan Seminario 1. Pag.333-334

Desde el comienzo de su enseñanza, hasta el final con el concepto de lalengua y apuntando al moterialismo del lenguaje, Lacan nos ha enseñado acerca de la importancia de la palabra para los seres humanos. Es la que moldea nuestro estar en el mundo y nos permite tener un cuerpo, sacándonos para siempre del reino animal.

La palabra, entonces, es lo que nos hace humanos y la que instaura la “realidad” de cada uno. ¿Qué lugar para la palabra hoy?

Asistimos a la paradoja de un momento histórico donde hay lenguaje por todos lados, donde las llamadas inteligencias artificiales no son otra cosa que grandes motores de lenguaje (LLM) capaces de establecer una comunicación con los humanos que “conversan” con ellos. En la vida digital el lenguaje prolifera, también florecen las prácticas que proponen hablar para entender, para explicar, para gestionar las emociones, para mejorar la comunicación, para modelar la identidad y la conducta. Pero, a la vez, la palabra ha perdido su valor. Acompañando el “puede decirse cualquier cosa”, se ha despojado a la palabra de su función de dar lugar a una enunciación, ha perdido el valor de dar cuenta de la posición y de lo singular de un sujeto.

En una conferencia reciente a estudiantes Ch Alberti planteaba:

Nos encontramos en un momento crucial en el que el estatuto de la palabra es interrogado e incluso cuestionado…. Vivimos en una época en la que se desarrolla el delirio de un lenguaje unívoco, enteramente eficiente, un lenguaje reducido al código binario del cómputo (0,1).

Y se preguntaba

¿En qué sentido el discurso analítico se revela perforante, subversivo? Es debido a un gusto, a un deseo común, que puede condensarse en el valor especial que le otorgamos a la palabra, a la palabra como experiencia, como acontecimiento del cuerpo, también como desgarro. «Cada vez que un hombre habla a otro de modo auténtico y pleno, […] algo sucede que cambia la naturaleza de los dos seres que están presentes«.[16]”

El psicoanálisis es una experiencia de palabra, pero es una experiencia que a diferencia de otras prácticas no busca la dominación, ni la domesticación. La experiencia de un análisis restituye a la palabra el valor subjetivo.

Es el analista que, habiendo transitado él mismo esta experiencia y animado de un deseo por extraer lo singular de cada sujeto que se destila en su decir, puede, ante una demanda de alivio o de queja por un malestar, intervenir para convertirla en una pregunta acerca de aquello extraño que nos habita.

Ahora bien, en esta época, eso extraño que nos habita, aparece muchas veces bajo la forma de un exceso, imposible de regular.

El texto de Roger Litten es muy claro al respecto. “Recibimos pacientes..que dan testimonio de encuentros traumáticos con un modo de goce que escapa a la regulación de las coordenadas simbólicas de las que dispone un sujeto” Allí habla de que podemos ubicar en el trabajo analítico, más que una rectificación subjetiva , una rectificación de goce.

En esta viñeta, de un caso que sigo hace algunos meses, podemos ver cómo es la intervención del analista la que introduce la dimensión inconsciente, como algo que aparece en este sujeto a pesar de la voluntad consciente de control. Una rectificación que devuelve al sujeto la dimensión singular de la palabra para nombrar su padecimiento y su goce.

Día de la intervención, de izquierda a derecha: Gabriela Medín, Constanza Meyer, Araceli Fuentes y Julia Gutierrez

Buenas noches y bienvenidos a este primer encuentro de Las Noches de la Escuela de camino a las XXIII Jornadas de la ELP “Del malestar al síntoma. Entradas en análisis” a celebrarse los días 23 y 24 de noviembre en Bilbao.

La comisión a cargo de estas actividades preparatorias ha trabajado el argumento de presentación de las jornadas y otros textos de la web y pensamos que una buena manera de entrar en tema era conversar sobre algunos puntos que allí se plantean. Insisto en que se trata de poder conversar por lo que hemos querido invitar a las colegas que me acompañan para que cada una pueda abrir una vertiente a discutir sobre “El inconsciente y su emergencia, pero centrándonos en un aspecto que se encuentra en los textos y que es la referencia a la época. Por ello, el título de esta mesa incluye el interrogante ¿Cuestión de época?

En la convocatoria trasladábamos además otras preguntas sobre cuestiones como el rechazo al inconsciente o la resistencia al psicoanálisis, si se observa una mayor o menor incidencia de lo simbólico, así como a lo que desde el comienzo se juega en relación con el deseo del analista cuando recibimos a alguien que demanda. ¿Qué hace a la emergencia del inconsciente y qué sucede con los “desabonados del inconsciente”? ¿Tiene la época actual una incidencia mayor en este desabonarse? ¿Cabría pensar la impronta de nuestra época en relación al psicoanálisis como algo diferente a las resistencias que ha despertado desde su invención por Freud? ¿Y qué hay del deseo del analista en tanto él mismo participa de ese inconsciente que se produce? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad para la emergencia del inconsciente y cuáles son los obstáculos que tienen que ver con la época?

Sin duda la época y el empuje del pseudo-discurso capitalista tienen un efecto en los sujetos contemporáneos, en sus discursos y en el tipo de demanda que dirigen cuando consultan. Hoy es innegable la pregnancia de lo imaginario, el declive de lo simbólico, y el privilegio del objeto y el goce como bienes preciados. Sin embargo, cuando recibimos a alguien con su malestar casi siempre se abre una posibilidad de que algo diferente emerja por detrás de un conjunto de dichos congelados. Si bien nunca hay garantía, ni tampoco es posible una generalización, en la escena del uno por uno y con la puesta en marcha de la transferencia apostamos a que el sujeto dé a leer y lea él mismo su texto.

En la conferencia de Ginebra Lacan nos da algunas pistas para no caer en los lugares comunes ni desorientarnos con la cuestión de época, va señalando los mojones del recorrido que va del malestar al síntoma y subrayando que un analizante es aquel que trabaja para dar forma a una demanda de análisis. Este aspecto nos interesa porque hoy en día la transferencia con el psicoanálisis no está garantizada y se percibe a menudo un rechazo cargado de juicios previos, por ejemplo, en relación a la duración de un recorrido o a los costes de un psicoanálisis. La demanda no es clara desde el primer momento y es por ello que se trata de escuchar el decir que discurre tras el malestar, apostando por que de allí pueda surgir otra cosa. ¿Qué busca realmente quien consulta? ¿Es posible transformar la demanda de un saber preestablecido para eliminar el malestar en una interrogación? Precisamente esas entrevistas preliminares cobran peso porque se trata del tiempo en que el síntoma podrá ir tomando forma en un relato dirigido a un otro al que se le supone un saber, con el anhelo de descifrar y otorgar un sentido al malestar y también de verificar si quien consulta está dispuesto a producir alrededor de su síntoma un texto que dará a leer. Pero en este tiempo no basta con el acogimiento de la demanda. Jacques-Alain Miller nos recuerda[1] que no sólo hay una escucha que acoge y una invitación a la asociación libre, debemos dar lugar, asimismo, a un consentimiento, una Bejahung inaugural, un sí del analista y también del futuro analizante. Lo que no es sin un acto del analista que tiene en el horizonte la indicación de Lacan en el Seminario 11 sobre la diferencia absoluta. Suponer esa diferencia es ya una apuesta que da lugar a la emergencia de lo más singular del encuentro con lalengua en ese parlêtre.

Pero, ¿cómo dar paso a un acto del analista que inaugure otro tiempo en el despliegue de la demanda y la entrada en otra lógica en un momento en que prima la búsqueda de la solución inmediata? Lacan siempre puso en cuestión la teoría de la comunicación para señalar su punto de fracaso en el reino del malentendido y de ello dan cuenta los cuerpos hablantes desconcertados por la no correspondencia entre el significante y el significado, la no proporción entre los cuerpos sexuados, entre los goces. En la conferencia sobre el síntoma Lacan se interroga sobre lo que implica sostener la hipótesis del inconsciente sin tener en cuenta que es la forma en que el sujeto da a ver su división tras el encuentro entre el cuerpo y lalangue[2]. Miller, por su parte, afirma que “(…) el fenómeno elemental está ahí para manifestar el estado original del sujeto con la lengua”[3] porque deja ver el efecto del significante solo e insensato cuyo núcleo constituye una opacidad irreductible e inaccesible por el sentido. Toda interpretación, por tanto, apuntará a separar, escandir, interrumpir la inercia de la cadena significante que tiende siempre a recomponer el delirio interpretativo en bucle. Provocar el cortocircuito de esa inercia permite que se instale otra lógica que dé lugar al Uno del sinsentido, en tanto respuesta a lo contingente y singular de un encuentro. Porque como bien señala Lacan es en el moterialisme donde se halla el asidero del inconsciente, lo que constituye una invitación a despejar la maleza que cubre el decir singular de ese parlêtre, por lo que el analista tendrá que apuntar a hacer resonar eso que allí no deja de insistir. En “(…) la resonancia de la palabra (…)”[4] entendida como algo constitucional y con la presencia del cuerpo del analista se podrá ir despejando el Uno que anhela coagularse al objeto (a) y que desorienta al sujeto en busca de una identidad dentro del “para todos”, de ese otro Uno solo que itera a partir del equívoco que escribió el sinsentido del síntoma para poder hacer ahí con él otro anudamiento.


[1]
                  [1] Miller, Jacques-Alain, Causa y consentimiento, Paidós, Buenos Aires, 2019, p. 41.

[2]
                  [2] Lacan, J., “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1993, p. 124.

[3]
                  [3] Miller, Jacques-Alain, “La interpretación al revés” en Entonces, SsSh, Edic. Eolia, Barcelona, 1996, p. 12.

[4]
                  [4] Ibíd., p. 133.

Entradas posibles, entradas imposibles. La clínica a la entrada

¿Puede el deseo del analista ser suficiente para resquebrajar la armadura de está época y permitir la transformación del malestar en síntoma analítico? ¿Cómo diferenciar las dificultades de la entrada en análisis debidas a nuestro tiempo de los obstáculos a dicha entrada propios de cada caso? ¿Es posible situar qué hace posible una entrada en análisis como también el obstáculo para la entrada en algunos casos? La clínica de las entradas, posibles e imposibles, enmarcarán el trabajo de este encuentro.

Intervienen:

Andrés Borderías

Angélica Marchesini

Blanca Medina

Luisella Rossi

Comisión de organización de las Noches de la Escuela de la Sede de Madrid: Hacia las XXIII Jornadas de la ELP. Del malestar al síntoma. Entradas en análisis:


Blanca Cervera (responsable), Anna Geretto, Javier Garmendia (responsable), Marjorie Gutiérrez, Blanca Medina, Constanza Meyer, Julieta Miguélez, Luisella Rossi, Mariana Valenzuela

Día de la intervención, de izquierda a derecha: Blanca Medina, Andrés Borderías, Angélica Marchesini y Luisella Rossi

El pasado martes 19 de noviembre se llevó a cabo en nuestra sede, el segundo encuentro de las Noches de la Escuela, evento enmarcado en la preparación para las Jornadas «Del malestar al síntoma. Entradas en análisis».

Este encuentro tuvo como eje central la temática: «Entradas posibles, entradas imposibles. La clínica a la entrada».

En la mesa participaron con presentaciones clínicas Andrés Borderías, Angélica Marchesini, Luisella Rossi y Blanca Medina, quien también asumió la función de coordinar las intervenciones.

La propuesta giró en torno a algunas preguntas fundamentales planteadas por la comisión organizadora:

¿Qué hace posible una entrada en análisis, y cuáles son los obstáculos que la dificultan en ciertos casos?

¿Puede el deseo del analista ser una herramienta eficaz para quebrar las resistencias contemporáneas y transformar el malestar en síntoma analítico?

¿Cómo discernir entre las dificultades propias de la época y los obstáculos singulares de cada caso en el acceso al análisis?

¿Tiene la época actual una incidencia mayor en el desabonarse?

La presentación de las viñetas clínicas permitió explorar la clínica de las entradas, tanto en sus posibilidades como en sus imposibilidades. Se abordaron cuestiones estructurales y contingentes, señalando cómo los desafíos del contexto contemporáneo—marcado por el discurso capitalista, la aceleración de los tiempos y las demandas de satisfacción inmediata—impactan en el malestar subjetivo y en la posibilidad misma de que un sujeto pueda iniciar un recorrido analítico.

Un punto clave fue la reflexión sobre la dimensión del acto del que se autoriza como analista, así como el consentimiento no sólo del analista sino también del sujeto que pide un análisis. Este segundo encuentro resultó ser una rica oportunidad para repensar las bases clínicas, situándonos en las entradas, y teniendo en cuenta la clínica del parlêtre. Las viñetas fueron un disparador para el trabajo posterior de conversación y debate entre todos los asistentes.

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