Vídeo de la clausura

This must be the place (Un lugar para quedarse), es el título de la canción de Talking Heads que dio el toque de alegría para la clausura de las XXIII Jornadas de la ELP que tuvieron lugar en Bilbao.

Resume bien este vídeo la disposición, el cuidado y saber hacer que hemos recibido de tantos colegas a la hora de ponerse al trabajo, para que estas Jornadas fueran posibles. Allí están sus nombres.

Habrá aciertos, algunos errores y por supuesto, cuestiones a mejorar y poder leer con el tiempo y el cuidado que merecen para la orientación por venir de las futuras Jornadas de la Escuela y más allá.

Queremos agradecer al Consejo y a la Presidenta de la ELP, Montserrat Puig, la confianza que nos han dado para dirigir las Jornadas, así como su orientación en todo momento.

A los Directores de las Comunidades, Secretarios de sede de la ELP y responsables de los espacios preparatorios hacia las Jornadas.

A la Presidenta de la AMP, Christiane Alberti, y a los distintos colegas de las diversas Escuelas de la AMP que nos han orientado y acompañado durante las Jornadas.

A los responsables del Instituto del Campo Freudiano en España y responsables del Seminario del Campo Freudiano en las diversas ciudades.

Y a todos y cada uno de los colegas que se pusieron al trabajo por responsabilizarse de sus funciones de principio a fin. No siempre ocurre y es gracias a ese trabajo y deseo sostenidos que unas Jornadas se pueden hacer.

Muchas gracias

Eskerrik asko

Moltes gràcies

Moitas grazas

Marta Berenguer y Julio González

Directores de las XXIII Jornadas de la ELP

«Del malestar al síntoma. Entradas en análisis».

Con las Jornadas “Del malestar al Síntoma” tuvimos la oportunidad de compartir las consecuencias de un psicoanálisis en un sujeto que pone en marcha su inconsciente, a partir de poder tomar al analista como un objeto libidinizado. ¿Dónde comienza un análisis? Como bien lo señaló Neus Carbonell, allí donde se transfiere al analista al lugar de la causa de la producción del saber en el análisis, mostrando el modo de hacer con el objeto causa desde el inicio. Carolina Koretzky expuso cómo se hace la entrega al Otro del objeto, cómo “pedir al Otro el objeto que oculta”, un Otro que supone que sabe lo que al Uno solo le pasa.

Carmen Cuñat, por su parte, nos habló de la relación con el saber en la experiencia analítica, ese saber que se dirige a un Otro que hace comparecer al inconsciente. Como Cuñat sostuvo, “todos pueden ser candidatos al análisis”. Eso mismo nos demostró José Ramón Ubieto, al presentar en un candidato de la experiencia analítica cómo se retiene el objeto al comienzo, sin soltarlo, hasta que el sujeto cede y se despega de esa posición inicial. Amanda Goya y Francesc Vila, en cambio, tomaron casos en los que los sujetos no hacen al Otro depositario de un objeto, sino que gracias al analista se hacen del sostén de algún discurso.  Así, al erigirse depositarios activos, se advierte un nuevo orden a partir de los materiales existentes. Discursos que hacen barrera al goce y que se traducen en una pacificación en la vida de los sujetos. En resumen, a partir de las ponencias que dieron cuerpo a estas excelentes jornadas, hemos logrado adentrarnos en ese lugar esencial que ocupa el analista como causa del discurso del analizante.

Cuando Carolina Koretzky comentó sobre el «pot-au-feu», describió cómo contar las repetidas —y elaboradas— explicaciones sobre lo que ha pasado en la vida de uno mismo puede ser comparable a cocinar a fuego lento. Elegí ese extracto porque me parece muy ilustrativo de lo que significan las resistencias para no entrar en análisis: mientras se cocina la salsa a fuego lento, no se entra en análisis.

Esta vez el “flash” es necesariamente desde mi preocupación de que cada detalle estuviera en su sitio en la Organización de las Jornadas que han tendido lugar en Bilbao.

Aún así, he de decir que también pude escuchar atentamente y me tocaron especialmente los Testimonios de Pase de Neus Carbonell y de Carolina Coretzky.

Cada una con su estilo propio: El de Neus, que fue su primer testimonio, a mi modo de ver, con un estilo literario inédito, a la vez que con los puntos cruciales nítidos. El de Carolina, en “formato” Conferencia, con su estilo claro y directo. Ambos me transmiten claramente cómo cada análisis, incluído su final son una experiencia única.

A señalar también el buen trabajo de las mesas simultáneas y destacaría en especial, una de Clínica con niños, en la que me tocó estar, “limpia y fresca”.

Esto, entremezclado con preocupaciones: de un retraso de vuelo de unos invitados,  de un micrófono que no funcionaba, y la inquitud que me transmitió una colega de la Comisión de organización “in situ”: ¿Y si no llega el agua que hemos traído para los ponentes?, que cómo podréis suponer, nos produjo un efecto de chiste, que hacía que nos fijáramos en si los ponentes terminaban su botella de agua o no.

Y  otra impresión, fue el excelente ambiente que tuvimos entre los componentes de dicha Comisión, entre quienes fluía la colaboración y las respuestas rápidas y bien articuladas, con una alegría por cómo iban saliendo Las Jornadas…Vaya si fluía el agua, los mensajes y…la Transferencia a la Escuela!

Gracias

Richard Serra, Instalación «La materia del tiempo». Guuggenheim de Bilbao.

De la expectativa al disfrute y lo que queda: concluir. Calculo que el segundo tiempo se extenderá; la emoción continúa, como un eco que promete dejar huella.

En una época de empuje al goce, de falta de referencia, de palabra vacía, ¡qué importante es rescatar la emoción que causó el testimonio de Neus! El “psicoanálisis me permitió amar” de Carolina Koretzky, la responsabilidad de construir del malestar un síntoma analítico y la apuesta por el inconsciente como la vía regia para encontrarnos con ese otro discurso posible.

El pasaje del malestar al síntoma requiere de la presencia del analista, y estas jornadas nos han convocado precisamente a trabajar por ello.

El psicoanálisis no está garantizado: debemos sostenerlo. El trabajo de la escuela es imprescindible, por eso, es importante formar parte de estos eventos que nos reúnen y nos enseñan.

Las jornadas fueron emocionantes.

Lo que queda es, en principio, alegría; causa para continuar aquello con lo que se trabajó y, sin dudas, el agradecimiento a aquellos que lo hicieron posible.

Bilbao me recibe con una visita al Guggenheim y la exposición del escultor Richard Serra, La materia del tiempo me impacta. Este laberinto de formas geométricas curvas e impredecibles me guía directamente al tema que nos reúne. La entrada en análisis implica un movimiento, sin garantías, hacia un destino desconocido. Se sale por donde se entra, pero definitivamente, no de la misma manera.

Me llevo de estas jornadas nuevos interrogantes y resonancias. Si Lacan nos indica que “resistencia hay una sola: la resistencia del analista”1 entonces me pregunto ¿qué puede ofrecer el discurso psicoanalítico hoy? ¿Es el silencio el acto inaugural, para darle la palabra a aquellos que tienden a obturar la división con objetos de goce? ¿Cómo buscar el consentimiento de quien nos consulta a apostar al enigma, al saber no sabido, por sobre las respuestas satisfactorias de ChatGPT? ¿Hay entrada en análisis posible, en línea, sin la presencia de los cuerpos? ¿Ha existido alguna época en que fuera el analizante el encargado de producir el inconsciente o ha sido siempre aquella la tarea del analista? ¿Será ante la proliferación de las técnicas para tratar a los desabonados del inconsciente, donde precisamente la ética psicoanalítica deba advenir? ¿Será la época del bien común una piedra en el zapato del analista o en cambio la oportunidad de hacer valer su acto más que nunca, uno por uno, cada vez?

Estupendas y enseñantes jornadas para seguir dando una(s) vuelta(s) más a las entradas en análisis. La idea que me viene a modo de flash es que el hueso con el que se entra en análisis es el mismo con el que se sale al terminar el análisis, pero visto desde otra perspectiva.

Escuchar la demanda, transferencia, localizar el goce y consentir a ello, formalizar el síntoma, son las frases que hemos escuchado repetidamente en las sesiones clínicas y en las plenarias también. Cómo y en qué casos es posible un análisis cuando el malestar actual se viste de los términos de rechazo al inconsciente. Rescato una frase a modo de flash: encontrar datos en las entrevistas preliminares, encontrar un sujeto en su singularidad decidido a poner sus cartas en juego y podrá haber un análisis.

El impactante primer testimonio, “Suquetdepeix”, de Neus Carbonell, AE de la Escuela Una, abrió interrogantes y el espacio al trabajo.

La conferencia “Recorrido de un exilio” de Carolina Koretzky donde planteó «Lo que me permitió amar fue la propia estructura del dispositivo analítico”.

Lo vivificante del encuentro con los colegas, fuera de las pantallas y con el cuerpo.

La gran tarde de trabajo en las simultáneas me permitió escuchar a diferentes colegas. Rescato la mesa “Comienzos de análisis en niños y adolescentes” donde Jorge Lastra Lucena, Jenirée C. Marín González y Marta Gutiérrez Alsina, han presentado tres casos muy interesantes que me permitieron repensar mi propia clínica con niños.

“This must be the place” (Un lugar para quedarse), es el título de la canción de Talking Heads que dio el toque de alegría para la clausura y que creo que muchos de nosotros seguimos repitiendo durante los días posteriores al encuentro.

«Home is where I want to be

«Estás jornadas han sido una experiencia de vivificar el deseo del analista». Punto de encuentro y divergencia que ayuda a encontrar una misma corriente en nuestra práctica clínica».

Unas cuantas frases que remueven y orientan, entre ellas una: “Uno no es responsable de lo que recibe, pero sí que lo es de lo que hace con lo que ha recibido…” Unas primeras orientaciones sobre el hacer de la Escuela, sobre las propuestas del futuro y los deseos puestos en las Jornadas. Un primer testimonio, que conmueve y que inaugura una serie que vendrá después, seguido de unas intervenciones que siguen la construcción de unas Jornadas emocionantes, llenas de verdades, de enunciados, de ficciones y relatos. Unas simultáneas, siempre de difícil elección, pero directas al tema, del malestar al síntoma, de lo real del goce, del consentimiento para que se dé un análisis, de sujetos que hacen una demanda y que se tendrán que hacer cargo de su goce.

Un montón de encuentros, muchas miradas, risas, confidencias, música, letras, libros, decires, transferencias y más Escuela.

Las XXIII Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis “Del malestar al síntoma, entradas en análisis”, celebradas en Bilbao el 23 y el 24 de noviembre de 2024, han resonado en mí renovando lo vivo de mi deseo por el psicoanálisis.  El primer testimonio de Neus Carbonell me conmovió y, tanto las plenarias, conferencias, como la presentación de casos en las salas simultáneas a las que asistí, me han abierto preguntas que me siguen orientando para seguir trabajando con un deseo decidido.

Retomo una frase de Guy Briole en su conferencia “Preliminares, amor y acto: “…Los discursos actuales prometen un suplemento de goce… el derecho a la felicidad en vez de la ética del buen decir… la gente viene a pedir una cosa que ni ella misma tiene ni idea…”. 

Constato en la clínica que algunos sujetos que llegan a mi consulta vienen rebotados de psicólogos que aplicando la prisa y la precipitación derivadas de la aplicación de los protocolos, que es lo que prima en la época actual, y queriendo hacer desaparecer los síntomas rápidamente en un intento de responder a la demanda de “la búsqueda de la felicidad” han tenido consecuencias nefastas para dichos sujetos. Apostemos por el psicoanálisis lacaniano.

Presentar un caso es siempre para mí una experiencia valiosa porque me interroga. Permitirme presentar un caso en las jornadas ha sido además una experiencia de Escuela.

Transformada por cierta caída del Otro del saber, tocada por esta imposibilidad, es desde esta posición que me aventuro. Es desde este lugar como opera el deseo del analista, para hacer surgir al sujeto, del malestar que lo aqueja al síntoma que lo interpela.

Quiero agradecer a la organización y a todos los que han hecho posible estas jornadas, con su trabajo, participación y su presencia. Ha sido para mí un encuentro especial, que me impulsa con más deseo al trabajo.

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