TALLER CLÍNICO Nº 2 : EPÍGRAFES: FAMILIA QUE SE LAS ARREGLA, LOCURAS FAMILIARES Y RECHAZO DE LA FAMILIA.
1. ¿Cuáles son tus impresiones sobre este formato de talleres clínicos preparándonos hacia PIPOL?
En primer lugar, quisiera resaltar que este espacio se planteó como un espacio de investigación conjunta y no de enseñanza. Decidimos hacerlo mixto, de manera que las personas que viven en Madrid asistieran presencialmente, pero también otros colegas de otras comunidades del mundo de la AMP pudieran unirse. Esto en principio tuvo una respuesta muy numerosa que se fue diluyendo en cierta medida con el tiempo.
A la escucha de lo que no funciona en la familia y también de los nuevos intentos de arreglárselas con eso dedicamos cinco sesiones de un taller por mes de febrero a junio.
Trabajamos con viñetas clínicas relacionadas con los epígrafes: familia que se las arregla, locuras familiares y rechazo de la familia que nos remiten, más bien, a la disfuncionalidad de las familias contemporáneas, modeladas por el individualismo más que por la tradición, con más variabilidad que antaño y a menudo con mayor desorientación. En estos tres epígrafes lo que constatamos es el pasaje del síntoma familiar a la familia disfuncional de nuestra era. Lo que hace familia hoy no es tanto la pareja como el hijo. El hijo como objeto. En el rechazo al síntoma hay un empuje a gozar, un superyó feroz del que testimonian los casos presentados. El estrago es ese hijo confrontado a lo limitado de un otro loco y no castrado.
El modo de trabajo fue presentar dos viñetas clínicas en cada encuentro. Se decidió que las viñetas fueran previamente enviadas a los participantes inscritos en el taller de modo que todos pudieran leerlas. En las sesiones las viñetas eran comentadas, no por sus autores sino por otros participantes del taller. Asimismo, decidimos en cada encuentro trabajar un texto de referencia, también presentado por otro participante del taller. Esto ha sido muy enriquecedor, ya que hemos buscado textos que resonaran con las viñetas y nos ayudarán a pensar sobre ellas. También animamos a leer los textos de la web de pipol 12.
Finalmente, después de cada encuentro algún otro participante se hizo cargo de hacer un breve resumen que permitiera seguir el hilo de una reunión a otra y extraer algunos puntos vivos desde la enunciación de quien hace el resumen. Estos resúmenes se enviaban junto con la siguiente convocatoria del taller, de modo que los participantes recibían el resumen de la sesión anterior y las viñetas y el texto que se iban a trabajar en la siguiente reunión. Este modo de trabajo nos ha permitido ir tejiendo una elaboración epistémica y, además, ha dado lugar a un trabajo entre varios que en mi opinión ha resultado muy interesante. La idea era también animar a la gente a ir a Pipol o mandar trabajos al blog, y me parece que así ha sido ya que algunos de los trabajos que se han presentado en el taller fueron aceptados en Pipol.
2. ¿Qué enseñanza o ideas habéis podido extraer de esta experiencia?
Quisiera empezar con una consideración acerca de la importancia del tema al que se dedica este año el Congreso Pipol 12. A pesar de los profundos cambios sociales que experimentamos la familia no deja de tener un lugar central que deriva de su función. La función de la familia es hacer emerger un sujeto. El niño es primero un objeto y debe ser liberado de eso para poder responder por sí mismo desde lo simbólico.
No hay familia sin malestar: o constriñe demasiado a sus miembros o no es capaz de poner un freno al goce. Sin duda la familia está experimentando cambios profundos que la alejan de cualquier idea de anclaje “natural”. Encontramos hoy una gran diversidad de familias, cuya invariante es, más allá de la satisfacción de necesidades, transmitir un deseo que ordene el goce. Pero en esa transmisión hay algo que queda fuera, un hueso irreductible que no se puede resolver por la transmisión de valores, límites etcétera. Las familias generalmente pretenden que la educación recubra todo y lo que se encuentran es que el goce no desaparece, hay algo que parece no tener solución y con lo que las familias se las tienen que arreglar.
Siempre hay algo que resolver en los vínculos de la familia como si en ella hubiera siempre un problema no resuelto. La familia está unida por un no dicho que es siempre un secreto sobre el goce del padre y la madre. La familia trasmite identificaciones y también un resto, lo que no se dice, el goce de los padres, los secretos familiares, lo reprimido. Este resto aparecerá en forma de síntomas en momentos de crisis.
Para un psicoanalista orientado por la enseñanza de lacan se tratará de acoger los síntomas sin crear la ilusión de un ideal familiar que forma parte del discurso del amo.
Si la familia tradicional se estructuraba respecto al padre castrador, las familias contemporáneas a menudo se organizan alrededor de la imposibilidad de registrar la pérdida y no digamos trasmitirla. Es lo que hemos constatado en el trabajo del taller.
En las viñetas trabajadas los analistas efectúan pequeñas operaciones de separación que pueden ser decisivas y muestran la importancia del encuentro con un analista así no sea durante más que unas pocas sesiones como sucede en los dispositivos de atención breve.
Habría dos modos de pensar la familia: por una parte, como ficción, discurso, relato, significantes privilegiados e identificaciones; todo un entramado simbólico imaginario que permite al sujeto sostener el apego a un goce que esa trama de significantes familiares cifra. Por otra parte, está lo que resta de esa novela familiar, es decir el goce que se juega en la familia puesto en escena en el fantasma y el superyó. El amor que parecen tener los miembros de una familia entre sí puede estar al servicio de encubrir el punto en que la pulsión ha quedado fijada a los objetos familiares o a las condiciones de amor. El goce que depara la familia la transforma en un obstáculo para que un sujeto abandone la causa familiar por una propia. La consecuencia de esto es el aplastamiento del deseo.
El análisis sería un proceso de «desfamiliarización», un atravesamiento de los emblemas que permita encontrar lo que causa el deseo más allá de la novela familiar. Se trata por tanto de ir de lo familiar a lo singular, a cernir la fijación de goce en cuestión. Constatamos como la familia es cada vez más difícil de ser abordada como ficción , ya que más que significantes, lo que se transmite es un modo de goce.
Es capital también la idea de que la familia es el lugar del malentendido entre los sexos: nuestra herencia es siempre el encuentro de dos que no hablan la misma lengua, que no se escuchan ni se entienden.
Finalmente, también extraemos la idea de que no hay una causa directa en la familia. El sujeto se deduce no de quién fue su familia sino de lo que hizo con lo que encontró.
Como conclusión en todas las viñetas vemos que el psicoanálisis hace del malestar en la familia un punto de articulación que relanza el circuito de la palabra. Se trata de reintroducir al sujeto errante en el circuito de la palabra verdadera, haciendo lugar al malestar y a lo incurable. En estos casos tan graves que hemos trabajado finalmente lo que se espera del analista es una intervención que no deshumanice y que ayude al sujeto a tratar su propio real de manera que pueda salir adelante sin recurrir al pasaje al acto.
Beatriz Garcia – Miembro AMP y ELP