Si hay algo que nos distingue a los seres humanos de todo lo conocido que existe en el universo es el lenguaje, es que hablamos. Hasta el punto de que en el psicoanálisis utilizamos la expresión PARLESER, traducción de Sergio Larrier a partir de PARLÊTRE, introducida por Lacan, o sea “el ser que habla”, para designarnos.

              Si, ya sé que algunos animales tienen lo que hemos acordado llamar “lenguaje”, pero no es como el nuestro, esos son lenguajes de signos, frecuencias de sonidos, ciertos movimientos o rituales…etc. No como el nuestro con sus leyes gramaticales, su sintaxis y su léxico, sus metonimias, sus metáforas, sus significantes y significados, sus equívocos, sus entonaciones.

              Cuando vi el título del libro de Elizabeth, inmediatamente me sentí interpelada… . Solo dos palabras, y una de ellas era, ¡¡¡ella misma PALABRA… Ah!!! Divino tesoro para mí, y creo que no solo para mí, fijaros cómo describe Pablo Neruda las palabras (pág. 136)

[…] Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y le obedeció […] Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas. […]

Pablo Neruda, Las palabras

Y fijaros cómo dice Elizabeth misma, un poco más abajo, que son:

¡ESCULTURAS DEL TIEMPO!, ¡Toma ya!, ¡¿cuantísimos paisajes, contextos, imágenes, sensaciones, sentimientos puede evocar esa frase?!, si me pusiera a escribirlo, seguramente llegaría a llenar mínimo este cuaderno.

Bien, y la otra palabra es QUIETA… ¿QUIETA? Qué inmensa contradicción para mí, ¿!cómo va a ser una palabra QUIETA? ¡Si es todo lo contrario!, ¡si para mí una palabra es un sinfín de movimientos que se unen, anudan, precipitan y empujan entre sí, hasta una vez más llenar otro de estos cuadernos!?

              Este libro lo tenía que leer yo.

Y efectivamente, así era, no me equivoqué.

A lo largo de este libro Elizabeth, partiendo de su fina y sensible observación, trabajo, paciencia y tesón con estos niños que se llaman “autistas”, estos sujetos que eligieron desde lo que en psicoanálisis llamamos la insondable decisión del ser, una relación diferente con nuestro lenguaje humano y sus consecuencias, despliega todo un riquísimo y finísimo saber y lo pone a disposición de todo aquel que coja, lea y se deje interpelar, como yo ya desde el título, por las palabras que ella misma ha ido eligiendo para transmitirnos sutilezas brillantes como perlas acerca de lo que nos pasa y lo que no, por ser seres del lenguaje.

Os adelanto algunas:

¿Qué creéis que es la realidad?, ¿la realidad existe?, ¿existiría si no la contamos, si no la decimos?

¿Sabíais que la lengua es una construcción de la realidad?

¿Sabíais que decir no es lo mismo que hablar?

¿Sabíais que se puede hablar sin voz?

¿Sabíais que todo un mundo de sentimientos, afectos y sensaciones son posibles y aprehensibles solo si el lenguaje y la palabra con su propio vacío han sido admitidos?

¿Sabíais que hace falta mucho coraje para “soltar la voz” porque se requiere sostenerse en ese Vacío entre palabras que es el propio hablar, y porque frente a eso, ¡estamos solos!, y es que hace falta coraje porque al aceptar hablar nos enfrentamos con la muerte, al hablar algo de nosotros se expone, algo se pierde – ¡se muere!-?

¿Sabíais que gran parte de lo que les pasa a estos niños que se llaman autistas, es que se defienden del terror, pavor, de ser absorbidos por lo que “el afuera” es para ellos?; esto es: un orificio infinito, sin límites, sin fondo, sin perímetro, sin bordes, porque ellos decidieron no hablar, aunque lo que no pueden evitar es el haber sido arrojados a un mundo de lenguaje, por lo que están rodeados de La Lengua que para ellos es como un ruido, muchas veces ensordecedor.

Cómo concebirías un mundo en el que:

  • No hay límites que valgan, se vive en una continuidad infinita, y por lo tanto sin distinguir adentro de afuera
  • No se puede borrar, anular, rectificar
  • No hay afectos
  • El silencio puede ser un objeto de intercambio
  • No está incorporado el vacío, un espacio donde volar de una significación a otra, donde por lo tanto las palabras se les escapan
  • No se puede decir “entre líneas”. No hay “entre líneas” que valga, cuando es ese lugar donde la poesía puede transmitir lo invisible, incluso lo innombrable, lo que ninguna palabra alcanza.

Todo esto y mucho más. A lo largo del libro Elizabeth llega a trasladarnos y describirnos con mucha delicadeza, e incluso poesía, la suya propia y muchos otros extractos de otros poetas y lenguas, en los ejemplos que ella llama “escenas” y “relatos” de su propio encuentro y trabajo con estos niños, y la aplicación de un marco teórico. Es como si nos dejara ver a través de una ventana explicativa y traductora lo que debe de ser vivir para el autista en general y para cada uno en particular, desde ellos que han rechazado fundamentalmente el lenguaje humano, y por lo tanto, a su vez, por contraposición, la apreciación de lo que es y cómo pueden ser las coordenadas de juego para cada sujeto que ha consentido entrar al lenguaje humano.

Para los duchos y los no duchos en el Psicoanálisis lacaniano, es un libro, me parece a mí, asequible para todo el que quiera sumergirse o ahondar un poco más en lo que significa la maravillosa aventura de ser humanos y el poder de la palabra.

Una palabra está muerta

cuando se dice,

dicen algunos.

Yo digo que apenas

comienza a vivir

ese día.

                                          Emily Dicknson 

La palabra, al ser pronunciada, nos dice Elizabeth (pág. 139), “le damos vida con nuestra vida, aunque solo sea un instante”

Si tú quieres, ahí está.

Este libro te puede llevar a una expresión que yo he utilizado muchas veces cuando hablo de mi experiencia como artista, a una expresión que he reconocido escrita en este libro, como saltándome encima desde las hojas escritas que iba leyendo cada vez que me la encontraba, para mi placer y disfrute, muchas veces;

                                            Más allá!

Mila Ruiz, Psicoanalista y Artista. Socia de la ELP, Madrid.

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