Carmen Bermúdez – Miembro de la ELP y de la AMP. Directora de la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid

Aproximación al concepto de trauma

El significante TRAUMA ya estaba en el vocabulario común, pero probablemente en este tiempo que nos ha tocado vivir, todas las expresiones del campo semántico de esta palabra: “efectos traumáticos”, “prevención del trauma”, “estrés postraumático”, se han prodigado en todos los medios de comunicación, tertulias, incluso en los debates políticos. Tratando a veces de dar opiniones, buscar “soluciones” rápidas.

Siempre que pienso esto me viene el recuerdo de una escena alrededor de las muchas que aparecieron en las pantallas a raíz de los atentados del 11M en Madrid en las que, por querer atender rápidamente a la prevención de los efectos traumáticos se les pedía que hablaran a las personas.

Etimología

Proviene de la palabra griega Trauma, que significa “herida”, proveniente del verbo “tritosko”, que significa “herir, lastimar”.  También este verbo está en la etimología de palabras como: tribulación, triturar, trigo.

En el diccionario de la RAE encontramos varias acepciones:

  1. Choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente.
  2. Emoción o impresión negativa, fuerte y duradera.
  3. Med. Lesión duradera producida por un agente mecánico, generalmente externo.

Según se usa en lenguaje común o incluso médico:

El trauma surge a causa de un miedo de gran intensidad o de la falta de capacidad para controlar un peligro real o potencial. Es habitual que aparezca cuando el paciente es testigo de un hecho vinculado a un daño o la muerte de otro ser humano, o cuando recibe una noticia inesperada o trágica relacionada con un ser querido.

Más allá de las diferentes corrientes de la psicología existe un consenso acerca de que un trauma es un hecho que genera estrés desmedido.

El trastorno por estrés postraumático (TEPT) es un trastorno psiquiátrico que surge como respuesta tardía o diferida a un evento traumático. El evento traumático es algo que vemos, escuchamos o vivimos y que pone en peligro nuestra vida o la de los demás. Las causas más frecuentes son la muerte inesperada de un ser querido, el abuso sexual o una enfermedad grave o accidente.

Hoy vamos a hacer un recorrido para tratar de localizar qué es el trauma para el psicoanálisis, a través de los textos freudianos y lacanianos.

El trauma en Freud

El psicoanálisis freudiano trató el trauma psíquico como causa de los síntomas desde el comienzo.

Ya Freud en sus primeros textos como, por ejemplo, Las neuropsicosis de defensa, de 1894, plantea que en la génesis de los síntomas hay una representación sexual intolerable para el Yo que genera un síntoma para defenderse. Los contenidos traumáticos no serán accesibles a la conciencia, pero no serán eliminados.

Ahí establece ya una diferencia diagnóstica porque ese exceso de excitación será desplazado al cuerpo, en el caso de la histeria, y a ideaciones obsesivas, en el caso de la neurosis obsesiva.

Ya aquí podemos constatar que la respuesta de los sujetos no es la misma ante un mismo acontecimiento traumático.

Siguiendo estos primeros textos, en Estudios sobre la histeria, de 1895, desarrolla la teoría de la seducción, a partir de los relatos de sus pacientes, en la que apunta a que, en dichos relatos, cuando hay un trauma sexual, hay, en algún momento de la infancia, un adulto que ha seducido a ese sujeto. Aunque años más tarde, en una carta a su amigo, Fliess, dirá que “ya no cree en su neurótica” y empieza a suponer que son sus propias fantasías de seducción las que relata.

Este paso de la teoría de la seducción a la teoría del fantasma supone el comienzo del psicoanálisis en cuanto que este considera que lo determinante no es la existencia de un hecho de la realidad, sino la realidad psíquica y la respuesta que da el sujeto.

En otro texto de ese mismo año 1895, Proyecto de una psicología para neurólogos, relata el caso Enma, que se refiere a una mujer que no puede entrar sola en una tienda. Se remonta a un recuerdo de los doce años, cuando entró en una tienda a comprar algo y vio a dos dependientes riéndose entre ellos, ante lo cual salió corriendo presa de una especie de susto. Lo que puede decir de esa escena es que los dos sujetos se habrían reído de sus vestidos y que uno de ellos le había agradado sexualmente. Puede entrar aunque su acompañante sea un niño pequeño, el caso es no ir sola

Los recuerdos evocados no explican ni el carácter compulsivo ni la determinación del síntoma.

Pero aparece un segundo recuerdo que niega haber tenido presente en el momento de la escena que relató anteriormente: a los 8 años fue dos veces a una pastelería y en la primera de esas ocasiones el pastelero le pellizcó los genitales a través de los vestidos. Y a pesar de esa experiencia volvió una segunda y última vez. Y más tarde se reprochó haber vuelto, como si con ello hubiese querido provocar los tocamientos primeros.

Freud dice que ahora sí podemos comprender la escena primera, combinándola con la segunda. Sólo hay que establecer el eslabón entre ambas. La propia paciente dice que sería la risa. La risa de los dependientes le habría recordado la mueca sardónica con que el pastelero acompañó el abuso.

Al reírse los dependientes esa risa le evoca inconscientemente la mueca sardónica del pastelero. El encontrarse sola en la tienda recuerda el pellizco del pastelero a través de sus vestidos. Dado que ya en la segunda escena está en la pubertad ese recuerdo produce una excitación sexual que se convierte en angustia que le hace temer que los dependientes puedan repetir el atentado y se escapa corriendo.

La excitación sexual había pasado a la conciencia porque dice que se había sentido atraída por uno de los dependientes.

Lo que destaca Freud en este ejemplo es que no se hace consciente el elemento que despierta interés (el abuso), sino otro, en calidad de símbolo, los vestidos.

Podemos decir a través de este ejemplo que el recuerdo primero se convierte en trauma posteriormente, al adquirir significación sexual.

El traumatismo se refiere a una satisfacción que el sujeto no puede reconocer como placentera y no reconoce como propia.

Este primer momento de la teoría freudiana sobre el trauma tiene una carácter más intimista, se basa en las hipótesis tomadas de su estudio de la histeria.

Pero ya en 1919, tras la Segunda Guerra Mundial, Freud, escribe sobre las neurosis de guerra. Ahí encuentra que la situación traumática no es sexual sino que es debida a haber estado en riesgo la vida del sujeto. Encuentra que parece producirse una tendencia a repetir la escena traumática especialmente en pesadillas repetitivas.

Este descubrimiento contradice el principio del placer y le harán escribir sobre la pulsión de muerte, que se manifiesta en la compulsión a la repetición de la experiencia dolorosa. Lo plasma en su artículo de 1920 Más allá del principio del placer. Esto lo podemos constatar en situaciones en las cuales las personas, tanto las que nos consultan como las que no, eligen reiteradamente parejas que los maltratan o que los abandonan, o  fracasan en los estudios, profesionalmente, etc.

Podríamos decir que este segundo momento de la teoría de Freud sobre el trauma tiene la finalidad de responder a los traumas de la guerra

Cuando Freud escribe en 1917, Duelo y melancolía, está respondiendo (según Germán García en Actualidad del trauma) a dos hechos concretos:

-la caída, tras la guerra, de los valores que se venían construyendo

– la pandemia de la gripe que desarma el saber médico, dejándolo impotente

Para el psicoanálisis el acontecimiento no tiene que ser terrible para ser traumático. El trauma psicoanalítico, a diferencia del médico, no se refiere a la violencia del acontecimiento. El factor que Freud subraya es la sorpresa y también la extrañeza.

Utiliza metáforas como llamar a lo reprimido “tierra extraña interna”. Anticipo del concepto lacaniano de Extimidad.

Y todas estas metáforas relacionadas con la extrañeza del trauma culminan en un concepto que Freud elabora que es el término alemán Umheimlich,  que da título a un artículo de… y que se ha traducido de diversas maneras:

-Lo siniestro

-lo ominoso

-inquietante extrañeza

-inquietante familiaridad

Lo inquietante no es lo que tiene de extraño, sino lo que tiene de familiar.

Lo sexual se presenta con una familiaridad inquietante.

El trauma no es algo extraño que se enquista, sino algo familiar que se ha vuelto extraño en el encuentro con un acontecimiento exterior.

Por tanto, para Freud el trauma sería un acontecimiento que altera una regulación y no puede explicarse.

Como hemos visto en el caso Enma, no está ligado a una única cuestión. Freud lo sitúa entre un primer tiempo: la infancia y un segundo tiempo: la pubertad

El trauma en Lacan

Lacan toma las nociones freudianas de síntoma como respuesta del sujeto a lo traumático, de lo sexual como cuerpo extraño, del exceso energético que no puede ser tramitado y de la compulsión a la repetición, pero se distancia del trauma como accidente.

Y podemos comprobar que no lo considera uno de sus conceptos fundamentales.

En el Seminario de la Transferencia, lo describe como un acontecimiento que no ha podido ser articulado a un mito, lo que llama él “la novela familiar”.

En el Seminario de la Identificación dice que “el trauma es sin motivación”, que no hay motivación sino repetición.

En sus últimos años se interesó más que por el síntoma, debido a su interés por lo real, más que por el desciframiento. Le interesaba más lo que no funcionaba que qué significado tenía.

La última versión del trauma es, según Lacan, que “no hay relación sexual”.

Trataré de explicar este aforismo de Lacan.

Hace referencia a que para la ciencia hay establecido lo que se llama “un saber en lo real”. Las plantas “saben” cuándo tienen que germinar, cuando agostarse, etc.

Los animales copulan cuando las hormonas les mandan la información, un macho sabe lo que tiene que hacer con la hembra. Podríamos decir que hasta los virus saben su comportamiento. Lo que ocurre es que cuando el hombre interviene en ese proceso pasan algunas cosas que nos sorprenden… a los humanos.

Pero a los seres hablantes nos falta ese saber sobre el goce sexual. No disponemos del automatón del instinto, más bien tenemos que encontrar respuestas, que serán cada vez más particulares, para poner en juego el goce sexual.

“No hay relación sexual” quiere decir que no hay relación natural calculada por la naturaleza de lo que debe ser la relación entre un hombre y una mujer.

Trauma es el encuentro con un goce sexual sin ese saber sobre la sexualidad. No es el sexo lo traumático sino la ausencia de saber y el enigma en que esa ausencia deja al sujeto.

No se trata de un saber educativo, ni de dar clases de educación sexual.

Cada sujeto tiene que construir su propia respuesta, su síntoma.

Jacques-Alain Miller, en El otro que no existe propone considerar al síntoma como una metáfora que va al lugar de esa ausencia de saber. Todos los seres hablantes encuentran ese real contingente, azaroso y cada uno responderá de forma singular, bajo la forma de su síntoma.

En psicoanálisis el trauma nos obliga a volver a la clínica del caso por caso. El trauma debe ser verificado en cada caso, porque no se puede prever lo que hará trauma para un sujeto y porque, en todo caso, la única vía de salida al trauma es mediante una invención del sujeto, inventando nuevas fórmulas para remediar los efectos devastadores del trauma.

La lectura y el tratamiento del trauma que hace el psicoanálisis de orientación lacaniana difiere por tanto de otras prácticas que encontramos en el discurso común y que pretenden eliminar, anestesiar, olvidar, prevenir, controlar, etcétera. Para el psicoanálisis, las marcas del trauma tienen un valor inaugural y están relacionadas con la existencia. Como nos propone el texto que nos convoca a nuestras próximas jornadas de Noviembre “Las marcas del trauma”

Carmen Bermúdez

7 de abril de 2021

Enlace a la clase:

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