Intervinieron:

  • Carmen Bermúdez: Autorizarse por sí mismo
  • Pía López-Herrera: Del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo
  • Blanca Medina: La nominación
  • Concha Miguelez: Deseo del analista

Moderó: Silvia Nieto

Autorizarse por sí mismo

Por Carmen Bermúdez – Miembro de la ELP y de la AMP

“Autorizarse por sí mismo” es el eje temático que he elegido en el trabajo de un cartel que hemos inscrito como “¿Nos autorizamos?”

Dicho cartel lo formamos Luisa Lazzaroni, Hugo Lock, Concha Miguélez y yo misma. La más uno es Susana Genta.

Siempre me había resultado enigmática esta enunciación de Lacan en relación a mi práctica y mi relación con la Escuela.

De mi trabajo en el análisis surgió la demanda a la Escuela para solicitar mi admisión como miembro y en una reunión de mi sede en la que se nos llamaba a la cartelización propuse el tema de la autorización y formamos este cartel que todavía está en curso.

Me surgió el interés por trabajar sobre este tema a partir del principio enunciado por Lacan en La proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela de 1967: “El psicoanalista no se autoriza sino a sí mismo”.[1] Y años más tarde, en1974, en la llamada Nota italiana, vuelve a enunciar: “El analista no se autoriza sino por sí mismo, eso va de suyo. Poco le importa una garantía que mi Escuela le da sin duda bajo la cifra irónica de AME.”.[2]

Jacques-Alain Miller en su curso El banquete de los analistas, trabaja detenidamente tanto “La proposición del 9 de octubre de 1967”, como “El acto de fundación” de 1964.

Plantea que Lacan funda su Escuela en dos tiempos: el primero se correspondería con el “Acto de fundación”, en 1964, que lo realiza solo, y el segundo, en 1967, con la “Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela, que, como su nombre indica, es una proposición que somete a discusión.[3]

Miller habla en su seminario de que en el “Acto de fundación” habría un agujero en relación al psicoanalista de la Escuela, no hay nada que defina al psicoanalista.

En “El acto de fundación” no encontramos esta expresión en sí, pero en El banquete de los analistas, dice que cuando en la “nota adjunta” habla de que “es esencial que el analizado sea libre de elegir a su analista” supondría que ya no hay una lista de didactas y ahí estaría el germen de lo que en “La proposición” formula como “El analista no se autoriza sino a sí mismo” y a continuación nos dice Lacan: “Esto no excluye que la Escuela garantice que un psicoanalista dependa de su formación”.[4]

El hecho de autorizarse a sí mismo es sin garantía de la Escuela, aunque en el futuro la Escuela pueda garantizar que hay analista.

 “En el “Acto de fundación” todo el acento está puesto en establecer sobre qué institución descansa la Escuela. No descansa sobre jurados ni sobre colegios: el único órgano verdaderamente especificado como órgano de base es el cartel, que se define como un pequeño grupo de ejecución de un trabajo”. [5]

“La proposición” explicita “El acto”, al menos en esa fórmula “el analista solo se autoriza a sí mismo”, que Lacan considera un principio de la Escuela. Esta formulación la introduce en 1967 para recordar algo que existe desde 1964.

Este principio formulado explícitamente en 1967 en “La proposición” ya estaba implícitamente recogido en 1964 en el “Acto de fundación” cuando recoge que un miembro de la Escuela, por el hecho de serlo, tiene la facultad de declararse analista y por tanto de inscribirse en ella como analista practicante (AP).

Lacan dice: “Algo está en juego aquí de una responsabilidad que la realidad impone al sujeto, cuando es practicante, de asumir el riesgo”.[6]

Dos cuestiones que nos plantea Miller en su lectura y a las que me sumo:

  • El campo de autorizarse a sí mismo se extiende a cualquier aspecto donde haya invención.
  • Autorizarse a sí mismo implica que no hay garantía, que uno se autoriza arriesgando.

*Trabajo producido en el cártel: ¿Nos autorizamos?. Cartelizantes: Carmen Bermúdez, Luisa Lazzaroni, Hugo Lock y Concha Miguélez. Más uno: Susana Genta.


[1] Lacan, J., Otros escritos, “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 261

[2] Lacan, J., Otros escritos, “Nota italiana”, Buenos Aires, Paidós, 2012, p.327

[3] Miller, J.-A., El banquete de los analistas, Buenos Aires, Paidós, 2000, p. 206

[4] Ibíd., p. 210

[5] Ibíd., p.207

[6] Lacan, J., Otros escritos, “Acto de fundación”, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 253

Del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo.

Por Pía López-Herrera – Miembro de la ELP y de la AMP

Retomar un análisis me permitió vivificar mi participación en la Sede, que en los últimos años, se había limitado a la asistencia de algún que otro Espacio. En esa vuelta a la Sede empezó una conversación con las colegas con las que barajamos la opción de presentarnos a la siguiente Junta Directiva de la Sede de Madrid. Tomamos la decisión de llevar la conversación a un Cartel sobre la Escuela.

El tema que elegí fue: “Del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo”.

Después de unos meses de trabajo en Cartel comenzó la experiencia en la Junta Directiva en la que la conversación fue nuestra modalidad de trabajo, aportar al trabajo común lo propio de cada una nos permitió llevar adelante nuestra tarea.

Una triste contingencia, la muerte de mi analista, toca directamente en el tema que había elegido en el cártel. Cómo hacer el duelo y a la vez pensar en la articulación del trabajo de transferencia con la transferencia de trabajo.

Plantear en al trabajo del Cartel esta dificultad me permitió seguir trabajando con los textos que se iban proponiendo, y mas tarde descubrí que esto fue haciendo su camino.

Cuando terminó el Cartel pensé que no habría un producto propio, pero la propuesta a presentar un trabajo para estas Jornadas con el sugerente título “Escrituras en el Cartel” me abrió a la posibilidad de hacerlo.

La lectura après coup de cuestiones que me surgían a la hora de hacer los informes de Tesorería y de Comunicación produjeron un efecto en acto en relación a mi tema en el cartel, sobre todo en unas líneas que escribí para la permutación.  En ellas puedo leer como en el trabajo de transferencia se puso en juego para mi el amor permitiéndome a la vez hacer una cierta elaboración del duelo.

Retomo algunas frases de mi despedida de la Junta el día de la Permutación que me parece, ilustran lo que quiero transmitir:

“Se acerca el momento de la permutación con una sensación agridulce. La alegría del trabajo realizado con mucha dedicación y amor, un halo de vida y de deseo puesto al trabajo que hoy llega a su fin”.

“Alegría también por la respuesta de miembros y socios que no dejaron que las actividades se detuvieran alentándonos a seguir.”

“En cuanto a la Tesorería tuve un gran descubrimiento, el manejo del dinero de la Sede no es una simple gestión, es una cuestión de política del psicoanálisis. Lo que a mi me orientó en mi labor es el tema que venia investigando en un cartel sobre La Escuela, “la transferencia de trabajo” que encontró su realización justamente en el modo de hacer de esta Junta: la puesta en común y la conversación sobre las diferentes tareas y decisiones de cada una de sus integrantes”.

La pregunta siempre abierta sobre qué es La Escuela que recorrió todo el tiempo de trabajo en el cártel me llevó a asistir con muchas ganas a casi todas las reuniones que se realizaron en la Sede y en el Directorio ampliado, cuestión que se puso en juego en mi análisis tristemente interrumpido, y que el trabajo de Cartel logró vivificar.

*Trabajo producido en el cártel: La Escuela. Cartelizantes: Blanca Cervera, Pía López-Herrera, Constanza Meyer y Celeste Stecco. Más Uno: Carmen Cuñat.

La nominación

Por Blanca Medina de Toro – Miembro de la ELP y de la AMP

“El Nombre del Padre crea la función” … Él no tiene un único nombre; entiéndase: el Padre no tiene Nombre propio… tiene tantos nombres como soportes”

La función de nominación en Lacan es la función de anudamiento. El nombre anuda. Mediante la función se anudan los registros real, simbólico e imaginario. De ahí la importancia que da desde los inicios de su enseñanza al Nombre del Padre como función de nominación por excelencia, tanto en su función metafórica como en la que formulará como la función de “nombrar para”. La función que surge del “nombrar para” no es “te doy un nombre” sino te nombro para un uso que, en su caso, anuda. El padre que “nombra para” no el de la interdicción de goce de la metáfora, es el padre que dice sí al goce.

Al final de su enseñanza Lacan va a considerar que el padre es un síntoma, incluyendo así su propio goce.

En esta búsqueda de lo real del goce, también fueron centrales la cuestión del nombre propio y los nombres comunes, y las diferentes declinaciones del Nombre del Padre.

Para Lacan el nombre propio es un significante puro que no significa nada, por más que queramos traducirlo para significarlo. Si bien el neurótico puede creer que su nombre propio identifica su ser, éste solamente fija el ser del sujeto en tanto muerto. Miller dirá que “los verdaderos nombres propios” del sujeto son el plus de gozar.

En el Seminario 22,RSI, en el abordaje de la estructura nodal, asistimos a la multiplicación de los NP. Para confrontar lo real del anudamiento de los tres registros, Lacan va a prescindir de la nominación paterna y haciendo uso del trípode freudiano inhibición, síntoma y angustia, establece tres nominaciones constitutivas del nudo borromeo; la angustia como real, la inhibición como imaginaria y el síntoma como simbólica. Ellas, dirá, “son los nombres del padre”. Desde el punto de vista de la clínica, mediante dichas nominaciones puede darse cuenta de los diferentes anudamientos neuróticos y momentos del proceso analítico.

La perspectiva abordada en RSI fue abandonada por Lacan en su seminario posterior, El sinthome – dedicado a Joyce- donde plantea la cuestión del “uso” que éste hace de su nombre propio como si fuese un nombre común. Si, como decíamos, el nombre propio no permite representar el ser del sujeto ¿cómo pensar el planteamiento de Lacan cuando nos dice “hay algo extraño en su nombre, el nombre que le es propio”? En este punto Lacan pone de relieve “la potencia de los nombres comunes a la hora de nombrar algo del goce” que se trasmite en la escritura de Joyce. El uso de su nombre propio como instrumento le permitió, por el hecho de haberse visto llamado a ser “el” artista, no ser loco, mantener el nudo bien sujeto.

Podemos decir que es Lacan, en tanto que padre que nombra, el que nos permite leer en su conferencia Joyce, el síntoma: “Al plantear este título…doy a Joyce nada menos que su nombre propio, ese en el que creo se habría reconocido en la dimensión de la nominación”

Recientemente Graciela Sobral ejemplificó, en su trabajo para el curso de Sergio Larriera, Lenguajes, cómo Freud al nombrar a Serguei Konstantinovich Hombre de los Lobos sucede algo parecido. Éste, reconociéndose en ese nombre, acabó firmando sus pinturas como Wolfman. ¿Podemos pensar que tanto Lacan como Freud encarnaron de este modo esa vertiente real del padre que nombra algo del goce del sujeto para un uso, para una función?

En cualquier caso, no se trata de que haya un padre o no sino de que haya un decir que nombre una existencia.

Este trabajo abre a toda una serie de cuestiones clínicas acerca de la identificación a modalidades de goce flexibles, lábiles, más o menos erráticas y otras que, sin embargo, cumplen una función de anudamiento o nominación cuyo abordaje hace necesarias intervenciones diversas.

Finalmente, la nominación nos lleva inevitablemente al Pase y a la Escuela. Lacan con su trabajo sobre Joyce esclareció “la necesidad paradójica de inventar y de nombrar lo real desnudo” Nominar corresponde a la Escuela. La trasmisión mediante la palabra y la enunciación singular es lo que encontramos en los testimonios de nuestros Analistas de la Escuela.

Más allá, parafraseando a Eric Laurent: “No hay bautismo posible del goce”

*Trabajo producido en el cártel : El Sinthome. Cartelizantes: Blanca Cervera, Blanca Medina, Constanza Meyer y Mariana Valenzuela.. Más uno: Miriam Chorne.

Deseo del analista

Por Concha Miguélez – Miembro de la ELP y de la AMP

¿Deseo del analista es mi rasgo en el cártel “Nos autorizamos?” en el que participo junto con Carmen Bermúdez, Luisa Lazzaroni, Hugo Lock y Susana Genta como +1.

Preguntarse por el deseo del analista es preguntarse qué es un psicoanalista.

Deseo del analista es una pregunta para la que Lacan encontró distintas respuestas a lo largo de su enseñanza.

Ante las desviaciones de los seguidores de Freud en relación con la   transferencia, Lacan critica la degradación de la teoría y la tendencia a convertir el psicoanálisis en una psicología.

En el escrito de 1958 “El psicoanálisis verdadero y el falso” Lacan reflexiona sobre la desviación que ha sufrido el psicoanálisis que viene de NY. promoviendo la existencia en el yo de una esfera libre de conflicto. El analista colaboraría para aumentar estas zonas que ayudan al yo a dominar la pulsión y a adaptarse a la sociedad.

El psicoanálisis falso, señala Lacan, va contra el principio del descubrimiento freudiano, de la naturaleza del inconsciente, del síntoma y del carácter no domeñable de la pulsión.

 No hay esa zona libre de conflictos, agrega Lacan. El psicoanálisis verdadero se desarrolla en la dimensión del conflicto entre el principio del placer y el principio de realidad. Dando su lugar central no a la conducta sino a la palabra y al lenguaje en psicoanálisis.

En el texto “La dirección de la cura y los principios de su poder” de 1958, Lacan hace una crítica a la contratransferencia, se centra en la acción del analista y ve necesario volver a Freud y a los conceptos fundamentales.

En “Puntuaciones sobre la dirección de la cura” Miller dice que: “La dirección de la cura y los principios de su poder” es la reflexión de Lacan sobre su práctica, para elucidar su parte más oscura, por estar en juego el funcionamiento del inconsciente.

Después de muchas controversias con las nuevas tendencias de los analistas y después de la expulsión de la IPA, en 1963, Lacan funda en 1967 la EFP, a través de la cual contribuye a la formación de nuevos analistas y a la divulgación de sus aportaciones al psicoanálisis, que partirán siempre de la relectura de las obras de Freud.

En el Seminario XI, de 1964, Lacan se ocupó de lo fundamental en psicoanálisis y dijo que, las nuevas teorías surgidas de la contratransferencia desdibujan el mensaje freudiano de la transferencia.

 Definió un criterio de lo que es un psicoanálisis: “El tratamiento dispensado por un psicoanalista”1 

Se pregunta por lo que es el deseo del analista y dice al final del Seminario “el deseo del analista no es un deseo puro. Es el deseo de obtener la diferencia absoluta, que interviene cuando confrontado al significante primordial accede por primera vez a la posición de sujeción a él”2.  

J. A. Miller, en la presentación del tema del IX Congreso de la (AMP) “Un real para el siglo XXI”, en 2014, acaba su intervención diciendo que: “Varias preguntas se abrirán para nosotros en el próximo congreso: la redefinición del deseo del analista, que no es un deseo puro como dice Lacan, no es una pura metonimia infinita, sino que se nos aparece como un deseo de llegar a lo real, de reducir el Otro a su real y liberarlo del sentido”3.

Este franqueamiento implica pasar del no sé analizante, que en realidad es un no quiero saber sobre la causa, a un sé. 

* Trabajo producido en el cártel : ¿Nos autorizamos?. Cartelizantes: Carmen Bermúdez, Luisa Lazzaroni, Hugo Lock y Concha Miguélez. Más uno: Susana Genta.

1Lacan J. Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. 1964. Paidós. Buenos Aires. pág.11

2Lacan J. Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.1964. Paidós. Buenos Aires. pág.284

3 Briole, G. Un real para el siglo XXI: Scilicet/Guy Briole y Jaques Alain Miller-La ed. Olivos: Grama ediciones 1914. pág.27

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