Por Carlos Montero Troáns.

En el pasado encuentro de la Diagonal Hispanohablante, el significante tiempo fue central en varias de las ponencias. Se puso de relieve la importancia a nivel subjetivo de poder tomarse el tiempo necesario para construir una respuesta singular ante el enigma de la sexuación. Se profundizó también en el tiempo (o los tiempos) en el sentido de la época que nos toca vivir. Los tiempos que corren favorecen ciertas respuestas al impacto que invariablemente provoca la irrupción del sexo en los sujetos.

Hoy en día efectivamente los tiempos corren mucho y la dificultad de tomarse un tiempo en estos tiempos es cada vez mayor. Las implicaciones de este apresuramiento afectan a los sujetos y por lo tanto a nuestro modo de enfocar la clínica.

            Lidia Ramírez expuso desde Freud, cómo el impacto de lo sexual en los niños y en las niñas provoca la necesidad de una investigación. Se trata de una investigación de lenguaje. La relación entre las palabras y la sexualidad ocupa un lugar privilegiado en la intimidad de los niños. La sexualidad queda capturada entre las palabras que van descubriendo.

Google actualmente o los diccionarios en otros tiempos son los depósitos de significantes a los que se acude a la búsqueda de algún tesoro que esclarezca el misterio del goce. También en los dichos de los padres y todos los otros que rodean al niño se encuentran palabras que velan algo de eso que inquieta… Son palabras que a veces tocan algo del goce, de lo real de lo sexual y eso les da su carácter enigmático. Por eso son secretas. Y porque no terminan nunca de decirlo todo.

Lidia Ramírez se pregunta: ¿Cómo se usan las palabras para velar el vacío de la no relación?

El amor hace suplencia, es decir, construye algo con palabras sobre lo que no hay. Es grande la importancia entonces de las palabras de amor. Cita en este punto a Serge Cottet: “Lo escandaloso hoy son las palabras de amor”.

Serge   Cottet   que   habló   del “sexo-máquina” situó que hoy lo escandaloso   son   las   palabras   de   amor. La no existencia de la relación sexual es hoy respondida   con encuentros sexuales que resultan decepcionantes o vacíos. Algo en nuestros tiempos obstaculiza esta vía privilegiada de apaciguar ese real traumático. Y tiene que ver con el discurso capitalista, refractario a toda falta.

Esthela Solano, en su intervención alude a cómo los objetos de consumo aplastan el deseo. Parece difícil un amor que no conoce la falta… Reflexiona también sobre la cuestión del secreto en la sociedad de la transparencia. Antes el enigma de la sexualidad se bordeaba con secretos, conversaciones, lecturas, un acercamiento a través de la investigación simbólica. En esta época de conmoción de lo simbólico se promociona el pasaje al acto y el “probarlo todo”.  Los secretos que secretan goce están ahora a cielo abierto.

 Entre antes y ahora ha pasado el tiempo, pero el impacto de lo sexual sobre el sujeto no cesa de producirse. Los niños y las niñas siguen investigando y buscando significantes que les sirvan para atenuar el golpe, para poder leer qué está pasando y ubicarse. La construcción de un artificio simbólico alrededor del agujero de lo sexual necesita de un tiempo que ahora escasea. El empuje a gozar lo máximo posible es un escollo que dificulta esta posibilidad.

La subjetividad del niño se construye sobre un saber propio, fruto de la decantación de todas sus investigaciones. Los significantes obtenidos van ocupando cada uno su lugar a través del tiempo. El amo actual, sin embargo, intenta implementar un saber ya construido, apto para todos los sujetos, para así ahorrar tiempo o sufrimiento. Esto puede tener efectos contraproducentes.

Además del tiempo, es necesario el espacio; un espacio propio ganado mediante la separación de los objetos de la infancia, es el punto de partida de la investigación. La conquista de un saber propio será la primera separación del Otro.

El sujeto mismo es un espacio o un vacío entre significantes. Son fundamentales las preguntas en la construcción de la subjetividad, aunque las respuestas siempre sean insuficientes, porque a través de ellas el sujeto se va haciendo su espacio. Sin embargo, es otro signo de los tiempos estrechar el espacio de estas preguntas y desprestigiar los saberes que no lleven aparejadas producciones útiles y concretas.

            Se aspira a que los puntos oscuros, enigmáticos, se iluminen con el discurso científico. La transparencia difumina el secreto. Todo se quiere a la luz.

            Aunque pase el tiempo, las dificultades de las mujeres con el enigma de su propia feminidad, siempre exigen una respuesta. Esto explora el trabajo de Carmen Campos, que partiendo del caso freudiano de la joven homosexual, nos propone un viaje en el tiempo hasta finales del Siglo XX y principios del XXI. La intención es comprobar las distintas respuestas que se producen al mismo enigma de la feminidad. Damos por supuesto, que el enigma de la no relación sexual, es una invariante estructural que se mantiene a través del tiempo y son las respuestas las que van cambiando. Son respuestas contingentes con fecha de caducidad.

A pesar de todos los avances las mujeres siguen siendo un síntoma de su tiempo a descifrar. Desde los tiempos de la tradición, hasta los de la diversidad; el goce femenino requiere de un desciframiento. Por este motivo, explica Carmen Campos: Lacan considera hetero a todo aquel que encuentre un enigma en ese real del goce femenino. Los interesados en saber qué pasa ahí, cuentan con el amor para aclararse. Ese paso hacia lo desconocido, hacia la alteridad, los convierte a todos en heterosexuales según Lacan, independientemente de su orientación sexual.

            En “El tiempo que hace falta”, Jorge Sosa investiga sobre uno de los temas de nuestro tiempo: el tránsito entre géneros. Afirma que es preciso distinguir entre el deseo y la demanda. A la demanda de cambio de sexo hay que darle tiempo para ver si eso que se pide es lo que se desea. Hay que distinguir también, según Esthela Solano, si el sujeto tiene la certeza o no de “estar en un cuerpo equivocado”. Si no hay certeza la construcción simbólica de un camino nuevo llevará tiempo. Un tiempo del que no se dispone cuando el discurso médico pretende inyectar un saber prefabricado, válido para todos y que apunta a la modificación corporal para solucionar todos los problemas. Cualquier investigación singular queda obturada porque el discurso médico ya tiene las respuestas: “Ante la disforia, modificación corporal”. Si estás a disgusto con el cuerpo que te ha tocado en suerte es porque has nacido en un cuerpo equivocado. Es tu cerebro el que no se corresponde con tu cuerpo, así que hay que cambiar el cuerpo para encontrar la armonía. Como afirma Jorge Sosa de este modo se promociona la fantasía de una relación armónica entre los sexos.

            Se introducen dos viñetas clínicas en esta ponencia. En la primera de ellas, un sujeto adolescente tras unas pocas entrevistas en el hospital se dispone a modificar su cuerpo. Tras tomar esta decisión responde subjetivamente con angustia y depresión. Desde el saber médico se cierra la puerta a este malestar subjetivo y el proceso no se detiene. El sujeto termina dejando de acudir a sus sesiones de psicoanálisis, cerrando la puerta a su vez, al lugar donde se vinculaba su malestar con la decisión tomada.

 El tiempo que hace falta para que el sujeto sepa si lo que demanda es lo que desea no es tenido en cuenta cuando un sujeto se embarca en un protocolo de reasignación de sexo. No hay tiempo que perder. Cuanto antes mejor.

            El texto de Gabriela Medín, “Hace falta tiempo” profundiza en la cuestión. Alude a una diferencia que establece Esthela Solano entre in tempore y cum tempore, donde capta la función del tiempo como agente de estos procesos. La infancia es tiempo de anudamientos y éstos se llevan a cabo no sólo en el tiempo sino con él. La producción de saber sobre la no relación sexual, los anudamientos o la experiencia analítica misma, se producen tanto en el tiempo como con él. El tiempo no es solo el marco en el que sucede sino también la sustancia misma del anudamiento. Las vueltas del circuito pulsional se suceden temporalmente y cada una de ellas es una oportunidad para arrancarle algo de saber y así modificar la vuelta siguiente. Estos ciclos temporales no están fijados en la infancia y por ello ofrecen la posibilidad de modificarse antes de que se establezcan. Esta cuestión es fundamental para la clínica. Hoy en día el riesgo está en apresurar al niño y cerrar antes de tiempo la posibilidad de crear un saber propio. Como analistas es clave salvaguardar este tiempo y ofrecer un espacio separado de los padres y de sus demandas. Mediante el tiempo y los significantes se puede ir amasando una respuesta más efectiva al agujero de lo sexual.

Nos propone que las mujeres son el síntoma de la civilización en la que están, y que el avance de conquistas de las mujeres en el sentido de la igualdad de derechos no ha evitado la posición de síntoma a descifrar incluso para ella misma. Así

marca, que las mujeres son un enigma para sí mismas.

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