Por Mónica Unterberger – Miembro de la ELP y de la AMP

En nuestra cita con los artistas invitados a ENCUENTROS CON EL ARTE,  y en el formato posible durante esta pandemia, nos complace  presentar la  potente obra de INÉS GONZÁLEZ.

En esta ocasión nos ofrece dos de los 23 dípticos que componen el trabajo realizado en su encuentro con la música de Viaje de Invierno, de Schubert.

De ellos, uno, EL TILO, es el poema 5 de los escritos por Müller, cuya música da paso al “susurro de la canción más famosa de Schubert”.

El Tilo, es un árbol mítico, considerado mágico, de gran envergadura y que puede vivir hasta 900 años. Proporciona por ende, una protectora sombra ante los soles del verano.

Las asociaciones entre el tilo y el amor romántico poseen una asombrosa y evidente relevancia en la canción de Schubert.

Cabe destacar  también que esta música nace en el momento de fulgor del Romanticismo, que revelaba su estrecha relación con la fascinación ejercida  por la muerte y que tuvo un papel tan destacado entre la Primera generación romántica.

Respecto a EL ZANFONISTA, es el último poema y canción del viaje  musical. Descrita como una pieza  armónicamente empobrecida, al igual que el “Teatro Pobre” de Grotowski en la década de los 60 del siglo XX,  Schubert nos la ofrece como una música pobre.

La presencia, el uso de la Zanfona, comparada con la  rica Lira, cumple las condiciones que la califican como un instrumento pobre.

Ian Bostridge (Acantilado,   2019), describe al Zanfonista como “el cantante que no tiene donde ocultarse en esta inhóspita confrontación con el vacío”.

Esta introducción me hacía falta para entrar en la obra.

El TILO. No es cualquier árbol. La fortaleza de esas raíces, sus honduras, esas angustiosas torsiones en las que crece y se protege el gran soporte, hecho de sombras, huecos y claros donde se deposita la luz, y se retuercen y extienden los brazos hasta alcanzar generosos al humano que ahí se prepara para el viaje y su incertidumbre, animan la  fuerza de una metáfora.

En esa espesa densidad se aprieta la vida y la muerte.

El trazo del fino lápiz,  el pincel en la mano de la artista no cede hasta alojar ese nudo en la que solo su gran raíz destaca.

Puño alzado o venas desnudas capturan la mirada de quien quiera encontrar ahí , el anuncio de todo un mundo agazapado en la matriz de ese Tilo.

Es una raíz desnudada en su opacidad luminosa: dado a ver en su unicidad y múltiple diversidad inseparable de precisa oscuridad, brillo y fuego.

Ahí la artista separa, corta de un tajo lo  vivo de lo que muta desde las raíces a lo  demasiado humano.

EL ZANFONISTA. Toda la humildad de quien puede volar con el arte,  compone esta mutación que la música hace posible encendiendo cuerpo y espíritu.

Si la música inspira estos dípticos, hizo falta la mano y el pincel que en su gesto atrapara el momento acontecimiento, causa  de goce de tal obrar

Asombroso trazo  que dibuja lo imperceptible a primera vista pero que sin embargo,  no permite escapar a eso que lo mira, en su quietud y en su inevitable, liviano, ligero movimiento que lo eleva en un vuelo.

Vuelo hecho de plumas y pájaros desencadenados.

En ese rostro entre vivo y muerto se desliza la miseria existencial de la indigencia que interroga en cada surco el peso de un deber y el deber de un goce al que el deseo se debe.

Una inspiración en la que INÉS GONZÁLEZ  toma aliento y deja que su inusual talento en el trazo capture lo esencial de un dolor perpetuado.

Os dejamos en la contemplación de este increíble trabajo de nuestra artista invitada.

Para todos aquellos que desean ver los 23 dípticos, invitamos a seguirlo en el link  pertinente:

Por Miguel Angel Alonso – Socio de la Sede de Madrid de la ELP

Un canto para morada

Zanfona de notas quietas

Ojos de bordón ciego 

¿Es que nadie te pregunta

a dónde quieres llegar?

Sacude los dedos lacios

y arrancarle a la tierra

su monótono pedido

ya de raíces obsceno.

Rostro de ficción cansado

Sobre piernas de mendigo 

¿Es que nadie te pregunta

a dónde quieres llegar?

Cógete a mi viejo amigo,

vamos juntos caminar

Yo conocí a Don Gaiferos,

Gaiferos de Mormaltán.

Allí soné yo la flauta

De palabras como lunas

para mis cantos rodados

de acentos de arena vieja.

Haz tú de bordón y rueda

las vocales sostenidas,

las notas de trova llana,

Y cantemos tu morada. 

Miguel Ángel Alonso

Por Inés González – Artista

Un viaje largo e intenso, apasionado y preñado de alegría y gozo como así también de dolor y desgarro.

Schubert junto a su deliciosa y conmovedora música, me han provocado esta pulsión creativa, sus veinticuatro lieder, poemas musicales patrimonio de la humanidad por su extraordinaria belleza que el genio compuso al final de su vida; han sido el motivo, el pretexto para desarrollar esta interpretación personal ilustrando el Winterreise.

Un Viaje de Invierno íntimo, imaginado como así también testigo de mi intensa vida en estos dos últimos años, que va desde la fascinación frente a un nuevo escenario: mi estancia en la misteriosa ciudad de Sarajevo, hasta el dolor por las pérdidas de seres queridos y la recuperación después de casi cuarenta años de los despojos de mi hermano Hernán, arrojado vilmente por sus asesinos en el Pozo de Vargas de la ciudad de Tucumán.

Un verdadero viaje en medio del frío y duro invierno como afirmaba Wilhelm Müller en unos de sus versos, un invierno interior, reflexivo, para ser cantado y graficado a viva voz.

Intensas horas de incansable trabajo acompañada por la música de Schubert, realizadas entre Madrid y Sarajevo, han permitido este  nacimiento.

Me acompañó en este proyecto, abrazado a la misma emoción, el fotógrafo y amigo de Buenos Aires, radicado en Segovia, Juan Carlos Gargiulo. La colección está compuesta por lo tanto de veinticuatro fotografías y veinticuatro dípticos de dibujos a tinta china sobre papel. Sin las magníficas fotos de Juan Carlos, este proyecto no habría sido igual, su inestimable y valioso aporte lo han hecho posible.

Dicen los entendidos que quién escucha a Schubert en el Winterreise, nunca más vuelve a ser el mismo, ni tampoco puede permanecer impasible sin sucumbir frente a su conmovedora belleza, en mí caló tan hondo que me arrancó estos dibujos, mientras viva estaré inmensamente agradecida a Franz Schubert, por incitarme y estimularme a realizar este único e inigualable viaje.

“En lo más profundo del invierno, descubrí un verano arrollador en mi interior”.

Albert Camus

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