Exposición Crueldad, de Chema Madoz

Por Carmen Bermúdez – Miembro de la ELP y de la AMP

Se inauguró el 16 de septiembre en el Círculo de Bellas Artes una exposición que recoge diversas obras del Premio Nacional de Fotografía del año 2000, Chema Madoz, y se puede visitar hasta el 21 de noviembre. Se trata de 73 fotografías que los comisarios de esta muestra, Juan Barja y Patxi Lanceros, han recogido bajo el título Crueldad. Algunas de estas imágenes son ya muy conocidas por sus seguidores, otras se han visto menos y las hay que se pueden ver por primera vez.

Como nos dice Oliva María Rubio en la biografía recogida en el catálogo de la exposición “supone una lectura inédita de la obra de Madoz y lo hace desde la perspectiva de lo cruel, lo inhóspito y lo inquietante, dotándola de una dimensión más profunda, que emparenta su obra con la estela de Franz Kafka”.

Cada imagen va asociada a un relato original, poema o cita, que puede ser de un filósofo o un literato o de una canción de Bruce Springsteen o Leonard Cohen, recogidos por Juan Barja y Patxi Lanceros, comisarios de la exposición, y que se puede consultar mediante un código QR a lo largo de la visita o en el catálogo en el que podemos encontrar también un ensayo titulado “Madoz, lo cruel, inhóspito, inquietante”, firmado por ambos comisarios, y una exhaustiva biografía elaborada por Oliva María Rubio.

Chema Madoz descubre lo extraordinario dentro de lo cotidiano, logra que la atención se dirija hacia lo que nos hace reflexionar.

Aunque es contemporáneo de algunos fotógrafos como Alberto García-Alix o Miguel Trillo, no se lo considera representativo de lo que conoce como La movida, porque él no estaba atento a lo que pasaba en la calle, sino que miraba hacia dentro. En él encontramos resonancias de poetas como Joan Brossa, del surrealismo y de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna.

Siempre es interesante la obra de Madoz, pero en esta ocasión nos encontramos con una temática que nos interesa especialmente a todos aquellos interesados en el psicoanálisis: lo siniestro.

Lo toman los comisarios de la exposición en su introducción al catálogo, que, como dije, han titulado “Madoz. Lo cruel, inhóspito, inquietante”. Cito algunos fragmentos de dicho texto a continuación.

Al comienzo del texto citan a Freud en ‘Lo siniestro’: “Se llama umheimlich a todo lo que, estando destinado a mantenerse oculto, en el secreto […] ha salido a la luz, manifestándose”.

Nos dicen Barja y Lanceros: “Una imagen, una imagen sólo (una alfombra, una taza, una cuchara, un cajón, un zapato…) u todo lo apacible o rutinario, todo lo más cercano y familiar se amotina y subleva, parece conspirar para hostigarnos. Se rebela y, perverso, se revela algo hostil y taimado, quizá incluso letal potencialmente… Una sombra en cada recodo; cada espejo, un abismo; en cada herramienta o utensilio hay un arma que espera su momento, ese instante fatal e impredecible”

[…]

La conmoción inquietante de lo inhóspito puede, pues, asociarse, sin especial problema ni misterio, con lo que es desacostumbrado, con lo extraño absoluto, lo lejano, o con aquello que es radicalmente y esencialmente lo desconocido. […] Más insidiosa es la cuota de inquietud que acecha en todo cuanto habitualmente nos rodea, contenido justamente en lo íntimo o lo próximo, en lo más doméstico, entrañable. Eso es, piensa Freud -juicio que, sin duda, compartimos-, lo realmente Umheimlich, lo siniestro: esa suerte de espanto que afecta a las cosas que nos son conocidas, sin duda, familiares, y que ya lo son de tiempo atrás. Cuando eso que suele, eso que debe mantenerse oculto, se manifiesta -como bien vio Schelling- nos embiste de pronto un grado eminente de crueldad”.

En la rueda de prensa de presentación de la exposición los comisarios resaltaron que las fotografías que vemos aquí de Chema Madoz hieren. En lo más tranquilizador se descubre algo que incorpora un elemento de maldad: ese elemento siniestro. Es la intervención del artista la que introduce algo que siempre ha estado ahí.

Chema Madoz planteó, en dicha rueda de prensa, que trataba de poner de relieve un aspecto que estaba presente y sobre el que nunca se hablaba: la capacidad del ser humano de infligir dolor a los demás y con un cierto regodeo a veces. Es algo que está ahí y viene a ponerse a la par de ciertas interpretaciones que resaltan la parte más lírica más poética.

Para concluir, una anécdota de la biografía de Chema Madoz que él relata como lo que considera su primera toma de consciencia de las posibilidades que ofrecen los objetos que encuentra a su alrededor. Antes de comenzar sus estudios primarios recibió clases de preparación por parte de una vecina en un edificio junto a su casa familiar, junto a otros niños del barrio. Se reunían en la cocina porque era el lugar más caliente. Cuando llegó no había sitio para él y la profesora abrió la puerta del horno para que le sirviera de mesa. Dice: “supongo que ese momento entendí que siempre existe la posibilidad de que algunas cosas puedan cambiar de uso y de apariencia muy rápidamente”.

Carmen Bermúdez

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