La escritura es una labor necesaria para la continuidad de la vida del psicoanálisis. Frente a la palabra hablada que se escabulle, que pasa, que se escapa en los encuentros, en las sesiones, en las conversaciones, la palabra escrita tiene capacidad de inscribir algo, tanto para el que la escribe como para el que la lee. Tiene el valor de dejar una marca en la vida de la Escuela a la que poder volver para releer, para estudiar, para trabajar sobre alguna pregunta.
En este sentido, lo que define a una revista es ser una publicación periódica de estos escritos que se producen, ser un vehículo que hace públicos cada cierto tiempo textos a los que se supone un valor para toda la comunidad a la que se dirige. Esto que, en principio, no deja de ser una obviedad sin mayores secretos, se despliega en toda su importancia a partir del conocido neologismo lacaniano poubellication, que permite entender el circuito que pone en marcha una publicación periódica en una comunidad.
Lacan inventó este neologismo a raíz de la publicación de sus Escritos en 1966, y volvió a hacer uso de él, cuando en 1973 apareció el primero de sus seminarios hecho libro, el Seminario 11. Este término sorprende al unir el brillo fálico del término publication, al término poubelle, cubo de basura.
Efectivamente, desde el lado del que escribe, en la escritura hay algo de producir un resto, un residuo, un detrito a partir de todas las palabras que lo alcanzan y atraviesan por la lectura y por la escucha tras un proceso previo de digestión y asimilación guiado por una pregunta que hace obstáculo.
Una publicación, un libro, una revista es, entonces, desde este razonamiento un contendor muy de agradecer de estos restos producidos por distintos miembros de la comunidad. En el caso de El Psicoanálisis 46, con el que se inicia la andadura de un nuevo equipo, ha habido el deseo de que los escritores, no solo vinieran de la comunidad más cercana de la ELP, sino poder contar también con autores de otras Escuelas, como un modo de airear nuestras conversaciones, de diversificar los restos, dejando entrar la singularidad de autores de otros países, de otras comunidades analíticas.
Además, el neologismo poubellication incluye, según Bruce Fink, traductor de los Escritos de Lacan al inglés, dos evocaciones más, nada desdeñables belle, embellir y bellicose, bellicosité.
Del lado de belle, embellir, la poubellication ha de encontrar la bella forma tanto en la escritura de sus textos como en la objetualidad de la revista. La bella forma suele ser un vehículo certero para acompañarnos en el encuentro con lo nuevo, con lo diferente, con lo ignorado, incluso con lo real. Por ello, en la bella forma habita también la extrañeza, lo inquietante, algo palpita en su interior, que la bella forma busca vestir. Esto es lo que nos muestra el pintor belga Michaël Borremans en las imágenes elegidas para la portada y para acompañar el índice y nos demuestra Rosa López en su artículo. Así buscar la bella forma consciente de lo extraño que palpita en su interior ha sido una preocupación de la dirección de la revista y de todo el comité de redacción, tanto en el cuidado de los textos como en el logrado diseño editorial del objeto revista realizado por Miguel Gómez.
Por otro lado, la resonancia belicosa de la poubellication reside en que los escritos que la forman buscan provocar la reacción del lector, buscan dirigirse al otro para que este a su vez responda, para que el lector se ponga al trabajo y replique. Al hacer público un escrito, se busca dar un lugar a aquello que pide Lacan para su Escuela en el Acta de Fundación, donde incluye junto al psicoanálisis puro y el psicoanálisis aplicado, una tercera sección dedicada a la recensión del campo freudiano, “a la reseña y a la censura crítica de todo lo que ofrecen en este campo las publicaciones que se pretenden autorizadas en él”. De ahí que en esta andadura de El Psicoanálisis hayamos querido hacer presentaciones de la revista en distintas comunidades para invitar a su lectura y a la discusión, para hacer más pública la publicación, ya que son esta reseña y censura crítica las que alimentarán nuevas preguntas y nuevas producciones disponibles para ser publicadas, cerrando así el circuito de alimentación epistémica escrita de nuestra Escuela. Del contenedor de restos de escritura a la producción de nuevos textos que reinicien el circuito. A este respecto, la responsabilidad de un Comité de Redacción es saber elegir un tema y unos textos que efectivamente sepan convocar el interés de la comunidad de Escuela y puedan efectivamente dejar marcas a las que volver para suscitar una lectura crítica y fértil.
Elegimos para este número tomar como eje la inquietante extrañeza de la que Lacan dice en el Seminario 23 que “depende indiscutiblemente de lo imaginario” y a la que Jacques Alain Miller dedica parte de la Conversación Clínica de Montpellier en 2011, conversación que sirvió de cierre del último curso realizado por él, conocido bajo el título El ser y el Uno o El Uno solo. Esta inquietante extrañeza apunta, como nos mostrará Blanca Medina y varios de los autores que contribuyen en este número como Christiane Alberti, Lorena Oberlin, Domenico Cosenza y Luis Tudanca, a la revisión de lo imaginario que hace Lacan en su última enseñanza en la que, como precisa Christiane Alberti se pasa del “sujeto que ama su cuerpo” al “parlêtre que adora su cuerpo”. Se trata del paso de un imaginario que permite al sujeto apegarse a la imagen de su cuerpo porque le da un yo al que amar que borra su división, a un imaginario horadado por un cuerpo sustancia gozante que por mucho que el parlêtre adore su imagen, el afecto de inquietante extrañeza habita en él, produciendo una fractura en el interior mismo de lo imaginario, un cuerpo que “ a cada rato levanta el campamento”, como dice Lacan y como nos muestran los parlêtres que llegan a nuestras consultas con cuerpos llenos de una “ansiedad” y unos síntomas con los que no saben qué hacer. Una inquietante extrañeza que necesita de un nudo entre simbólico, real e imaginario, que armado en un sinthome, permita que el parlêtre se pueda sostener en la ex-sistencia.
Otros descubrimientos que nos ofrece este apartado han sido para mí: la lógica con la que Rosa López nos muestra como la belleza está preñada de inquietante extrañeza, que ya nombramos; el determinante papel del doble en la vida y en la obra de Ingmar Bergman sobre el que trabaja Enric Berenguer; la posibilidad de saber acerca de cómo se gestó el concepto de unheimlich en Freud de la mano de Marina Lusa y, gracias a Serge Cottet, la pluralidad de los usos de los objetos fóbicos para manejarse con lo que inquieta y extraña al ser hablante.
A partir del eje de la inquietante extrañeza, quisimos también conversar con otros discursos, conocer sus declinaciones en las producciones en otros campos. Descubrimos así la danza-teatro de Peeping Tom, a partir de la entrevista que Claudia González y Regina Méndez realizaron al fundador de la compañía Franck Chartier, coreógrafo y bailarín, y a otro de sus bailarines, Konan Dayot, y también a partir del texto de Magda Mataix. Gracias a Isabelle Orrando nos acercamos, desde la filosofía, al libro El intruso, en el que Jean-Luc Nancy nos habla del cuerpo extraño a partir de su trasplante de corazón. Gracias a Miguel Ángel Alonso nos acercamos a cómo desde la pintura surrealista se trata lo inquietante y extraño en la exposición Otros surrealismos 1924. Daniel Casellas nos acerca a la liturgia dramática de lo extraño de Angélica Liddell. Y Gabriela Galarraga nos lleva a lo inquietante femenino a partir de la referencia al libro de la crítica literaria feminista Terry Castle titulado El termómetro femenino. La invención de lo inquietante en la cultura moderna.
En la construcción del número, surgió también la posibilidad de publicar un texto de Éric Laurent, “Lalaengua y el forzamiento de la escritura”, no seguía el eje principal sobre la inquietante extrañeza, pero pensamos por qué no desplegar otra rama del árbol del cuerpo vivo del parlêtre, aquella que apunta a lalengua que habita en cada uno de nosotros. Laurent muestra exquisitamente en este artículo, cómo cada uno de nosotros habitamos una lalengua producto del forzamiento que hacemos del lenguaje que golpea nuestro cuerpo para hacerlo vivo en nosotros y cómo, por ello, la experiencia de un análisis deberá producir un nuevo forzamiento que aligere las inercias de goce que produce. A partir de este eje, nos dejamos acompañar por la lectura que distintos autores hicieron del singular forzamiento de la escritura de grandes escritores: Alim Salom nos mostró la particularidad de la “grámatica sinthomática” de Proust y su relación con el tiempo que hace síntoma; Dominique Corpelet nos presenta las fábulas borgianas en busca del origen imposible del lenguaje, de una palabra que sea la cosa, hasta encontrarse finalmente con la voz del padre como causa de la escritura, y María Navarro nos trajo el intento de Pizarnik por no hundirse en el exilio del lenguaje que la invade y mantenerse con vida a través de la poesía.
El entrelazado de ambos temas, el imaginario habitado por la inquietante extrañeza y el forzamiento del lenguaje que supone la lalengua de cada uno están extraordinariamente ilustrados en los casos clínicos de Guy Briole y de Blanca Cervera, y en los testimonios de pase de Mariana Gómez y de Carolina Koretsky.
Para terminar, en este nuevo número de El Psicoanálisis,dejamos la puerta abierta a un nuevo eje sobre el que trabajar y producir nuevos restos, el por-venir, la pregunta sobre el no hay de la relación sexual que abre el Congreso Mundial que tendrá lugar la próxima primavera. Aquí Christiane Alberti y Ricardo Seldes, presidenta y vicepresidente de la AMP, nos dejan sus cartas de navegación para empezar el viaje.
Con todo ello, os invitamos a que cada uno de vosotros hagáis un uso fructífero de El Psicoanálisis 46 en las cuestiones que andéis inmersos o que os despierte la curiosidad para abrir nuevas investigaciones.
Esperanza Molleda – Miembro AMP y ELP.