Elena Catania – Miembro de la ELP y de la AMP

 Miguel Arana – Doctor en Física

Este texto es un extracto de un trabajo presentado en el Taller de Investigación Lengüajes VIII, dirigido por Sergio Larriera, en la Sede de Madrid de la ELP en julio de 2019.

Ponente invitado, el Doctor en física teórica Miguel Arana, que realizó comentarios sobre los conceptos de vacío y espacio en física.

Jorge Oteiza está considerado como uno de los grandes artistas de la vanguardia del arte mundial del siglo XX. Pero, contra lo que es habitual, en vez de romper con el pasado, se basa en él. Va hasta la prehistoria, al Neolítico del cromlech, al Magdaleniense de hace 16.000 años, y descubre las bases estéticas vascas donde fundamenta sus esculturas de desocupación, sus apóstoles de Aránzazu, su teoría estética e incluso sus poemas.

Afirmar que Oteiza es uno de los mejores escultores del siglo XX de nuestro país es algo consabido, aunque no banal, porque en este rasero se confronta con formidables figuras como Picasso, Julio González, Gargallo, Chillida por solo citar algunos nombres capitales de referencia.

Considerado como uno de los pioneros de la escultura abstracta en España, Jorge Oteiza pasará a la Historia del Arte de este siglo por sus logros escultóricos y por sus reflexiones teóricas entorno al espacio. Para él la expresividad del hueco, la ocupación activa del espacio. Es autor de numerosos textos y ensayos que han influido en las generaciones posteriores de escultores vascos, entre otros el “Quosque tandem!” Ensayo de interpretación estética del alma vasca (1963), que despertó gran interés, y su continuación “Ejercicios espirituales en un túnel” (1983). En estos escritos Oteiza plantea cuestiones básicas del arte, la escultura del siglo XX.

Oteiza hablaba de su escultura como vacío, un espacio desocupado en el que ha desaparecido la masa. Tradicionalmente la escultura se ha planteado en términos de volumen: un sólido que ocupa un espacio. Oteiza, en cambio, invierte el principio: la escultura crea un vacío. Repetidamente, en textos y entrevistas, el escultor aludía a ejemplos que formaban parte de su universo.

Entrando un poco en detalle, en el proceso de Oteiza fue muy importante Malevich, al que nombra frecuentemente en sus escritos. El Cuadrado blanco sobre fondo blanco del artista ruso es la expresión del vacío en pintura.

Si Malevich expresó la noción del vacío en el ámbito de la pintura, Oteiza lo hará en el de la escultura.

En la localidad navarra de Alzuza, la Fundación Museo Jorge Oteiza guarda en un edificio diseñado por Francisco Javier Sáenz de Oiza la colección personal de Oteiza, quien la donó a la Fundación que lleva su nombre, en la que interviene el Gobierno de Navarra.

La obra más conocida de Oteiza es la de los apóstoles del Santuario de Arnzazu, en la entrada a modo de friso hay 14 apóstoles y no 12, durante años estuvieron prohibidas por la Iglesia por su modernidad, hasta los años 60.

La vida de Jorge Oteiza (1908-2003) se puede dividir en dos grandes etapas: una de escultor y otra de escritor y deja claro, también, que los períodos más críticos son los más creativos.

Integrado en los movimientos de vanguardia, de contenido internacionalista, en 1934 se embarca hacia Argentina y luego de trabajar en Chile, consigue una beca para participar en una excursión antropológica a la cultura de San Agustín en Colombia en 1944. Este acontecimiento cambió radicalmente su vida, tanto en su comprensión de la escultura como en la del lugar del artista. A partir de este momento y hasta 1952, Oteiza se convierte en el principal promotor de un “arte nuevo” que dé cuenta de los cambios de paradigma científico, sobre todo físico, del siglo XX.

Entre 1951 y 1959 Oteiza elabora lo más importante de su obra escultórica que se resuelve en lo que él llamará “estética negativa”, particularmente su Proyecto Experimental.

En 1959 comienza su segunda etapa como investigador de la cultura vasca. Su reflexión ha colaborado con la base del nuevo nacionalismo vasco. De esta conversión del escultor a lo vasco, como lo llama Etxeberría, la obra más importante es Quosque tándem…! Ensayo de interpretación estética del alma vasca (QT). Como él mismo lo describe.

En su texto, el nombre de Heidegger aparece cinco veces. Otras cuatro veces aparece en anotaciones manuscritas hechas sobre el texto. Oteiza era un lector apasionado del filósofo alemán.

En”Quosque tándem” señala una relación muy interesante entre angustia y arte. La reproduzco a continuación.

“De muy niño, en Orio, donde he nacido, mi abuelo solía llevarnos de paseo a la playa. Yo sentía una enorme atracción por unos grandes hoyos que había en la parte más interior. Solía ocultarme en uno de ellos, acostado, mirando el gran espacio solo del cielo que quedaba sobre mí, mientras desaparecía todo lo que había a mi alrededor. Me sentía profundamente protegido. Pero, ¿de qué quería protegerme? Desde niño, como todos, sentimos como una pequeña nada nuestra existencia, que se nos define como un círculo negativo de cosas, emociones, limitaciones, en cuyo centro, en nuestro corazón, advertimos el miedo -como negación suprema- de la muerte. Mi experiencia de niño en ese hoyo en la arena -ustedes habrán vivido momentos muy semejantes- era la de un viaje de evasión desde mi pequeña nada a la gran nada del cielo en la que penetraba, para escaparme, con deseo de salvación. En esa incomodidad o angustia del niño despierta ya el sentimiento trágico de la existencia que nos define a todos de hombre y nos acerca de algún modo a uno de estos 3 caminos de salvación espiritual que son la filosofía, la religión y el arte. Que son 3 disciplinas, podemos decir, de las relaciones del hombre con Dios, que se mezclan y conjugan en nuestro corazón, pero que técnicamente son distintas e independientes. El que se ha decidido concretamente en la vida por una de ellas y el que no se ha decidido también, hallará en los recuerdos de su niñez, datos de una espontánea elección o inclinación, por uno de esos caminos. Me van a permitir otro recuerdo personal de la niñez (así abrevio mucho mi explicación). Otro de los frecuentes paseos con mi abuelo, era al alto de Orio, en el camino a Zarauz. Había un bosque de hayas junto a una cantera pequeña y sin explotar de piedra arenisca. Yo jugaba a golpear pedazos de la piedra arenisca con otra distinta y más dura y solíamos recoger el polvo más fino producido con esta operación (puramente mecánica al principio) que llevábamos como un gran obsequio a la abuela para la limpieza de los cacharros de la cocina. Me debió interesar este juego, pues logré un pequeño martillo y un clavo muy grueso que mi primo Jaime me convirtió en cincel. (…) Pues bien, la satisfacción inolvidable, que se me despertó en la cantera, fue perforar la piedra: descubrir el otro extremo libre del agujero. Mi actividad no consistió en otra cosa que hacer agujeros en todas las piedras que podía.

Es ahora que puedo asociar y explicarme estos dos recuerdos. Relacionar mi contemplación del cielo lejano desde el fondo de mi agujero en la arena de la playa, con la fabricación del pequeño vacío, espiritualmente respirable y liberador, del agujero, al alcance de mi mano, en la piedra.” (Oteiza).

Oteiza relaciona claramente angustia con vacío y nada. La angustia de la soledad y la muerte experimentados a la orilla del mar. El vacío del cielo y su nada. Y comprende claramente la elección por el arte como un camino de salvación de esa angustia. Incluso su propia estética negativa, creadora de vacío, como ese camino liberador de la angustia.


1958-1959 Desocupación de la esfera. Es un proyecto con múltiples realizaciones. En este caso, la Variante ovoide de la desocupación de la esfera.

Cajas metafísicas. Una serie con múltiples variantes. En este caso, Caja vacía de 1958

Oteiza convierte su escultura en una “desocupación formal del espacio”.

En 1957 se celebró la cuarta edición de la Bienal de San Pablo, en la que Jorge Oteiza logró el Premio al mejor escultor extranjero.

En 1959, por entender que había alcanzado a su fase conclusiva, decide abandonar la actividad escultórica.

La Escultura se preocupa de enseñarnos una especie de respiración visual que nos permite sumergirnos en las cosas y acontecimientos del Espacio.

Espacio es lugar, sitio ocupado o sin ocupar. Pero este sitio sin ocupar no es el vacío. El vacío se obtiene, es el resultado de una desocupación espacial. Es el resultado de una ausencia formal, el vacío se hace, es un resultado, no existe a priori.

He terminado mi escultura experimental cuando he logrado vaciar este hueco en el espacio natural, cuando he desocupado formalmente la estatua.

La arquitectura crea espacios y volúmenes corpóreos. El espacio, en contraste con la masa plástica, está limitado allí donde toca el volumen plástico, se experimenta desde el interior. Por otra parte, la masa plástica la delimita el espacio de alrededor. Se experimenta desde el exterior” (Oteiza).

Las Cajas vacías

Las Cajas vacías desarrolladas entre el año 1958 y el 1959, reunirán todo lo expresando hasta el momento.


Circulación en oblicuo con tres vacíos Malevich 1958

“El fondo de la caja recordará el Blanco sobre blanco de (para mí, pintura vacía) Malevich, así lo he querido (Oteiza)”

En cuanto a su composición material, las cajas vacías serán cubos huecos formados apenas por sus caras, ejecutadas con chapas metálicas.

Oteiza en cambio, pretende un vacío en el que el tiempo haya desaparecido, en el que solo se presente el espacio ante nuestros ojos.

Lo que medimos es el espacio vacío mismo, su “presencia de la ausencia formal”, tal como Oteiza lo definía: “Si a mi escultura tuviera concretamente que referirme, sería para hablar de los espacios en calma o vacíos”.

Lucio Fontana, con quien Oteiza entabla amistad durante su estancia en Buenos Aires, es el principal impulsor de un manifiesto en 1946, donde se hace un llamamiento para la creación de un arte basado en las teorías de Einstein, un nuevo arte del espacio y del tiempo.

En 1952 en un escrito inédito Oteiza señala a Einstein como uno de sus mayores influencias “Para mí hay dos hechos que me afectan profundamente en la elaboración de mi pensamiento: La idea de tiempo en Einstein y la idea funcional de Le Corbusier en arquitectura”.

Oteiza al igual que otros muchos artistas, no traduce ni ilustra las teorías de la ciencia sino que adopta una actitud creativa ante ellas.

Todas sus obras son una consecuencia directa de la profunda transformación que sufre el concepto de espacio.

Es testigo del tránsito desde la física clásica a la física cuántica, en el que la visión tradicional de que el espacio es aquello inerte en el que existen los objetos, pasó a una concepción activa del espacio donde se destaca su carácter constitutivo.

El concepto de vacío en la física

Tras la teoría cuántica de Planck 1899 y la primera versión de la Teoría de la relatividad de 1905, comienza aceptarse la idea inverosímil hasta entonces, de que la masa y la energía están íntimamente relacionadas, además de modificarse el concepto de espacio. Súbitamente la materia pierde su supremacía y se socava el fundamento fijo, inmóvil y estable sobre el que se sustenta la realidad y por extensión, la propia concepción tradicional de la escultura. Ningún ámbito de la cultura, de la ciencia o el pensamiento es ajeno a esta transformación en la concepción del espacio y la materia.

En relación a este concepto es necesario entender la labor escultórica de Jorge Oteiza, que convierte su obra en una experimentación en la que el espacio queda desocupado. Para Oteiza el hueco en la escultura se corresponde espiritualmente con la reaparición de un sentimiento trágico que trata de dirimir la supremacía del espíritu sobre la materia y el cuerpo.

Partiendo de la figura geométrica plantea un diálogo entre la materia y el vacío equiparando plástica y vida a través incluso del tratamiento de la luz. Sus planteamientos giran en torno a la relación interior-exterior descubriendo el vacío por desplazamiento y articulando un nuevo vocabulario centrado en la investigación geométrico-racional que le lleva al vacío escultórico y a la liberación energética donde el espíritu se “desoculta” (Ugarte, 2007).

El debate entre volumen y espacio, si bien ya se propone en esculturas como Unidad triple y liviana de 1950, llega en un sentido más estricto con sus Cajas metafísicas de 1958 muy relacionadas con el pensamiento de Heidegger “donde el espacio sustituye a la materia y se convierte en un lugar abierto para que el tiempo tenga lugar” (Manterola, 2003: 568). Sus esculturas se convierten, por tanto, en un receptáculo del vacío donde el espacio se “desoculta con el espíritu” y donde el propio vacío se vuelve “misteriosa materia” con un cariz espiritual.

Los conceptos de Espacio, Tiempo y Vacío hay que reflexionarlos en torno a la creación de la realidad.

Para entender la fuerte influencia que supusieron en el pensamiento de Oteiza las revoluciones relativista y cuántica puede ser útil mencionar brevemente algunas ideas sobre estas teorías, y el importante cambio conceptual que supusieron.

– La primera idea trata sobre la relación entre el espacio y el tiempo. Estos conceptos los percibimos como entidades independientes y muy diferentes, pero la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein explicó que no era así. Cuando tratamos con objetos que se mueven a grandes velocidades, las distancias y los intervalos temporales se expanden y contraen según el sistema de referencia desde donde las observamos; y lo hacen de manera conjunta. El espacio y el tiempo fluyen el uno en otro, demostrando que no son sino facetas de una única entidad que se llamará espacio-tiempo. Una entidad que no resulta directamente perceptible en nuestra vida diaria, pero que la teoría confirma como la trama real del universo.

Antes de Einstein pensábamos que aunque quitáramos la materia para formar un vacío, quedaban unas referencias fijas; un espacio vaciado que poder medir con precisión, y un tiempo que avanza de manera regular. Ahora sin embargo sabemos que eso no es así. Lo que queda es espacio-tiempo. Y si intentamos medir y capturar el espacio o el tiempo por separado, lo que nos encontraremos será variable y relativo a cada observador.

– La segunda idea tiene que ver con la dinámica del espacio-tiempo. En la Teoría de la Relatividad General, Einstein propuso que el propio espacio-tiempo podría curvarse. Y esta curvatura estaría determinada por la cantidad de materia y energía existente en él. De la misma manera que un colchón plano se deforma y curva cuando ponemos un peso sobre él, el espacio-tiempo se curvaría por la materia y energía que existiera en él. Con esta nueva visión la idea de que existe una fuerza de la Gravedad desaparece. En la antigua concepción del universo la materia se atrae entre sí. Por ejemplo la Tierra nos atrae porque ambos somos materia, y por eso permanecemos en su superficie. En la nueva teoría la Tierra deforma el espacio-tiempo que tiene alrededor y nosotros “caemos” en ese hoyo que forma la Tierra.

Hasta ese momento el vacío parecía ser un marco rígido de referencia que permanecía firme e inmutable independientemente de los objetos que pusiéramos en él. Ahora la teoría nos dice que el vacío es un ente dinámico, que se deforma y curva, que varía y cambia según lo que contenga.

– La tercera idea tiene que ver con la ausencia de materia del vacío. En esta ocasión el cambio conceptual viene de la mano de la teoría cuántica. A diferencia de las dos teorías anteriores relativistas, que tratan de lo rápido y lo grande, en este caso la teoría cuántica trata de lo pequeño. El límite microscópico de las partículas que componen todo lo que nos rodea. Esta teoría nos muestra como las partículas pueden interactuar entre sí de infinitas maneras, que son tanto posibles como inevitables.

En el mundo de lo microscópico el espacio está bañado por un mar infinito de partículas virtuales que se crean y destruyen, interaccionando entre sí, multiplicándose hasta el infinito en una fracción de segundo. El vacío que creíamos deshabitado está sin embargo todo el tiempo lleno.

– Partíamos por lo tanto en el momento anterior a las grandes revoluciones científicas de un vacío que no sabíamos bien qué era, pero que entendíamos ausente de materia, con un espacio que habitar y poder medir con reglas, y un tiempo que avanzaba y podíamos medir de manera absoluta usando relojes. Y llegamos a un espacio-tiempo, que cambia curvándose y deformándose, y cuyo vacío está profundamente lleno.

Oteiza desarrollará de manera personal su entendimiento y trabajo sobre el vacío, pero influido y resonando con esas radicales rupturas conceptuales en el entendimiento sobre el vacío, el espacio, el tiempo y la materia.

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