La Escuela al servicio del discurso analítico.

Como subraya Miller: “Hay tantos pases como interpretaciones de pase por parte del pasante y al mismo tiempo que éste interpreta el pase, interpreta muchas cosas también; interpreta lo que para él es el concepto de inconsciente, el concepto de deseo, el concepto de fantasma…Es esto lo que, precisamente da una indicación del deseo del analista”. Podríamos añadir también que hay una interpretación de la Escuela y de la relación de cada uno con la causa analítica a partir de la experiencia analítica y del fin del análisis.

1.-La Escuela sujeto al servicio del discurso analítico.
Lacan afirma en el “Acto de fundación” de la EFP en 1964: “Fundo -tan solo como siempre he estado en mi relación con la causa analítica…”. Lacan da ese paso, al mismo tiempo que lo acompaña lógicamente de una renuncia a la soledad institucional. Ese es el paso que dio Lacan en el contexto de la situación del psicoanálisis en Francia en el año 64 y en los debates que le precedieron en la década anterior.
La Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela es presentada por Miller en el contexto del proceso de formación de la SLP italiana en el año 2000, que todavía no existía desde el punto de vista legal, pero se encontraba en un momento que Miller describe como “Tomada en un deseo, surge bajo la forma de un deseo antes de surgir como sujeto de pleno derecho”. Dice que no se trata de un deseo vago o abstracto, sino ya hay un movimiento en marcha, acontecimientos de Escuela, para su creación. Recordemos que en el año 2000 la ELP se constituye como sujeto de derecho y que este año, 2025, se celebra su 25 aniversario. Adelanta Miller la idea de que ya hay una vida de Escuela y que “la vida de Escuela está para ser interpretada”.
La Escuela en su teoría de Torino diciendo que: “la Escuela es un sujeto. Este sujeto está determinado por significantes de los cuales es efecto, ya que es esto lo que define a un sujeto, ninguna otra cosa” y esa es la razón por la que Lacan pensaba que la Escuela necesitaba analistas, de Analistas de la Escuela (AE) capaces de analizar e interpretar la Escuela como sujeto. Dice Miller que Lacan consideraba la Escuela como un sujeto de pensamiento que piensa a través de sus miembros.
Podemos interrogarnos ¿de qué se trata cuando hablamos de la Escuela sujeto? Hay muchas respuestas posibles a esta pregunta. Particularmente me parece que una de las claves la señala Miller cuando dice que la Escuela sujeto implica poner el acento en que se la pensó para poner la enseñanza de Lacan en práctica, para asegurar su transmisión, para funcionar al servicio del psicoanálisis. Se trata de crear una institución que favorece el discurso analítico, de no hacer una sociedad de analistas, sino una Escuela alrededor de un “no saber qué es el analista”, al mismo tiempo tratando de investigar, de cernirlo uno por uno.
Ese es el objeto de la Escuela sujeto. Esta perspectiva que Miller subraya refiriéndose a la ECF es al mismo tiempo la brújula que orienta al conjunto de las Escuelas de la AMP. Es decir, la Escuela es un instrumento para que el discurso del psicoanálisis sobreviva en un tiempo en que los discursos dominantes van a contracorriente del discurso analítico. En el texto Miller subraya que Lacan “avanza en la soledad de un sujeto que está en relación con una causa a defender y promover”.

2.-Un tratamiento posible de lo imposible.
Por otro lado, la Escuela se constituye a partir sus miembros, es decir a partir “de soledades estructuradas como soledades, esto es, como sujetos barrados fijados a significantes-amos y habitados por la extimidad del plus de goce particular de cada uno”. Dicho de otra manera, la paradoja consiste en que hay que hacer comunidad, al mismo tiempo que en sí misma la institución no es muy afín al discurso analítico que se fundamenta en la singularidad y no en lo universal. Miller dice en su texto “La Escuela de Lacan” que la institución analítica es una formación antinómica con el discurso analítico y que todo grupo analítico es una defensa contra el discurso analítico. Hacer lazo a partir de esta paradoja, de esta imposibilidad, implica la necesidad de una conversación que permita que el síntoma pueda encontrar un tratamiento a través de la palabra y de las reglas del juego compartidas, siempre en la perspectiva de nuevas invenciones a producir.

La Escuela sujeto, susceptible de ser interpretada en tanto tal, en la medida en que está formada por miembros, incluye también la dimensión imaginaria y real. En el registro de lo imaginario encontraremos siempre la rivalidad, el narcisismo y la inercia de lo grupal. En el registro de lo real Lacan coloca, en el epicentro de la Escuela, el agujero abierto por el hecho de que no hay una respuesta a la pregunta sobre lo que es EL Analista.
La inercia de lo imaginario se alimenta sobre este agujero en el saber, sobre otra imposibilidad a la que Lacan responde con el dispositivo del pase que permite una aproximación en el uno por uno. Hay la serie, uno, uno y uno y esto quiere decir serie. El analista no existe quiere decir que los analistas forman serie, sucesión.
El pase está en el corazón de la Escuela, pero lejos de idealizarlo hay decir que no es el todo de la Escuela. Más bien lo que se demuestra es que al final del análisis todos somos analizantes frente a lo real, no hay saber ni verdad que contenga un punto de capitón, aunque podamos decir que hay un analista o que el cartel del pase hace una apuesta uno por uno.
La consideración de la Escuela sujeto susceptible de ser interpretada creo que se propone a partir de la consideración de Miller de la propia historia de las Escuelas de orientación lacaniana que forman parte de la AMP. Las Escuelas progresan a partir de las crisis y fracasos que cada cierto tiempo las sacuden y que condujo a Lacan mismo a disolver la EFP y crear la ECF. Miller llega a formular en el texto “La Escuela de Lacan”: “Crear una Escuela significa estar dispuesto, en todo momento, a sacrificar la institución, si es necesario, en favor del psicoanálisis. Lacan demostró esto sacrificando su Escuela cuando le pareció que ya no estaba funcionando para el psicoanálisis.”
Todas las Escuelas han pasado por momentos de crisis, cada una con sus particularidades, que deben ser interpretados. Si constatamos esa realidad es porque están vivas. “No hay relación sexual” tampoco para la Escuela sujeto porque cada uno de sus miembros que la habita, juega su partida a partir de su singular modo de gozar.

3.-Singularidades que no hacen grupo.
Cada miembro forma parte de la Escuela siendo portador de su síntoma y su fantasma. Cada miembro tiene su particular manera de habitar la Escuela. Hay muchas maneras de estar en la Escuela. Algunos tienen un gusto particular por ocupar los lugares de poder y decisión, otros por la transmisión o la investigación, otros prefieren situarse en sus bordes, otros asumen responsabilidades de control y formación de analistas, otros tienen una tendencia a formar grupos alrededor de sus propios narcisismos.
Hay multitud de formas de estar en la Escuela. El denominador común consiste en su relación con la causa analítica y ésta va a depender de la propia experiencia de análisis de cada uno. La Escuela da un marco para el ejercicio de la transferencia de trabajo y dispone del instrumento del cartel como motor de esa transferencia de trabajo, aunque no sea el único, que se disuelve cada dos años para agujerear la inercia imaginaria que siempre está presente. Pero siempre encontraremos esta tensión entre la agregación y la desagregación porque en última instancia, incluso para los que han realizado una larga trayectoria analítica o hayan sido nominados como AE siempre quedan restos fantasmáticos y sintomáticos.
Esto es lo que hace que La Escuela sea un conjunto lógicamente inconsistente, es decir no-toda. Nos dice Miller que “El único enunciado capaz de colectivizar la Escuela es el que la nombra no-toda” y añade que constituir las soledades en comunidad de Escuela, no es otra cosa que subjetivarla. La subjetivación que cada uno hace de la Escuela responde a la experiencia de su propio análisis y a lo que ha encontrado allí, si está suficientemente analizado.
La Escuela reúne a singularidades que no hacen grupo o al menos eso es lo que se espera. La definición del analista pone en duda cualquier identificación posible. Para Lacan se trataba del atravesamiento del plano de las identificaciones y más allá de eso nos encontraríamos con el campo del goce que se articulan en el binario síntoma-fantasma.
En la Proposición del 67… propone el final del análisis a partir del atravesamiento del fantasma. Entonces la Comunidad analítica, la Escuela, se constituye a partir de la destitución de las identificaciones, de las singularidades ligadas por la transferencia al psicoanálisis, al compromiso por hacerlo existir en el mundo como discurso.
Sobre el goce no se puede decir todo y en su aspecto inconsistente produce un efecto de desagregación, de desvinculación, lo que supone una paradoja. Porque el final del análisis pone en tensión la singularidad que es propia al discurso analítico con el hecho de que la transferencia con el analista sea desplazada a la Escuela para hacer de la Escuela un conjunto de analistas “dispersos y descabalados” como dirá Lacan, psicoanalistas que en su propio recorrido han hecho una experiencia.

4.- Lo que fundamenta el lugar del analista en la Escuela y en la cura es la existencia del inconsciente.
Se produce el analista a partir de las formaciones de su propio inconsciente. El analista interpreta porque hace parte del inconsciente y se ha hecho él mismo producto de la operación del inconsciente a través del dispositivo analítico propio. Ese es el punto de partida.
En mi caso, durante mi primer análisis aparece la angustia, tras haberse revelado algunos de los significantes fundamentales que habían sostenido mis ideales, todos ellos en la función de reparar la figura paterna. En ese tiempo le dije al analista:

  • ¿Y ahora qué puedo hacer dado que no creo en nada?
    Y la analista me contestó:
  • “Pero usted ha hecho la experiencia del inconsciente”.

El análisis continuó, a pesar de la angustia, bajo el paraguas de esa “verdad mentirosa”, tomando a mi cargo la creencia de que esa era la única vía que me quedaba para salir de los enredos en los que me encontraba.
En mi historia algo no había podido ser dicho, ni estaba a mi alcance y como efectivamente había hecho la experiencia del inconsciente, sus revelaciones me habían transformado en un apasionado del psicoanálisis y de los amores con la verdad.
En el segundo análisis y tras el atravesamiento del fantasma, la experiencia de la inconsistencia y el sinsentido emerge la dimensión del goce y lo imposible de decir. Lacan habla de una marca del atravesamiento de las identificaciones y del fantasma y también de lo que fue el trauma del goce sobre el cuerpo. La perspectiva del sinthome no anula lo anterior, pero permite habitar la Escuela en un estilo vinculado al núcleo de goce que queda por fuera del sentido.
Una vez que el analista es desalojado en la cura del lugar que ocupaba, la pregunta que se formula Lacan es alrededor del destino de la pulsión. Habría que añadir también que podemos interrogarnos sobre el destino de la transferencia. Cada AE testimonia de una manera singular sobre este punto.

En el reciente testimonio de Neus Carbonell, dice: “Una vez llegados allí, ¿cómo se pasa del trabajo de la transferencia a la transferencia de trabajo, noción está última que supone la necesidad lógica de la Escuela sujeto? ¿Cómo se pasa de la transferencia como motor del trabajo en análisis a la transferencia de trabajo, que es el motor de la Escuela sujeto? ¿Es necesario terminar un análisis para que haya transferencia de trabajo en la Escuela? Seguramente no, la transferencia de trabajo puede estar mucho antes. Lo que cambia al final de un análisis es que esa transferencia de trabajo se convierte en la orilla, la única orilla posible adonde dirigir la transferencia que antaño sostuvo el lugar del Otro. Solo que ahora el Otro, que es la Escuela, existe solamente a causa de la transferencia de trabajo con los otros, existe como un sujeto de pleno derecho. Y, sin Escuela, no habría destino para la transferencia al final. La Escuela es una necesidad lógica del fin de análisis.” Nos recuerda en su testimonio que hay que creer en la Escuela, pero al mismo tiempo sin esperar una palabra salvadora de ella.

Podemos tomar otro testimonio, en este caso de Patrick Monribot “Del diván a la Escuela”. Dice: “Anudar un síntoma conclusivo es un efecto que se espera después del atravesamiento del fantasma.
Empecé mi análisis a causa de un vínculo catastrófico con una primera mujer y, posteriormente, la repetida elección de parejas devastadoras parecía prometerme un desgraciado futuro. Resumiendo, yo navegaba entre la insatisfacción de la unión y la imposibilidad de la separación. Eso era el síntoma de entrada.
Al final de la cura, hacer de una mujer un síntoma de salida de análisis, implica reformular el nuevo vínculo con una pareja…Ya no se trata de amar a “las” mujeres en general, (esta solución supone una relación fetiche, como en Don Juan) – sino que ahora se trata de poder amar a “una” mujer particular, ponerla en posición de excepción, lo cual es una cosa completamente diferente.
Añade Monribot:
En el amor como síntoma, es tanto un funcionamiento como un disfuncionamiento – pero es un disfuncionamiento que no se convierte en un estrago. A todo esto, hay que añadir, como lo recuerda Miller en un curso reciente, que el anudamiento borromeo tiende permanentemente a desanudarse. Lo que quiere decir que la actividad de anudamiento nunca acaba de manera definitiva, siempre empieza de nuevo o se van haciendo “remiendos”.
En efecto el vínculo a la comunidad de analistas viene a descompletar la solución por el vínculo amoroso. Para decirlo de otra manera, la Escuela viene a inmiscuirse en el asunto, imponiendo “un matrimonio a tres”. La comunidad de analistas, también toma valor de pareja-síntoma, de “partenaire symptôme”, por la razón que nos queda por elucidar. Decir que la Escuela es una pareja-síntoma equivale a anudar mi goce con ella (con la Escuela).
Monribot, toma este arreglo “a tres” como síntoma con efecto de trabajo.

Si traigo estos ejemplos es para ilustrar que la definición del analista pone en duda cualquier identificación posible, Lacan habla del atravesamiento de las identificaciones y del atravesamiento del fantasma en el Seminario 11.

La Escuela se constituye a partir de la destitución de las identificaciones y al mismo tiempo sin aceptar la salida cínica del sujeto que se cree amo de su goce, sin una deuda a pagar. La salida cínica es una de las salidas posibles, pero no es la deseable para el psicoanálisis ni la Escuela. Todo tiene un precio y la pérdida es el operador que se introduce en la experiencia de un análisis. No hay grado cero de la transferencia y al mismo tiempo hay que soltar “las mieles de la transferencia” con el analista para que quede como un desecho de la operación del fin del análisis.
Más allá de los amores con la verdad, la vertiente real de la experiencia analítica permite reunir las diferentes singularidades, a los “sin grupo”, ligarlos a la transferencia al psicoanálisis. Se trata del discurso analítico como lazo social.

5.-Para terminar, Lacan funda su Escuela a partir de 3 secciones: 1.-la del psicoanálisis puro cuyo objetivo es decir algo sobre lo que es el analista, 2.-Terapéutica de psicoanálisis aplicado a la clínica de la época en que se desarrolla. 3.-La sección de recensión del Campo freudiano, que dialoga entre el psicoanálisis y disciplinas afines.
Lacan fundó su Escuela como un lugar para hacer lazo entre los miembros, lazo sostenido bajo la modalidad del cartel. En 1967 incluiría también el Pase. Como sabemos no hay lazo sin su punto de imposible, lo que Lacan desarrollará en su propuesta de los 4 discursos en el Seminario 17. Esta imposibilidad de la estructura convoca permanentemente a la Conversación y a la Elucidación que permita que lo constituido no amenace ni arrincone la variedad que habita en el seno de la Escuela. Esa conversación se sostiene alrededor del real que hay en juego en la formación del analista porque el lazo que se establece en la relación con la causa analítica solamente puede ser solitaria en la medida en que el conjunto de soledades no constituye un todo y responde a una lógica inconsistente que requiere una interpretación, como dirá Miller.

(1) Miller, J.-A., 1,2,3,4 Tomo I, Buenos Aires, 2021, Paidós, p. 11.

(2) Miller, J.-A: “Acero el abierto”, Uno por Uno, 7/8, enero 1989, p. 6-7.

(3) Miller, J.-A., Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela.

(4) Miller, j.-A., 1,2,3,4, Tomo I, Paidós, 2021, p. 38.

(5) Miller, J.-A., Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela.

(6) Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI, Otros Escritos, Paidós 2021, p. 601.

(7) Castellanos, S., Ensamblajes y piezas sueltas, “Primer testimonio, me he buscado la vida”, Grama ediciones, 2020.

(8)  Lacan, J., Otros Escritos, “Proposición del 9 de octubre…”, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 262.

Santiago Castellanos, miembro AMP y ELP.

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