APERTURA DEL SEGUNDO ENCUENTRO

Carmen Cuñat – Miembro de la ELP y de la AMP

Vamos a dar comienzo a este segundo encuentro en la Sede de Madrid de la ELP que tiene como objetivo acercarnos al VI Encuentro de Elucidación de Escuela, que tendrá lugar el 16 de abril. Con Celeste Stecco hemos diseñado estos dos encuentros teniendo en cuenta el tema que íbamos a tratar: “Transmisión y deseo de Escuela”. Intentar transmitir el deseo que se fragua en torno a la Escuela, no es sin los otros, no es posible sin tener en cuenta una pluralidad de deseos, de síntomas  y de recorridos. Nuestra idea fue desde el principio invitar a dar un testimonio breve pero razonado de ese recorrido que le llevo a cada uno a desear hacer la experiencia de Escuela. Decidimos entonces invitar a algunos miembros de la Escuela y socios de Sede que nos permitieran  tener un panorama de los diferentes momentos que escanden la inclusión en la Escuela. Que cada uno hable desde el lugar a donde ha llegado hasta el momento.  Así hemos dado la palabra a los AE, a los AME, a miembros consolidados, a socios de sede que acaban de acercarse a la Escuela o que están en el camino de pedir ser miembro. También tuvimos en cuenta el desencadenante de esta conversación, la reciente permutación de las instancias en la Escuela y la dificultad actual para contar con colegas que quieran ocupar esos cargos, que quisieran tomar el relevo. Ya en el primer encuentro pudimos comprobar que el deseo de Escuela no es algo que se instaura de una vez por todas, que es deudor de la experiencia de Escuela misma. Aunque es un deseo que se dilucida en el análisis, en el trabajo de la transferencia,  ese deseo se pone a prueba en la transferencia de trabajo con otros. Por otro lado, la transmisión del psicoanálisis no se reduce a una enseñanza, a una transmisión de un saber expuesto. Pero llegar a esta constatación es fruto también de un largo recorrido.  El saber del psicoanálisis, si incide, es porque nos habla del goce a cada uno. Irremediablemente la causa analítica se trasmite de uno a uno. La transmisión del deseo de Escuela requiere una critica asidua, reciproca, también una enunciación , incluso un esfuerzo de poesía, y una orientación. Todo ello modela un deseo propio que a veces culmina en un empuje a querer estar y participar en esta Escuela, hacerla suya y hacer para que otros participen también, se sumen, siendo que hay algo de imposible en todo esto pues más uno se adentra en las vicisitudes del deseo más uno esta solo. Sin duda, esa soledad remite más al acto que al deseo. 

Hoy vamos a seguir declinando estos ejes: las vicisitudes del deseo, la autorización, la transferencia de trabajo, la soledad del acto, el tiempo que se necesita para hacerse con la Escuela. Entendida la Escuela como algo vivo, la Escuela-sujeto como solemos decir.     

INTERVENCIONES

DEL GRUPO A LA SOLEDAD, SIN RETORNO

Joaquín Caretti

Miembro de la ELP y de la AMP

Como una consecuencia de mi análisis y, posteriormente, de mi formación como psicoanalista, fue cobrando vida la idea de ser parte de una Escuela de Psicoanálisis. Al llegar a España comencé a formarme en una pequeña institución fundada por psicoanalistas argentinos lacanianos exiliados de la dictadura. Fue la transferencia analítica la que me orientó hacia ella donde estudié y participé durante varios años siguiendo los textos de Freud y de Lacan. Dado mi ejercicio profesional como médico, impulsé activamente un intento de poner en relación la lógica analítica con el campo de la medicina, siguiendo la estela de los grupos Balint. 

El resultado de un compromiso creciente hizo que naciera en mí el deseo de formar parte de una institución más extensa que pudiera servir mejor para transmitir el psicoanálisis lacaniano en un país donde apenas despuntaba.

El obstáculo que encontré en los pequeños grupos en los que me inscribí, y en otros que conocí, fue que no conseguían salir de un cierto ensimismamiento y esto no les permitía ensanchar el mundo del psicoanálisis y los terminaba confinando en una lógica “chica” con la cual el grupo se conformaba en la doble acepción de la palabra: darse forma y darse por satisfecho. Se trataba de lo que, en su segunda conferencia en Turín de 2017, titulada Méritos de la ortodoxia, Jacques-Alain Miller llamó “dinámica de conformidad”. Hoy interpreto que tenía más peso la voz de la excepción, la voz de Uno, voz que velaba la causa analítica común. Problema que me parece inevitable cuando el número de integrantes es pequeño. Y cada vez más pequeño cuando se sucedían las escisiones detrás de un nuevo lugar de excepción, de otra voz del Uno. Echaba en falta una diversidad de voces que se autorizaran a decir su dicho y también la fuerza para hacer que la transmisión saliera de las paredes de la institución. Se terminaba en un “como si” fuera una Escuela, quedando orientados finalmente por la lógica edípica del para todos. Se realizaba el viejo dicho de “pueblo chico, infierno grande” donde se pierde rigurosidad y crecen las tensiones imaginarias.  

Me llevó un tiempo soltar las transferencias que habitaba y poder asumir hacia donde se había orientado mi deseo, que era hacia el Campo Freudiano y hacia los textos que este producía, fundamentalmente los de Jacques-Alain Miller. La decisión finalmente se convirtió en un naipe obligado, tal como lo es el análisis personal y el ser psicoanalista, decisiones que son un paso sin retorno.  

El deseo de Escuela -que no es algo estático- sufrió varias escansiones y siguió, en mi caso, los derroteros del análisis personal: cuanto más esclarecidas estaban las identificaciones, cuanto más el narcisismo perdía fuerza, cuanto más el fantasma aflojaba sus determinaciones repetitivas de goce, cuanto más descansaba el superyó, más se elucidaba qué es pertenecer a una Escuela -estar en una Escuela- y cuál es el lugar de uno en la misma, lo cual favorecía un creciente compromiso.    

Fui descubriendo que la Escuela se sostenía en varias premisas que fueron bien precisadas en la Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela: una institución se orienta por el discurso analítico, es decir, por una causa que, siendo común a todos y colocada como ideal no hace grupo. Para ello será puesta en tensión con la soledad de la propia causa del deseo.  Ello impide que se oriente por la lógica del Padre, que es la lógica de la política. Para esto es imprescindible el análisis personal y que exista una interpretación de la Escuela cada vez que esta se desvía de su orientación, que no es otra que la de la causa analítica, la transmisión del psicoanálisis, su pervivencia en el mundo y su influencia en él.  

El deseo de Escuela es entonces el de pertenecer a una escuela orientada de este modo -no a cualquier Escuela-, cosa que se sabe, que se experimenta, solo desde dentro cuando se descubre que detrás del semblante institucional opera otra lógica a la que Lacan llamó del no-todo. La transmisión del psicoanálisis implica también la transmisión de un modo diferente de estar juntos: sin hacer grupo, que es la más fácil manera de salirse del discurso analítico. Poder trabajar a partir de la transferencia de trabajo y no de las identificaciones es un ideal al cual nunca se llega del todo, pero la gracia es que, si los miembros están advertidos, puedan hacer con ello. La interpretación de las sendas erróneas posibilita su modificación y es por esto por lo que una de las preguntas esenciales que se le hace al aspirante a ser miembro de la Escuela es “¿qué puede usted aportar a la Escuela?” y no tanto qué es lo que espera de su pertenencia.  

De esta manera una escuela puede constituirse por fuera de cualquier fraternidad, al modo de una serie de “excepciones”, de soledades, de las que se espera su estilo, su decir y su hacer. Es un grupo que busca no hacer grupo porque sus premisas son antitotalitarias dado que la Escuela no totaliza nada.  

Sin embargo, hay varios riesgos para nuestra Escuela-refugio ante el malestar en la cultura. Algunos vienen de fuera, como lo es un Estado que pretende regular la práctica analítica a estándares provenientes de la ideología de la evaluación, también del cognitivismo -aliado del cientificismo- y del propio neoliberalismo como nueva razón del mundo. Otros vienen de dentro: la desviación psicoterapéutica, las transferencias negativas entre miembros (que la pueden hacer estallar), la alianza con los partidos políticos, el no-querer-saber, el silencio frente al desacuerdo y la deriva hacia un amor que termina por hacer que se ausente el espíritu crítico. Esta philia -otra forma de la dinámica de conformidad, opuesta a la affectio societatis– instala una cierta complacencia entre miembros que aboca a velar la diferencia favoreciendo el adormecimiento. De ahí la importancia como antídoto de la transferencia de trabajo junto con la lógica de las permutaciones tanto en las instancias como en el cartel. 

La Escuela-sujeto produce una cierta inquietud, despierta, reaviva el deseo, lo causa. Si esto no sucede, si se puede pasar tranquilamente por ella sin sentirse tocado o si se está habitado, preferentemente, por el odioamoramiento de lo fraterno con su lógica segregativa, se corre el riesgo de convertirla en un club. Son riesgos a los que los psicoanalistas nos enfrentamos constantemente. Así pues, es necesario mantener la tensión de la pregunta que descompleta: ¿qué es un psicoanalista? y ¿qué Escuela queremos?  

DE LAS VICISITUDES DEL DESEO AL DESEO DE ESCUELA

Mariam Martín

Miembro de la ELP y de la AMP

En primer lugar, quiero agradecer a los responsables de la Comisión, Carmen Cuñat y Celeste Stecco, su invitación a participar en este espacio por varios motivos: primero por darme la oportunidad de poner en acto el deseo de Escuela, después por poder ampliar mi perspectiva del tema a través de los textos de los colegas precedentes y de las conversaciones sucesivas, y llevarme a la lectura de varios textos muy interesantes que no había leído.

Estos motivos, además, tienen que ver con el concepto de Escuela que Lacan promovió, más allá de las Asociaciones o de las Sociedades, él apuesta por el modelo de las Escuelas filosóficas de la Antigüedad cuyo pivote es la elaboración del saber a través de un itinerario subjetivo junto a un maestro que servía de guía a lo largo de la enseñanza. Indudablemente, al menos para mí, esto se entreteje con el deseo, con la transferencia y posteriormente con un deseo de Escuela que ha tenido y sigue teniendo un proceso de construcción.

Mi compromiso con la Escuela transcurría por un recorrido de Escuela implicándome en diversas actividades y funciones, todo ello anudado a lo que en otro momento se denominaba una posición de trabajadora decidida y en la que, por supuesto, se suponía un deseo de Escuela.

Dicho deseo anudado a la posición fantasmática se confrontó con los impasses de cuya huella podía nombrar una serie de significantes que van desde la euforia, lo agalmático, la demanda, la responsabilidad, lo sacrificial, el desencanto, la soledad…y finalmente, después de un largo recorrido, el empuje y una cierta forma de entusiasmo.

Muchos elementos tuvieron que depurarse en el análisis, entre ellos uno que toca al concepto mismo de Escuela, la elaboración de saber que es uno de sus fines, y la transmisión.

El impase que se me hacía presente, por un lado, era una idealización del saber psicoanalítico como un Todo y, por otro, que dicho saber estaba en el Otro y en los otros, con un deslizamiento a adecuarme o a conformarme a ese Ideal de un saber expuesto.

Entrever la existencia de un agujero en el saber del Otro y en los otros supuso entender qué es lo que hace avanzar la Escuela, es decir, lo que se elabora como saber es alrededor de un real. Un saber no sabido es lo que cada uno elabora con sus hallazgos y sus límites a partir de la experiencia singular del propio análisis y de la práctica, a lo que añadiré también el control, la lectura de textos y los efectos de formación.

Esto suponía una autorización que, entre otras cosas, implicaba un poder decir sí a un deseo propio, con cierto rebajamiento de la demanda superyoica y un cierto empuje que, más allá del bienestar, en ocasiones me ha llevado a un decir sí, con un cierto entusiasmo, al encuentro con algunos otros en una tarea en común.

Últimamente he tenido esa experiencia en la pasada permutación que, además me resuena todo el tiempo con lo que J. Lacan decía en Televisión: “Lo que sé es que el discurso analítico no puede sostenerse con uno solo”. Por tanto, como dice un poco después en esas mismas líneas: “El discurso, tiene pues su oportunidad”(1), a mi parecer, una oportunidad de existir como un saber renovado en la comunidad analítica, en la medida que como lo propone: “(…) cada psicoanalista esté obligado (…) a reinventar el psicoanálisis”(2), y por ende, considero, su oportunidad de existencia en nuestra sociedad, para acometer los retos a los que nos convoca el malestar en la civilización del siglo XXI.

1-Lacan, J.: “Televisión” en Otros escritos. Paidós. Buenos Aires. 2012, p.557.

2-Lacan, J.: Conclusiones del IX Congreso de la EFP, 9 de julio de 1978. Inédito

EN LA BRECHA

Gabriela Medin

AE en ejercicio – Miembro de la ELP y de la AMP

Deseo de Escuela

El deseo de escuela no se presentaba para mi junto al deseo de psicoanálisis. Entendía este último (el deseo de psicoanálisis) como el deseo de analizarme, de analizar , de controlar y de estudiar. La elección por el psicoanálisis fue bastante temprana en mi vida, el deseo de escuela, en cambio, fue producto de mi último análisis. Tal vez por eso pienso que la relación al psicoanálisis bien puede atravesar al sujeto sin que por esto el deseo de escuela vaya de suyo. Atribuyo a este último una dimensión política que sobreviene en algún momento de la formación del analista.

Ahora bien, también a partir de mi recorrido, considero que si esta dimensión política no está presente, falta algo muy importante en la formación del analista, que aún siendo siempre inacabada, queda muy coja cuando sólo se sostiene en las otras dos patas: la epistémica y la clínica. Es la dimensión política articulada a la experiencia analítica la que permite poner al pase en el horizonte. Pase y deseo de escuela van juntos.

El tiempo necesario

Me interesa hacer referencia al tiempo, al tiempo necesario. Pienso que el deseo de escuela no sólo se produce sino que se transforma y se depura en el análisis. En particular, en relación al pase, se depura bajo la forma del deseo de transmisión de una experiencia a la Escuela. Para que esto se produzca hace falta un analista, un analizante y tiempo.

En el encuentro anterior, se planteaba la pregunta acerca de qué transmitimos. En ese momento pensaba, De qué forma se transmite sino es a través del modo en que para cada uno se establece el lazo a la Escuela? Transmitimos con lo que somos aún sin saberlo, con nuestro síntoma y con lo que en cada momento podemos decir acerca de aquello que nos causa y nos dirige a la Escuela. Cada uno y en cada momento, eso no es fijo y además se va articulando con los otros de la Escuela.  Es en el modo singular de la transmisión encarnada, en cada miembro, en cada sede, que se da cuerpo a la Escuela. Pensado así, lo local toma cuerpo en la transferencia de trabajo en cada sede y en la forma en que en cada lugar se puede o no poner en el centro el vacío de la causa analítica en lugar de los fenómenos imaginarios y las identificaciones. Esto también puede mutar con el tiempo.

Situada desde fuera, con la necesidad fantasmática de salir de donde estaba para ver en perspectiva , me costaba hacerme con lo propio. Me resultaba siempre más fácil y tentador poner el ojo en otra parte. Siempre dispuesta a abrirme al mundo, lo local me resultaba un agobio, un encierro. Fue necesario que la mirada desde fuera caiga para que pudiera ver lo local con otros ojos.

Trabajadores decididos

Finalmente, una referencia al trabajo. El 21 de junio de 1964 Lacan decía “No es necesario que las adhesiones abarquen el conjunto de este plan para que él funcione. No necesito una lista numerosa, sino trabajadores decididos, como ya lo soy yo de aquí en adelante”. Trabajadora incansable constituyó un S1 potente que fue dialectizándose a la vez que perdiendo consistencia en mis sucesivos análisis. El trabajo como sostén fue cambiando de estatuto. Primero perdió fuerza la vertiente sacrificial y obediente a la demanda del Otro que encarnada en la institución hospitalaria garantizaba su consistencia y me alejaba del psicoanálisis. Sin embargo, una vez admitida como miembro de la Escuela y más orientado el trabajo en relación a la causa analítica, me identificaba con la propuesta de Lacan de que su Escuela “representa el organismo en el que debe cumplirse un trabajo”[1]. Así,  sostenía un ideal de trabajadora decidida a la vez que un ideal de Escuela supuestamente sostenida por ese trabajo.

El final del análisis, el trabajo en el dispositivo del pase y la nominación me permitieron encontrar una satisfacción inédita en el trabajo, un gusto nuevo, productivo y vital en torno a un no saber irreductible, un vacío apetecible que no pide ni puede ser llenado. Si hay algo que aún busco sostener, paradojalmente, es la existencia de ese vacío vital que me empuja a seguir en la brecha tomada esta vez como hiancia, hendidura, fractura productiva.


[1] Lacan Jacques, Acto de fundación, en Otros Escritos. Paidós. Pag.247

AUTORIZARME

Alexandra Reznak

Socia de la Sede de Madrid de la ELP

Agradezco la invitación a Carmen Cuñat y a Celeste Stecco a participar en este encuentro, proponiéndome decir algo sobre mi deseo de Escuela, que como todo deseo tiene la característica de ser innombrable.

El título del VI encuentro de Elucidación de Escuela “Transmisión y deseo de Escuela” tuvo tal efecto, que me llevó a realizar el acto de pedir formar parte de esta comisión.

Consentir al deseo de participar en un evento de Escuela fue algo sorpresivo para mi. Deseo que aunque desde algún tiempo se está subjetivando, yo no podía escuchar. Frente a mi pregunta ¿qué es el deseo de Escuela? Ahí está el acto!

Frente a la propuesta de dar cuenta de mi experiencia singular, me sorprendo diciendo Si. En situaciones en las que soy convocada, la respuesta que solía enunciar era: “bueno…”,   en este bue-no está la vacilación entre el si y el no. Otra vez un acto que muestra que el deseo está y empuja, produciendo una alegría que me sorprende.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta que este “hacer Escuela” lo voy haciendo desde hace un tiempo sin saberlo, participando en las comisiones, traduciendo y publicando algún escrito.

Cuando pedí ser socia de la Sede en 2012, se puso en juego para mi compartir el entusiasmo por el psicoanálisis…pero no podía verlo como un paso hacia la Escuela.

Es solo desde hace un tiempo, que está el deseo de dar ese paso, que me lleva a las siguientes reflexiones:

– Pensar la admisión para” la Escuela era verla como un Otro omnipotente, como un ideal que hace consistir a ese Otro alimentando mi fantasma. Subjetivar esto hizo tambalear la idea de que el Otro me iba proponer entrar, la demanda la tengo que hacer yo.

–  Pensar la admisión “en” la escuela, es suponer al Otro barrado, vacío de saber donde cabe la posibilidad de habitarla.

 Es permitirme tener voz propia y ser visible, cuestión que aparece en mi fantasma y que puedo enunciar como “ir a la sombra del Otro”.

Pedir la admisión es un acto que resignifica este “hacer Escuela”. No es una cuestión ni administrativa ni obligatoria, no hay una norma a seguir. Es un acto que se hace vía el deseo y el amor al psicoanálisis

– ¿Qué puedo hacer “en” la Escuela en vez de para la Escuela? Pregunta que me aparece últimamente.  No hay una respuesta, es un enigma que hace tambalear mi ficción fantasmática de que el Otro me va a indicar como proceder.

La falta de respuesta vivifica mi deseo…se desea cuando falta.

– Es también  autorizarme a que tengo un deseo propio, que me lleva a consentir hacer lazo con los otros anudado a la causa común.

– “Hacer Escuela”, es una experiencia a la que hay que consentir…

Sería el deseo de habitarla con mi singularidad donde no hay una norma establecida, pero sí con responsabilidad. Habitarla con el imaginario algo desinflado y sin pensar la Escuela como un partenaire ideal.

– No es una cuestión indispensable atravesar el fantasma…pero si, a mi parecer, debe fisurarse para poder habitar la Escuela como sujeto en falta.

Terminaré mi intervención citando el estribillo de un poema de Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

DESEO SOBRE DESEO

Alejandro Tolosa – Socio de la Sede de Madrid de la ELP

Quiero agradecer a las coordinadoras de este espacio por la generosa invitación de poder compartir aquí con vosotros algunas reflexiones acerca de mi experiencia sobre el deseo y la escuela –y esta escuela–.

Un llamado al que además de un agradecimiento, tuvo como efecto en mí un lapsus curioso, que me ha servido de hilo sobre el cual ir tirando y que por decirlo de alguna manera, me ha llevado en la dirección de encontrarme con un nudo.

Una vez recibido el llamado estábamos (los ponentes) convocados a una reunión para organizar estas jornadas, reunión que fue celebrada el día anterior al que yo daba por hecho.

Un lapsus que al escudriñar en mi análisis pude entrever la voz del superyó preguntándome sobre qué textos tenía que revisar para escribir estas letras, pero también, si iba a escribir algo coherente, interesante, o a la altura de mis compañeros de mesa.

Creo que aquí está el quid de la cuestión. No es fácil escribir, pero creo que sobre todo por lo que toca a cada uno a la hora de poner el cuerpo.

El dispositivo del cártel, las comisiones de la escuela, las jornadas, presentación de casos clínicos, congresos, etc. No son más que la invitación a habitar la escuela desde la premisa de poner el cuerpo.

Y poner el cuerpo es enfrentarlo a la castración, escribir y tomar la palabra es en cierta forma salir del castillo imaginario de los ideales, de las posibilidades infinitas y promesas por cumplir para aterrizar al campo del deseo y del trabajo, de la sublimación y su producto.

En la escritura encontramos lo irreductible de los dichos, lo no deformable. La escritura reposa sobre la función de una falta que a su vez está inscrita en el ser del sujeto.

Por otro lado, somos consientes que lo que nos hace orbitar sobre el universo de saberes desprendido de las enseñanzas de Freud y Lacan es la transferencia; ya sea con los maestros, con el psicoanálisis, con el propio analista, con el saber del inconsciente o con el saber en sí. “Al comienzo del psicoanálisis está la transferencia”  dirá Lacan en la proposición del 9 de octubre. Sin embargo, en la transferencia y la transmisión del saber encontramos el problema de la palabra y su subordinación a la estructura significante que pende del nombre del padre y que puede llevar rápidamente al “pegoteo” de las identificaciones. Por ello podríamos volver a la pregunta que siempre retorna: ¿cómo se pasa del trabajo de la transferencia a la transferencia de trabajo? O sea: ¿del amor al saber al deseo de saber?

Lacan nos muestra el camino que trasciende al algoritmo del sujeto supuesto al saber señalando el agalma propio del analista en la dirección de la cura, en este caso, propio del analista en la dirección al no saber, y propone que lo vital que hace lazo y nudo en la escuela es la reunión alrededor de lo real de la experiencia y el lugar central del no saber.

Los que estamos, los que venimos y los que vendrán necesitamos de aquellos que han puesto el cuerpo para enfrentarse al horror al saber, a la castración, al no-saber y han escrito una historia que merece ser contada. Es el trabajo y la escritura la que presenta por apress-coup que allí hubo un deseo. Deseo movido por un vacío que sostendrá la relación que cada uno tiene con la causa analítica, como el agujero que permite que los miembros, socios y participantes se enlacen a traducir algo que insiste en el orden de un vacío.

Todo esto desde lo Uno que está oculto en toda formulación discursiva para tocar el rasgo unario que es pura diferencia y alteridad radical presentado en el deseo y su escritura.

Deseo uno por uno, el anudamiento de un deseo sobre deseo.

RESONANCIAS DEL ENCUENTRO

ESTA REUNIÓN ES UN ACTO

de Mila Haynes Socia de la Sede de Madrid

Con la Coordinación de Carmen Cuñat, miembro de la ELP y de la AMP, en este Segundo encuentro convocado por la Escuela con sede en Madrid intervinieron:

  • Joaquín Caretti, miembro de la ELP y de la AMP con “Del grupo a la soledad, sin retorno”
  •  Mariam Martín, miembro de la ELP y de la AMP  con “De las vicisitudes del deseo al deseo de Escuela”
  • Gabriela Medin, AE en ejercicio, miembro de la ELP y de la AMP  con “En la brecha”
  • Alexandra Reznak, socia de la Sede de Madrid de la ELP con “Autorizarme”
  • Alejandro Tolosa, socio de la Sede de Madrid de la ELP con “Deseo sobre deseo”

Carmen Cuñat abre la reunión con unas breves palabras en las que ya se pone de manifiesto una hebra que recorrerá,  anudará quizá, toda la reunión, la delicada tensión entre lo Uno singular de cada uno, nuestro famoso “uno x uno” de la orientación lacaniana, y la pluralidad de los otros en tanto que semejantes que conforman con su deseo particular otro uno vivo en sí mismo que no sería sin todos estos unos sueltos: “La “Escuela Sujeto”.

Carmen nos dice que el deseo de Escuela no se instaura de una vez por todas, que se transmite de uno a uno, que es como un esfuerzo de poesía con una orientación analítica. Y nos recuerda, quizá para que no nos llamemos a engaño, que cuanto más se adentra en el deseo, más uno esta solo.

Joaquín Caretti nos muestra desde su propia experiencia, la importancia de distinguir entre las lógicas de los pequeños grupos y la de una institución más extensa. Así fue como él salió del grupo pequeño a formar parte de la Escuela. Resuenan para mí especialmente las frases: “pueblo chico, infierno grande” “…se pierde la rigurosidad y crece el imaginario” “…confinados en la lógica chica… es una dinámica de conformidad”.

Nos cuenta que al entrar en la Escuela te preguntan qué puedes tú aportar y no qué esperas tú de la Escuela. Es un modo distinto de hacer que en otros grupos, uno se une a partir de la transferencia de trabajo y no de las identificaciones, si no se correría el riesgo de convertirlo en un club.

Carmen señala como le parece ver en Joaquín su preferencia por un conjunto amplio de soledades.

Mariam Martín nos dice que la propia reunión en la que estuvimos es para ella una oportunidad de poner en acto el deseo de Escuela. Se tuvo que dar en ella un paso más allá de la creencia de que en la elaboración de saber y su transmisión, dicho saber estaba en el Otro o los otros, a que el saber se elabora alrededor de un Real, no sin el propio análisis, la práctica, el control, la lectura de textos y la formación.

Mariam nos trae estos ecos de Lacan en Televisión “…lo que sé es que el discurso analítico no puede sostenerse con uno solo…”

Carmen retoma de Mariam la buena muestra de cómo la idealización de un saber psicoanalítico como un TODO, o como en posesión de Otro u otros, puede hacer obstáculo.

Gabriela Medin cuenta que su deseo de analizarse, analizar, controlar y estudiar fue muy, muy temprano. Sin embargo su deseo de Escuela no llegó hasta su último análisis. De ello deduce la relación a subrayar entre la dimensión política y el deseo de Escuela. Para Gabriela el Pase y el deseo de Escuela van de la mano.

También Gabriela recoge ecos de Lacan que os relanzo “…no necesito una lista numerosa, necesito trabajadores decididos…”  “…la Escuela representa un organismo en el que debe cumplirse un trabajo…”

Me resuenan a mi particularmente las palabras de Gabriela que dicen “Es con la transmisión encarnada que se da cuerpo a la Escuela”.

            Carmen apuntala una diferencia: una cosa es el deseo del psicoanálisis y otra el deseo de Escuela”. En esta última se pone en juego la dimensión política.

Alexandra Reznak,aún avisándonos de que como todo deseo tiene la característica de innombrable,nos muestra dónde está ella respecto de su propio de deseo de Escuela. Fue el título del VI Encuentro de Elucidación de Escuela el que tuvo en ella el efecto de llevarle a participar en dicha comisión.

Es desde su fantasma, “ir a la sombra del otro”, que pide ser socia de la Escuela. Fue vía el deseo y el “qué puedo hacer” en la Escuela y no ya “para la Escuela” lo que tambalea su fantasma de “el Otro me va a indicar cómo hacer” para pasar a formar parte de la Escuela como hoy está: “habitarla sin pensarla como un partenaire ideal, habitarla como sujeto en falta”.

Y concluye con los eternos versos de Antonio Machado: “…caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

Alejandro Tolosa cuenta cómo va de nudo en nudo. Es un lapsus el que le lleva al nudo de querer escribir para la reunión algo “interesante, coherente…”,  ¿brillante?, para sus compañeros de mesa. El nudo es el de la castración, y de ahí al cuerpo. Para Alejandro habitar la Escuela tiene que ver con poner el cuerpo. Poner el cuerpo es asumir la castración. Escribir implica salir del castillo imaginario.

Hacen pregunta en él, cómo se pasa del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo…del amor al saber al deseo de saber…”

Y termina su intervención nombrando un último nudo;  “la reunión es alrededor del nudo de un Real de no saber”. Así como la Escuela es para él un deseo uno por uno, anudamiento de un deseo sobre deseo”.

            Carmen rescata lo que es la transmisión de un testimonio, la elaboración para obtener un bien decir de la cosa.

El debate que siguió a las intervenciones fue copioso y sustancioso, un banquete lleno de suculentas palabras,  entonadas en sutiles melodías que intento dibujar a modo de pentagramas. Notas simples en clave de Sol, que reaviven la Escuela con su luz y calor.

Que para evitar brillos innecesarios que nos despisten y molesten en mitad del concierto, os transmito una escucha sin nombres ni precisión del instrumento utilizado, no con ánimo de borramiento sino de inclusión de los cuarenta y tantos que decía la plataforma de zoom que estábamos. Que cada uno resuene, o no,  en sus propias palabras o en las de los demás.

“ …a la cuestión del deseo (deseo de Escuela) le tiene que seguir el consentimiento, aunque esté el deseo se puede quedar enredado neuróticamente en la insatisfacción, la imposibilidad, la procastinación…”

“…el deseo se puede vehiculizar y transmitir si se pone el cuerpo…”

“se entra en la Escuela, como se va a todas partes, cada uno con su fantasma, …ese fantasma tiene que seguir en análisis…”

“…en la Escuela tratamos de hacer otra forma de asociarse, sin el TODO y el PARA TODOS, fuera del Nombre del Padre…y siempre fracasamos, de la buena manera, manejándonos con el a, y no con los S1, …con nuestro quehacer de Escuela también mostramos al campo social y al campo político que hay otra forma de hacer mucho más fructífera y posible…”

“…para mi la Escuela fue un partenaire importantísimo durante la pandemia. Es algo fundamental en mi vida…”

“…colocándonos como sujetos ante el Sujeto Escuela, no esperamos algo de la Escuela, es más bien un “qué podemos  aportar  cada uno de nosotros a la Escuela…”

“… el deseo de Escuela no es ante la institución sino ante la causa del psicoanálisis, la causa por su transmisión y por sostener su discurso…”

“…la política  del psicoanálisis no es la misma que la política de la Escuela…la política del psicoanálisis me parece impensable si no se enlaza a la Escuela…”

“…la Escuela es una institución que busca ser orientada por el discurso analítico…otras instituciones están, sin embargo, orientadas por el discurso del Amo, donde sí hay un “buen hacer”…en la Escuela, ¿cuál sería la buena práctica?. No la hay…que no haya un manual de buenas prácticas no significa que se pueda hacer cualquier cosa…”

“…no hay manual, hay transferencia, este es el motor, con todos sus matices, la amorosa, la negativa… La dificultad para encontrar colegas que quisieran coger el relevo es el obstáculo que nos puso a trabajar llevando a organizar este VI Encuentro sobre la transmisión  y el deseo de Escuela…

“…la elección de este tema es ya la lectura de un síntoma…”

“…hay un saldo cínico, yo gozo como gozo y no hago lazo…”

“…merece la pena indagar y repensar. No hay un manual, pero hay unos mínimos para el afecto societatis

“…en la Escuela ¿qué transmitimos? Transmitimos como trabajamos…”

“…¿cómo se orienta la Escuela a las nuevas generaciones para acercarlas a ella?…”

“…como dijo Marguerite Duras, “escribir se hace dentro de casa”. Una vez que estamos en la casa, es importante recordar que uno está para escribir, y ese trabajo es de a uno. Lo que uno tiene que respetar de otro es que está haciendo su propia escritura. Y uno también, uno no abandona su propio trabajo. Hay que sentarse y hay que continuarlo…”

“…para mi esto es un Acto de Escuela…”

“…parafraseando a Walter Benjamin, los chismes son algo vital en un grupo humano, pero lo que verdaderamente hace daño es borrar al otro. Ese borramiento está del lado destructivo de la pulsión de muerte…”

“…Lacan dijo que cuando uno pasa por la jerarquía conviene que uno después vuelva a la base. Trabajar no es solo donde uno tiene la palabra…”

“…yo sí hay algo que le pido y espero de la Escuela. Que sea lo suficientemente abierta, convocante y agujereada para ser de ese modo un lugar de trabajo, no un lugar donde lucirnos cuando hacemos transmisión, ¡volver a la base para seguir trabajando!…”

“…el afecto societatis es lo que se opone al ninguneo. No pido que me quieran, pido que me respeten. Esta reunión es un Acto, se puede hablar, discutir, diferir, es una Escuela No TODO, no hay uniformidad de discurso…”

Un sentimiento inédito me embriagó volviendo a casa tras la reunión, lo identifiqué como “orgullo”, de haber estado ahí, de haber sido una más, que no menos. Nunca antes me había sentido orgullosa de algo en mí, (los avances del análisis tienen sus efectos…) sentí que yo también podía ser una parte de este No Todo Escuela Sujeto, y eso me hacía sentirme orgullosa de todos vosotros, de la Escuela y de mi. Mi aportación de trabajo con mi escritura propia queda aquí.

Aprovecho para terminar con el acorde final que se escuchó

“Muchas gracias y queda abierto”

Mila R. Haynes

Psicoanalista y Artista

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