Por Sonia Riera Gata – Socia de la Sede de Madrid de la ELP

LOS QUE HABLAN

(Texto escrito y dirigido por Pablo Rosal)

Los que hablan

COLD IN HAND BLUES

Y qué es lo que vas a decir

voy a decir solamente algo

Y qué es lo que vas a hacer

voy a ocultarme en el lenguaje

 Y por qué

tengo miedo

 Alejandra Pizarnik           

Ir al teatro es como un ritual. Llegas. Te sientas. Y te quedas observando como la sala se va llenando poco a poco. La sensación de que somos muchos, aún con las restricciones, se impone. Miras a todos, no conoces a nadie. Ahora, nadie a tu lado. El murmullo no permite que puedas entender de qué hablan, los que hablan y, de pronto silencio y oscuridad. Desaparece todo el mundo. Comienza la función.

En el escenario una mesa y dos sillas como todo mobiliario. Por su aspecto parece ser una terraza, pero podrían estar en cualquier parte. Llegan dos personajes desconcertados que observan todo con detenimiento como si acabaran de llegar a un mundo desconocido, como si acabaran de nacer. Desamparados, dejando al descubierto toda su fragilidad. Personajes que despiertan una inmensa ternura. Como única protección su atuendo, tal vez disfraz. Es evidente que se habían preparado para algo muy especial. Un encuentro.

Se miran, gesticulan, emiten sonidos incesantemente. Hay una especie de torpeza muy singular que impide que puedan iniciar una conversación. Descubrir la palabra es todo un proceso. Van recortando trocitos para hilvanar una historia. Siempre una historia que cuentan otros, pero nunca la propia.

¿Qué sabemos de ellos? Casi nada, sólo que son buscadores de palabras, que tienen algo que decirse. Personajes que desde una profunda ingenuidad se inician en el arte de conversar. Entonces, se suceden una serie de conversaciones a las  que dan comienzo con una especie de muletilla o ritornelo: “El otro día escuché una conversación…” frase seguida por un caleidoscopio de historias que arman y desarman. Historias que interrumpen, repiten, intercambian. A veces da la sensación que es uno solo el que habla. Es un juego, un juego muy serio y divertido, como el juego de los niños. Y van bordeando el agujero por donde se les escapan las palabras para decir eso que se tienen que decir. Pareciera que ensayan el propio encuentro a través de diferentes conversaciones. Las conversaciones de los otros. O tal vez, se esconden detrás de las palabras para no decir eso que no saben decir. Y nos hacen reír.

Repiten alguna palabra una y otra vez. La saborean, disfrutan y juegan con ella con placer. Realizan una cirugía minuciosa rompiéndola, reconstruyéndola, partiéndola por lugares insólitos como buscando entre sus letras, con intención, con intensidad. Aplicando distintas entonaciones, variando el volumen, para encontrar aquello que se desliza y que no pueden alcanzar, hasta caer exhaustos por el esfuerzo. Y nos hacen reír.

A veces se sorprenden de lo fácil que es hablar. Como si el hablar fuera producto de la magia, algo que aparece y desaparece. Lo que se dice, también se olvida.  Descubren que todo es empezar como coser y cantar y dicen: “te acostumbras a esto de hablar”. Pero la pregunta insiste: “¿De dónde vienen las palabras?” Y la pregunta resuena porque no encuentra respuesta.

¿Y los cuerpos? Los cuerpos se van acercando, se tocan, se seducen y se alejan. Gesticulan, sonríen, aceptan y rechazan, se ponen de pie. Hablan también con el cuerpo, porque son buscadores de palabras que insisten con el cuerpo, porque toda la intención está puesta en encontrar una forma de conectar con el otro. Pero siempre hablan de los otros, las historias son ajenas. Y ante la pregunta de ¿Cómo estás? Se produce el silencio, no hay respuesta. Y te hacen pensar y, te haces la pregunta a ti misma y, tú tampoco tienes la respuesta.

Dos personajes que con humor ensayan su blablablá.  Transitan por vericuetos de la palabra y se detienen en un “como si…” Como si fueran viajeros, como si fueran amantes, como si fueran amigas, como si fueran expertos que todo lo saben. Cualquier historia es buena para jugar.

 El final te sorprende y te pilla desprevenida. La muerte, duelo y dolor. Los actores ya no juegan, aquello es algo muy serio. Tal vez ese blablablá lo único que pretendía era taponar el dolor por la muerte porque no hay palabras, porque no alcanzan. Y toda la obra se resignifica. Y vuelves a escuchar la pregunta ¿Cómo estás? y no hay respuesta. Esta vez no te ríes porque algo sucede en el pecho, como una mordida y terminas aplaudiendo con lágrimas en los ojos.

Malena Alterio y Luis Bermejo

CONVERSACIÓN de Sonia Riera con Malena Alterio y Luis Bermejo

Malena Alterio y Luis Bermejo dos inmensos actores que nos conducen por un viaje hacia las palabras. Y en su decir movilizan recuerdos y sentimientos que quizás hayas vivido, que quizás hayas sentido. Te hacen reír, te hacen pensar, te hacen doler. De pronto te sientes invitada a la mesa desde la que conversan para seguirles el juego.  Un texto maravilloso por lo insólito.

Malena cuenta que el autor, Pablo Rosal, dice que este texto surge de su dificultad para conversar, de su fascinación por entender lo que hace la gente para hablar. Lo que hay que decir para que el otro te conteste. Y ante las preguntas de ¿Qué es esto de hablar? ¿Cómo se habla? ¿De qué se habla? Se propuso hacer, entonces, una búsqueda a través de estos dos personajes. Dos personajes que son como dos jarrones vacíos, dos clowns que a lo largo de las escenas que se suceden, se van llenando de cosas, van descubriendo y analizando. Pero que ante la pregunta de ¿Cómo estás?, se detienen, no hay respuesta.

¿Comedia o drama?

Malena responde que ella lo vive como si fuera una partitura para interpretar. Como si ella tocara el piano, la flauta o fuera una directora de orquesta y tuviera que conducirla. Nos dice que por supuesto tiene partes muy cómicas y divertidas porque los ejemplos que van trayendo son divertidos, pero por otro lado, también hay una parte dramática en cuanto que estos dos jarrones vacíos que conversan no encuentran la forma de responder ante el abismo que se abre frente a la pregunta: ¿Cómo estás?

¿Cómo se aborda un texto donde el hilo se interrumpe, donde hay cortes?

Malena nos dice que para ella sí hay un hilo conductor. Son precisamente estos jarrones, estos dos clowns, estos dos seres qué buscan respuestas a sus preguntas tratando de hilar palabras, de construir y de saber un poco. Sus hallazgos son el hilo que nos va llevando. Y en ese ir y venir entre ejemplos, ellos los jarrones, se encargan de llevar la función. No hay interrupción es una suma.

¿Toda la obra gira en torno a estos dos personajes, pero quiénes son?

Luis explica que los personajes son dos seres de luz que emprenden un viaje  iniciático. Que tienen un deseo muy fuerte que los conduce hacia esa deriva en el lenguaje.

¿Qué es este texto, drama, comedia, tragedia? ¿Es la vida, es una pregunta? ¿De qué se trata?

Luis describe el texto como un cercado orgiástico, aguas diferentes. Un texto plagado de hermosas sencilleces, que acerca y recupera, que en todo su conjunto sueña, quiere seguir soñando. Dos personajes entran en escena para seguir buscando, investigando. Para continuar redescubriendo. Bajan sin miedo a las raíces del lenguaje a sus funciones, reino de luces, de preguntas, de caricias, de besos. Es el reino a través del cual nos comunicamos. Para Luis el principal latido de este texto es recuperar la pasión en el teatro, que es, la acción a través de la palabra.

¿Cómo se aborda un texto donde el hilo se interrumpe de repente? Corte, pliegue, golpe seco ¿Qué se produce ahí?

Luis nos dice que esta interrumpida línea de acción es un viaje al que de pronto le corta un viento seco. Como esos vientos que cortan al pelotón en una carrera ciclista. El viento corta y dificulta el encuentro pero al final acaban encontrándose. Viento que desplaza a estos viajeros de la palabra. Esto se aborda como en la vida asumiendo los silencios, las oquedades, los vacíos, las pausas. Pero, alrededor de todo eso sigue palpitando la sangre de la palabra. Ellos se siguen buscando, se siguen preguntando. A lo mejor en el silencio no se preguntan nada, solo se miran. Dos personajes que se sumergen en ese viaje formidable, en un pulso dialogístico y  buscan descansar en la palabra.  

Tengo que dar las gracias a Malena Alterio y a Luis Bermejo por haber dedicado su tiempo a compartir conmigo algunas palabras sobre esta obra y sobre su peculiar puesta en escena, y por qué no, también a Pablo Rosal por habernos regalado este admirable y sorprendente texto, una manera de investigar sobre “los que hablan”.

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