De izquierda a derecha: Sergio Larriera, Jesús Rubio, Luis Miguel Rodrigo, Margarita Sánchez Mármol y Julia Gutiérrez.

El pasado 15 de octubre de 2025 tuvo lugar en la sede de Madrid de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP), en el marco de las Noches de la Biblioteca, la presentación de las colecciones Éxtima y Lengüajes. Esta iniciativa editorial surge del trabajo sostenido durante catorce años en el Taller de Investigación Lengüajes, iniciado en 2011, y fue llevada adelante por el Círculo Lacaniano James Joyce, creado en 2016 por algunos de los participantes de dicho taller.

La apertura estuvo a cargo de Sergio Larriera, coordinador del taller, quien se dirigió a los presentes en la sala y aquellos conectados vía telemática, con estas primeras palabras: “Hoy, amigos, y amparo bajo este término, a cualquier sexo, a cualquier identidad, a la más extravagante de las fantasías, hoy estamos aquí, en presencia carnal o virtual, letra, sonido, imagen, lo sepamos o no y aunque no sepamos decirlo, porque compartimos nuestra estancia en la morada del dicho”.

Recordándonos de esta manera que habitar aquella dimensión, reunirnos en esa orilla del lenguaje, a través de la experiencia de la presentación de cuatro libros, puede parecer un acto de divulgación, entre quienes supuestamente saben y quienes escuchan o leen, pero se trata más bien de “una invitación a que unos y otros se sitúen en una gélida frontera, en una comarca particular, esa franja de incertidumbre en la que todo acto de enunciación de lo sabido estará siempre expuesto a la mostración de los efectos sobre sí mismo de la imposibilidad de saber”.

Y nos señala que en el cosmocaos del pensamiento, un “pensar-busca-ser” condenado desde su origen a la fórmula “pienso donde no soy y soy donde no pienso pensar”, para él, sólo queda procurar ciertas amarras: “enlaces felices y dolorosos errores”, “torpes anudamientos, sorpresivos cortes, suturas y remiendos”. Larriera nos propone, entonces, “hablar de psicoanálisis en una lengua”. Si existen muchas maneras de entenderlo, estudiarlo, practicarlo y expresarlo, es decir, si en una lengua hay diversos psicoanálisis, él afirma: “Nosotros hemos tenido el privilegio de alojarnos en un campo psicoanalítico, que ha resultado ser el psicoanálisis de nuestra lengua. El psicoanálisis que, en esencia, es propio de ella. Así lo consideramos, así lo cultivamos, así lo celebramos hoy.”

Y, de este modo, tras los agradecimientos a la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, a la Sede de Madrid, a la Junta Directiva y a todas aquellas personas que hicieron posible el encuentro, con una mención especial a Luis Seguí, director de la Biblioteca de la Orientación Lacaniana de Madrid (BOLM), se dio paso a las presentaciones de los cuatro libros que inauguran ambas colecciones: El sueño del padre muerto de Marta Glasserman, primer libro de la colección Éxtima, presentado por Luis Miguel Rodrigo; Psicoanálisis de la mirada, de Vanesa Larriera Glasserman, segundo libro de la misma colección, presentado por Margarita Sánchez-Mármol; El hiato psicoanalítico, de Blanca Samaniego Bordiú, primer libro de la colección Lengüajes, presentado por Julia Gutiérrez; y Luna rota, de Giz Pedre (heterónimo), segundo libro de esta última colección, presentado por Jesús Rubio.

El sueño y la escritura: la transmisión de Marta Glasserman

“Este libro (…) es un sueño dentro de otro sueño”, dice Luis Miguel Rodrigo al comenzar la presentación del primero de los libros, el de Marta Glasserman, titulado El sueño del padre muerto. Ocho lecciones de clínica psicoanalítica, centrado en un sueño al que Freud refiere en 1911 y que puede condensarse en nueve palabras: “Mi padre estaba muerto pero él no lo sabía”.

 “Si el sueño, en palabras de Freud, es una realización de deseos, el libro es la materialización del deseo de un autor”, continúa Rodrigo, “pero este libro en concreto, como la película Origen de Christopher Nolan, es un sueño dentro de otro sueño: el de la persona que lo soñó y contó a Freud la escena; el de Freud mismo que lo interpreta; el de Lacan que lo desarrolla a lo largo de tres lecciones (…); el de Marta Glasserman, autora de las lecciones magistrales que conforman el contenido del libro; y el de Sergio Larriera. Todo este trenzado de sueños tropieza con un editor que aporta su propio sueño y al hacer realidad el libro, este subsume el de todos los predecesores”. 

El libro entonces es presentado como un tejido de deseos enlazados (el del soñante, el del intérprete, el de la autora y el del editor) que contribuyen a una misma travesía colectiva, que sólo se completa con la presencia del lector, invitándolo a dejarse enseñar por una escritura que no rehúye a nociones lacanianas complejas (deseo, demanda, pulsión, fantasma, enunciado, enunciación) y que muestra el arte como espacio privilegiado donde el principio de placer y el principio de realidad pueden negociar. En palabras de Glasserman: “Hay que preguntarse por qué evitar la realidad. El hecho es que la realidad es insoportable, hay que evitarla. (…) Tanto la neurosis como la psicosis evitan la realidad; en la neurosis se evita un fragmento de realidad y en la psicosis lo que se evita es toda la realidad”. 

El libro es, así, un artefacto que bordea lo imposible de decir, dejando huellas y restos de una travesía siempre parcial. Para Rodrigo se trata de una obra que combina rigor, claridad y una escritura precisa, indispensable para quien quiera acercarse a los cruces entre sueño, realidad y palabra. “Si hablar es una demanda de amor, la pulcritud de la escritura de Marta nos conmueve como un ofrecimiento de amor”, señala, concluyendo hacia el final: “ir a buscar el deseo en lo aparentemente absurdo, no ceder ante la represión con que ahogamos nuestro decir; acercarse lo máximo posible mediante los aparejos lingüísticos al núcleo no absorbible que decora la portada del libro”.

Psicoanálisis de la mirada: una ética de lo visible

Para Margarita Sánchez-Mármol el segundo libro de la colección Éxtima, Psicoanálisis de la mirada de Vanesa Larriera, no es un territorio convencional, es un texto sorprendente por la profundidad y minuciosidad en el desarrollo del objeto mirada en cuestiones importantes como el servicio clínico y la crítica de arte. 

Sánchez-Mármol destaca la capacidad de Vanesa Larriera para dilucidar conceptos complejos como el Otro, el sujeto y el objeto; la articulación de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario; las cuestiones topológicas en Lacan; el estadio del espejo y otras dimensiones clínicas de la mirada, pero se centrará en su presentación en el cuarto apartado del libro, El objeto (a) mirada, subrayando la lectura de Las Meninas como un punto clave del libro: “lo interior es un complemento del exterior y lo exterior es una realización completa de lo interior. Esta tensión entre lo que se puede ver y lo que está oculto, permite organizar el espacio del cuadro en torno a un punto de vacío fundamental”.

Con la modernidad, dice Sánchez-Mármol, cambia no sólo la producción simbólica, sino la forma misma de mirar: el mundo deja de explicarse desde la palabra de Dios y busca otras vías, entre ellas, la ciencia. Retomando a Lacan, Foucault y Merleau-Ponty, sitúa la mirada como aquello que envuelve y desborda lo visible, abriendo una reflexión que no se limita a la clínica, sino que toca nuestra manera moderna de mirar y de habitar el mundo.

Para ella, la propuesta del libro es, en última instancia, una invitación a conocernos a nosotros mismos y a los otros a través de las modulaciones culturales que nos atraviesan: “Es por ello que esta original investigación es de gran utilidad no sólo para quien quiera aproximarse a un conocimiento clínico de la pulsión escópica, sino también para cualquier lector que quiera adentrarse en una dimensión más humana y solidaria de la mirada”.

De izquierda a derecha: Sergio Larriera y Blanca Samaniego

El hiato psicoanalítico: un viaje compartido

Julia Gutiérrez abrió la presentación de El hiato psicoanalítico. Leyendo el Seminario 19 de Jacques Lacan, de Blanca Samaniego, primer libro de la segunda colección, señalando las condiciones materiales que hicieron posible tanto esta obra como las demás presentadas: el Círculo Lacaniano James Joyce y el Taller de investigación Lengüajes, sostenido durante casi una quincena de años, cada mes de julio, en la sede de Madrid de la ELP. Es de ese trabajo colectivo de donde surge el libro, cuando Samaniego presenta, en una de esas sesiones de verano, el resultado de sus lecturas.

Desde la primera página, señaló, Samaniego explica por qué y cómo comenzó esta lectura: “por la curiosidad intelectual de saber para qué y cómo Jacques Lacan utilizó las matemáticas”. Procedente de otra disciplina y de otro lenguaje, apoyada en su formación en prehistoria y en la búsqueda de estructuras de sentido, la autora introduce el concepto de hiato, verdadero hallazgo del libro, entendido como la distancia irreductible entre significación y denotación y utilizado como estrategia de lectura.

Durante la presentación, Gutiérrez puso también en valor la forma del libro, que definió como un “cuaderno de viajes”, con notas, subrayados y colores. Un trabajo compartido, en este caso con Sergio Larriera, cuya interlocución deja huella en las “Notas a posteriori”, y que ofrece generosamente al lector: “Blanca se remanga y se zambulle y sale, contenta, a compartir con nosotros sus hallazgos”, dice Gutiérrez.

El libro presenta sus conclusiones en forma de apuntes y citas, junto con un anexo lógico-matemático concebido como una caja de herramientas para los lectores. Su lectura, insistió Gutiérrez, concierne tanto a la práctica clínica como al uso cotidiano de esa herramienta imposible que es el lenguaje: “Dice Blanca, en la página 35, que Lacan encuentra en el trabajo de Frege el rigor de querer llegar al fondo de la cuestión, y me parece que es también lo que ella hace al leer a Lacan”. Un gesto que, concluyó, “es de agradecer”, invitando a leer su obra por su carácter refrescante y su utilidad.

Escritura, cuerpo y final de análisis

La última presentación de la noche estuvo a cargo de Jesús Rubio, quien definió Luna Rota de Giz Pedre, heterónimo de Miguel Ángel Alonso, con una frase que condensó el espíritu del libro: Este libro en sí es un decir”.

Rubio describió la obra como un encuentro entre palabra y cuerpo, una poética del final de análisis donde el goce, el silencio y la insistencia de la letra se entrelazan, y dice: “Este es un libro de escritura, de poética, del poema que vino escrito y las torsiones que se hace de la materia lengüajera, un reducto de sentido, resonador de fonemas. Es un final de análisis. Y lo que se hizo y se puede hacer con lo inscrito, con lo imborrable, quizá…E incluso hacer con lo que no se sabe qué se hará. Lo que no cesa de no escribirse, parafraseando a Lacan. Se llega a la página en blanco, al bordear subjetivo, con sus rastros, sus fronteras, sus ríos y sus rieras”.

Al finalizar la presentación, luego de leer algunos fragmentos del libro, subrayó el carácter de homenaje a amigos, maestros, familia, que tiene el libro, deteniéndose en uno en particular que dejó para el final, intuyendo allí el acompañamiento recibido en esa experiencia tan singular llamada Análisis:

¿Quién te creó gallego trémulo?

Preguntó el que me dio el silencio.

Se lo arrancó a la voracidad de mi boca muda con la cesura de la

palabra serena. Me dijo que me marchase. Y me fui, vacío. Y no había

escrito nunca y comencé a escribir esa noche, todas las noches. A

escribirle. Me lo fue devolviendo de a poco. 

Siempre busqué palabras y sólo las encontré 

cuando me dieron silencio.”

De izquierda a derecha: Sergio Larriera, Blanca Samaniego, Miguel Ángel Alonso y Vanessa Larriera.

Las colecciones: un libro de familia

En el cierre, Sergio Larriera retomó la palabra para situar los libros como celebraciones de aprendizaje: “Los libros que hoy presentamos son, cada uno a su manera, una celebración. Celebran el haber aprendido a escuchar lo que nuestra lengua les ha dicho de ese psicoanálisis, el propio de nuestra lengua”.

Señaló el carácter íntimo de ambas colecciones, evocando el nudo afectivo que atraviesa la aventura editorial, y se detuvo especialmente en el primero, al que llamó “Libro de familia”. Un libro que funciona también como homenaje a la pasión de Marta Glasserman (el psicoanálisis) al cumplirse veinticinco años de su fallecimiento, y que marca la iniciación de ambas colecciones, vividas por Larriera como “la consumación, en su recorrido personal, de veinticinco años de aprendizaje en el seno de la ELP”.

También agradeció de manera especial el trabajo del Círculo Lacaniano James Joyce y el acompañamiento de Arena Libros, subrayando que nada de esto habría sido posible sin “el afecto, la tolerancia y la colaboración” de quienes sostuvieron el Taller a lo largo de los años.

El encuentro-conversación concluyó con las intervenciones de Vanesa Larriera, Blanca Samaniego y Miguel Ángel Alonso, los escribas, como le gusta llamarlos Alonso, encarnando el espíritu de la jornada: una comunidad reunida en torno al lenguaje, la escritura y el deseo de seguir elaborando nuevas formas de transmisión del psicoanálisis.

Paula Alvira

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